Conexión artificial

Capítulo II

Quinn se encontraba entrenando a el pequeño pelotón a su cargo, y mientras ellos estaban dando vueltas y trotando hasta casi desfallecer; Egle seguía perdida en su mente desde hace horas pues la última conversación con Rion la había dejado analizado su propia función dentro de la sociedad y cómo funcionaba ahora esta misma. Desde anoche Rion solo le hablaba apenas para saludarla y mantenía distancia fija con ella lo que la tenía aún más incómoda que antes, si es que eso tenía algún sentido. ¿Los sentimientos de algo no orgánico se podían herir?, ¿debía pedirle perdón a algo artificial?

Por amor a algún creador, ¿quién era siquiera ella para juzgar a Rion? Egle a estas alturas había incluso olvidado que existía humanidad en ella; después de vivir en una sociedad tan avanzada como frívola, ¿cómo es que pudo olvidar la empatía por el resto? Era una característica de su especie y aún así parecían carecer de ello. Ahora se sentía culpable por herir los sentimientos de algo que era una creación artificial, pero tenía más humanidad por reflejar que sus propios creadores.

-¡Sargento Quinn!— aquel soldado la sacó de sus pensamientos—. Hay otro disturbio en la quinta sección.

-¡Se acabó la práctica, señores!— dicho esto todos se fueron a su posición listos para ir hacía su misión del día.

Llegaron nuevamente a aquella privilegiada sección en donde residían los nombrados por la otra clase dives; no pasaban por lo que el resto de personas, pues eran parte de la gran esfera social y viviendo una realidad paradisíaca en la que no existía la lluvia ácida, problemas con el incremento de precios, contaminación, extinción de especies— ya que ni siquiera les importaba—, la falta de un techo sobre su cabeza, problemas climáticos, desigualdad social y muchos más etcéteras. Por ello, los egens, llamados así de manera burlesca por los dives, siempre protestaban por la radical desigualdad que había; sin embargo hasta ese momento Egle jamás se había cuestionado las órdenes que solía seguir y solo ahora comenzaba a entender las palabras de aquella manifestante que la llamó languidez, en efecto era una tibia por completo, carecía de convicción desde hace tiempo, era tan indiferente como se le había instruido a su alrededor; no obstante ya tenía veintiséis años qué sentido tenía seguir culpando a su entorno cuando ya poseía la conciencia necesaria para hacerse responsable de sí misma. Sí era tan frívola como el resto.

Una vez llegaron al lugar, volvieron a encontrarse con una manifestación, pero esta no era pacífica en lo absoluto. Estaban dolidos reclamando y dañando propiedades privadas de los dives, eso complicaba las cosas porque ahora fácilmente podrían utilizar la violencia en su contra. Además sabía de sobra que sus soldados la ejercerán porque bajo esas reglas fueron instruidos siempre, pretendiendo defender por igual, pero la verdad era que solamente se defendía a aquellos que tenían “el sartén por el mango”, solo aquellos que podían pagar jugozamaente por su seguridad; aunque n o sea justo así funcionaba.

-No utilicen la fuerza a menos que se vean obligados bajo defensa propia— observó a un par de soldados rechistar por ello—. Solo mantengan todo bajo control.

-Sí, Sargento— dicho esto al unísono se dispersaron listos para tranquilizar a los manifestantes.

-Egle— aquella voz que cada vez parecía más humana la detuvo.

-¿Qué ocurre, Rion?— se giró a mirarlo, pero esta vez no a la defensiva.

-Solo están exigiendo justicia— otra vez aquella mirada emocional y humana en sus ojos—. Han sido muy injustos con ellos.

-Lo sé— aquella máscara frívola comenzaba a resquebrajarse—. No hay mucho que pueda hacer, a excepción de sacarlos a salvo de aquí.

-Qué visión tan limitada tienen los tuyos, Egle— aquella mirada parecía decepcionada ante la respuesta de Egle—. ¿Has sentido alguna vez empatía?

Egle se quedó muda y no supo qué responder, pues se dio cuenta que ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que sintió empatía, la última vez que sintió una conexión real, la última vez que se sintió humana. ¿Perdió su humanidad? La idea le daba vueltas e incluso náuseas al intentar recordar, se sentía expuesta y acorralada a una realidad que constantemente intentaba ignorar. Entonces volvió a ocurrir algo impensable para ella, aquellas emociones que hace años se obligó a reprimir y no solo por su profesión si no porque era incómodo para ella y el entorno… volvió a sentir unas cálidas lágrimas resbalar por sus mejillas. Estaba expuesta ante Rion y eso le molestaba, pero a diferencia de sus iguales Rion no la miró con juicio o compasión, se mantuvo cálido y firme; una red en que apoyarse.

-No lo sé— su voz se quebró, pero Rion no se acercó porque la conocía y sabía que eso la pondría a la defensiva—. Ya no sé si soy yo siquiera humana… ¿qué merezco siquiera después de darme cuenta de lo inhumana que soy?

-Tal vez nada— esa afirmación le dolió—. Lo que sí es que puedes cambiar y hacer algo al respecto, Egle…

-¿Qué?

-Haz lo correcto…— la miró fijamente y aquella incomodidad que los solía rodear desapareció— lo que a ti te parece correcto.

-¿A mí?— Rion asintió como respuesta—. Yo no creo que pueda…

-Eso es lo que te detiene—le señaló—. El creerte incapaz de hacer lo correcto, de volver a abrazar tu humanidad… estoy conectado a ti y por eso sé de lo eres capaz, Egle. Eres un fuerte soldado, una mujer aguerrida y… completamente humana.




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