Cuando finalmente abrió los ojos, sintió por primera vez que todo el peso que cargaba había desaparecido, se sentía completamente liviana y tranquila. Giró a su alrededor, pero no encontró a Rion y más que preocuparle, aquello fue otro alivio inefable. Se estiró un poco antes de salir de su cama rumbo al baño para iniciar su día.
Tomó una ducha fría para despertarse por completo después de esa amena sensación de limpieza, salió de la regadera y observó su uniforme perfectamente planchado y colgado en un gancho detrás de la puerta. Eso la sobresaltó porque no había notado ese detalle y temía saber que Rion estaba involucrado en ello; incluso notó finalmente un par de gasas para que cambiara las que tenía puestas. Soltó un suspiro cansado y terminó de alistarse para bajar a la planta baja de su— nada modesto— apartamento, donde se encontró a esa cosa de espaldas cocinando algo que— muy a su pesar— olía increíblemente bien. Rion estaba tarareando una canción, que Egle estaba cantando en la ducha, recordando así que estaban sincronizados y otro escalofrío recorrió su espina dorsal.
-Buenos días, linda Egle— saludó dando la vuelta con un plato servido—. Te he preparado un desayuno rico y nutritivo.
-Eh… gracias, Rion, pero yo no acostumbro desayunar en mi casa— respondió Egle lo más cordial que pudo con una sonrisa incómoda.
-Lo sé— su mirada que simulaba calidez esa respuesta que solo afirmaba que sabía todo de ella, la incómodo aún más—, pero no es bueno para un sargento ir así nada más sin desayunar. Posiblemente el día de hoy sea pesado y el clima solo empeora la situación. Debes comer, Egle— pronunció su nombre lentamente, parecía una advertencia detrás de una sonrisa que pretendía ser amable.
-De acuerdo— se sintió presionada a responder y no tenía tiempo de discutir con un ser artificial—. Gracias por el desayuno— Rion asintió alegre y salió de la cocina, dejando a Egle un poco más tranquila.
Una vez terminó su desayuno y cepillo sus dientes, Egler estaba lista para irse cuando una vez más Rion apareció listo frente a ella para acompañarla en su día, mientras tomaba combustible en formato de jugo. Ambos salieron rumbo a la base militar donde Jenna, su compañera y sargento estaba esperando impaciente por su llegada. Por alguna razón, Egler no se sintió mucho más cómoda bajo la mirada de Jenna.
-Sargento Lohan— saludó firme Egler.
-Sargento Quinn— asintió Jenna—, ¿cómo sigue su herida, Quinn?
-Rion me ayudó con eso, Jenna— Jenna miró fijamente a Rion y asintió.
-De cualquier manera debe ir a que un médico la vea— insistió Jenna.
-Sí, Jenna— volvió a romper la formalidad y Jenna solo la vio agotada de seguir insistiendo.
-Lo digo en serio, Egle— le sonrió rápidamente, antes de ir a ver su itinerario.
Egle se sentó a revisar la bitácora que le había entregado el cabo que estaba a su cargo. Leía tan detenidamente aquellos papeles que el sonido de una taza sobre el escritorio la sorprendió; subió la vista hacía Rion, quien dejó un doble expreso sobre la mesa. Lo miró un par de segundos y solo asintió en agradecimiento antes de tomar el café y continuar con su trabajo.
-¿Necesitas algo más?— preguntó aquel asistente artificial.
-No, gracias… Rion— aquel nombre le daba un extraño sabor de boca—. Es todo, puedes… irte o quedarte por ahí sentado.
-¿Me permitirás explorar?— sonaba sorprendido por aquella respuesta.
-Bueno… solo si quieres, no necesito que estés sobre mí todo el tiempo— la verdad es que no le agradaba su presencia—. Si necesito algo te llamaré… ah, y no hagas ningún destrozo.
-Gracias, querida Egle— aquella seña de afecto le desagrado y se notó en el mohín que se formó en sus labios.
-Sí, adelante— le hizo una seña con la mano y Rion se fue a explorar el lugar.
Nuevamente el silencio le hizo compañía a Egle, pero estaba tan acostumbrada como cualquiera a ello; así que solo continuó bebiendo el café que le había traído Rion— que una vez más era la muestra palpable de que la conocía—. La sensación de que alguien la conociera así de bien era sarcásticamente risorio, ella no lo conocía en lo más mínimo; aunque qué tanto tendría que saber genuinamente de un artefacto artificial, cuyo único propósito era asistir a las personas.
Ahora que lo pensaba mejor, ni siquiera sus progenitores la conocían así de bien y eso lo notaba en las visitas bimestrales que solía hacer. Siempre le ofrecían pan con nueces a pesar de que era alérgica o le daban café azucarado a pesar de que ella lo detestaba. ¿Por qué acababa de comparar a un conjunto de memorias y cables con algo tan orgánico y carnal, que eran sus propios padres? No tenía sentido divagar en aquello, de cualquier manera la comodidad no existía con ninguna de las opciones.
Quinn decidió centrarse mejor en su trabajo antes de que esa cosa regresará a querer continuar con su fin de asistirla. No obstante— para su sorpresa y desgracia—, no fue directamente Rion o siquiera Jenna quien la fue a llamar; fue el teniente Ford quien llegó hasta su escritorio a darle una queja de Rion, como si fuera otro cabo bajo su mando, aunque así era de alguna manera.
-Quinn— la voz del teniente era firme y fuerte.