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Ooh, don't you find it strange?
Only thing we share is one last name
Did I beat you at your own game?
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Rion observaba tranquilamente el paisaje que carecía de vida y era artificialmente ilumiada por luces neón. Miró de reojo al asiento trasero donde estaba Egle dormida debido al cansancio de su interminable rutina diaria como militar, por ello había decidido dormir un poco antes de llegar a su destino. Checaba constantemente que todo bajo el mando de Louis— el comando artificial del vehículo—, estuviese manejando correctamente, aunque sabia de sobra que siempre realizaba un excelente trabajo a sus usuarios.
De pronto, notó que el paisaje comenzó a cambiar y el aire dejó de pesar; estaban llegando a la octava sección que era su destino. No era tan avanzada y ostentosa como la quinta sección que últimamente sufría de disturbios; sin embargo, existía una palpable diferencia al resto de la ciudad, después de todo era la última sección numerada y medianamente avanzada y cuidada. Rion observaba aquellas plantas artificiales que expedían un olor casi natural; además de simular imperfecciones, asimetrías y lo marchito, incluso tenían una luz que simulaba los rayos del sol y su calor abrasador de manera perfecta; era aterradoramente realista si es que así podía llamarla.
-Egle— susurró con cuidado, una vez que bajó y abrió la puerta del pasajero—, hemos llegado.
-¿Qué?— murmuró Egle abriendo los ojos de forma perezosa y con voz ronca—, ¿tan pronto?
-Me temo que sí— se reflejó una media sonrisa en Rion que Egle no divisó por tallarse los ojos rápidamente—. ¿Lista?— le extendió gentilmente su mano y Egle la aceptó sin rechistar.
En cuestión de días Egle se comenzó a acostumbrar al contacto físico con Rion y dejó de darle ese extraño repelús. Ahora sentía que era normal y cálido el toque de Rion, mientras que él por su parte estaba cómodo y feliz de poder mantener un contacto físico con su usuario sin incomodarla.
Una vez bajaron del vehículo se giraron a observar la modesta vivienda frente a ellos. Se trataba de una bella residencia de tres pisos con varias comodidades para sus habitantes. Al acercarse una mujer de baja estatura y cansada —por la edad y trabajo pesado—, les recibió con una sonrisa profesional. Se inclinó con cortesía hacía Egle y le dedicó aquella sonrisa familiar y nostálgica.
-Tiempo sin verla, señorita Quinn— su voz denotaba afecto.
-Buen día, Denisse— saludó cortés—, ¿están… mis padres?
-Por el momento solo está la señora, aunque sigue en clases de yoga. El señor está en una reunión y vendrá un poco más tarde.
-De acuerdo— entraron a la casa elegante y limpia, pero carente de vida.
Egle tomó asiento en el—muy acojinado— sofá color crema y palmeó suavemente el cojín a su lado derecho como señal a Rion para que se sentará. Él la miró de reojo con timidez y no muy convencido así que ella siguió palmeando el sofá, y susurrándole “puedes sentarte”; no obstante, Rion hizo caso omiso y negaba con la cabeza avergonzando.
-Siéntate aquí, Rion— aquella fue una orden, esa voz de comando que utilizaba con su pelotón y al que sabía que una inteligencia artificial como Rion no podría negarse—. Ahora— añadió cuando lo vio dubitativo.
Rion se movió de manera completamente mecánica y robótica hasta el sofá, y a pesar de ser un ser mecánico aquel movimiento fue rígido para una herramienta tecnológica tan avanzada y de semejante calibre. Se dejó caer, mientras esperaban a que llegará la señora Quinn de su clase de Yoga, o más bien se que finalizará.
Al sentirse tan incómodo y fuera de lugar— en parte porque estaba directamente vinculado a Egle y por otra parte, que desconocía, esa ostentosa casa lo intimidaba—; su vista comenzó a divagar por el lugar lleno de piezas y cuadros pintorescos, pero sin retratos que le dieran alguna calidez genuina. Lo único que existía de la familia Quinn era un retrato enorme de los padres junto a su hija; aunque la distancia emocional era palpable a través de la fotografía ahí colgada en el centro del muro. Se notaba que la cabeza de familia estaba ausente en su cabeza y solo estaba esperando a que la sesión fotográfica acabara para huir de ahí; mientras que la señora también denotaba una ausencia aunque más amarga y una mirada vacía que sostenía una sonrisa profesional para las cámaras.
En cuanto a Egle, estaba al centro de la fotografía, parecía tener alrededor de unos doce años en aquella foto, pero su sonrisa estaba dudosa; sin embarazo en sus ojos existía una emoción firme… la cólera de tener que estar ahí. Quizás disconforme de aquellas apariencias de las que tenía que sostener ante el mundo.
-¿Qué edad tenías?— aquello fue más por conversación que porque desconociera la respuesta. Sabía que al estar vinculados sabría TODO de ella, pero no quería recurrir a esa invasión de su privacidad, no ahora que Egle comenzaba a estar cómoda—. Te ves muy… molesta.
-Tenía trece años y…— hizo un mohín con los labios, mientras pensaba en qué responder— sí, estaba molesta porque quería salir con mis amigas, pero no me dejaron por esa estúpida sesión de fotos— masculló con rencor.
-¿Así que eras una adolescente molesta por no salir con tus amigas?— Rion sabía que aquello era una verdad a medias, pero no diría nada al respecto.