Durante la semana todo se volvió una cuidadosa rutina a perspectiva de la mayoría que conocía a Jayce.
Ahora lo veían despertar temprano para arreglarse, desayunar incluso antes que sus hermanos y partir hasta la preparatoria, contestando mensajes en el móvil. Para la hora de entrada a clases, sus compañeros y miembros del equipo de rugby lo veían entrar con Marisa y Antonio, en silencio, como si hubieran discutido o algo por el estilo. Jayce tenía esa misma expresión con el ceño duro, mientras que su amigo estaba con un rostro preocupado y la chica con una cara confiada.
Para la salida, los tres se despedían y el jugador extra se iba directo a los vestidores, quitándose la ropa que traía encima, revelado que debajo tenía el uniforme de deporte, por lo que no era necesario cambiarse del todo, sólo los zapatos. Con eso, cuando los demás apenas iban entrando, él ya estaba terminando de ponerse el calzado, saludaba sin verles la cara a los otros y salía a correr como siempre se lo indicaba el entrenador.
Una vez acabado el entrenamiento, Jayce recogía el material, mientras los demás se duchaban o sólo se arreglaban para irse, a excepción del último día, en el cual el capitán del equipo se acercó a él, detenido por el entrenador, mismo que le puso sólo una mano en el hombro para evitar que siguiera avanzando.
—¡Olvídalo! Es mejor así —explicó aquel al joven líder, lo que le hizo bajar la mirada, frustrado, y apretar los puños.
—Ya me cansé de fingir, couch.
—Mañana es el juego. Si ganamos, agradécele y habla con él. No lo arruines antes —sentenció el adulto, lo que hizo pensar al muchacho sobre esto, observado de vuelta cómo Jayce recogía en soledad los conos del suelo, lento y paciente. Al final, el capitán decidió irse.
Gracias a esto, Jayce aceleró su salida y notó que fuera de su escuela se encontraba el auto de su padre, con el adulto conduciéndolo y esperando a que saliera el menor de la escuela.
—¿Vas a subir o no? —preguntó el sonriente padre al bajar el vidrio de la ventana del copiloto, feliz el chico por esto y entrando al vehículo, dándole un fuerte abrazo a su progenitor luego de cerrar la puerta detrás.
—¿Mamá te dijo?
—Así es. Está muy contenta de ver que hayas regresado al rugby. Al fin y al cabo, a ti siempre te gustó mucho jugar. —Esas palabras le borraron la sonrisa al muchacho, puesta su mirada sobre la ventana que tenía de su lado, a la par que su padre conducía. —Lo siento, hijo. Sé que es un tema complicado para ti, pero pensé que ya habías pasado de eso cuando me dijeron que estabas jugando de nuevo.
—Es sólo por un juego —anunció Jayce al regresar la mirada al frente, triste—. Es para que me dejen de molestar. —El padre apretó el entrecejo. Se notaba molesto por esa noticia.
—¿Quién te molesta, Jayce? —dijo con una voz dura y seria.
—No es lo que piensas. Carlos me estuvo insistiendo en unirme al equipo para ayudarlos contra la preparatoria X. Si ganan ésta, irán contra la G otra vez —explicó el joven, lo que tranquilizó al adulto.
—La G no es la preparatoria que les ganaron luego de que saliste.
—La misma. Supongo quieren probar que esta vez sí pueden sin mí —teorizó el chico, notada la sonrisa de su padre al saber eso.
—¿Tú qué quieres?
—Que acabe esta tortura para volver a tener mi vida normal otra vez.
—¿En serio? ¿No te emociona ser la razón de las victorias del equipo? ¿No te gustaría que tu nombre se quedará en un bonito trofeo en el bachillerato? —Las preguntas molestaron al joven, quien deseaba responder de manera grosera, pero le tenía mucho respeto y amor a su padre, por lo que se tranquilizó y respondió.
—No, no es lo que quiero. Sé que suena a algo que cualquiera anhela, pero no es mi caso. Lo siento si es algo que te gustaría que hiciera, pero yo…
—Ya haces suficiente, Jayce —explicó el padre al suspirar, resignado—. Es sólo que me deja tranquilo ver que te enrolas en cosas sanas. No sé por qué abandonaste el equipo. Hemos respetado tu privacidad desde que sucedió, por eso no puedo entenderte del todo. Lo que sí entiendo es que estás decidido y admiro eso de ti. Mientras no te metas en problemas, me tendrás satisfecho. —Eso último dejó pensando mucho a Jayce. Si bien su padre fue claro, parecía que le había dejado un mensaje oculto.
La noche familiar, a diferencia de otras ocasiones, fue bastante tranquila. Los hermanos de Jayce se portaron bien con él y todos vieron películas juntos antes de ir a la cama, conviviendo como lo habían hecho desde que el más joven era niño.
Aquel recordaba cómo todo antes era así: sus hermanos adolescentes y despreocupados, sus padres más unidos que nunca y pasando más tiempo en la casa con ellos. La felicidad se respiraba en el aire y era memorias aquellas las que el muchacho conservaba con mucho amor. Ahora, todo es una versión más gris de ello. Si bien todo estaba en aparente paz, sólo lo era por breves momentos, en los fines de semana, y no todos ellos. Sólo cuando todos estaban en la mejor disposición de estar bien.
Al acabar, cada uno subió a su habitación. Por parte del más joven, luego de ducharse, comenzó a mandar mensajes a Hendrik, pues le había respondido algunos en el lapso donde tuvo su convivencia familiar.
—Lamento no haber respondido antes. Estábamos viendo películas todos en casa. Es algo que siempre hacemos los fines de semana —contestó Jayce, respondido al minuto.
—¡Wow! ¡Qué lindo que tu familia tenga esos rituales! ¿Qué película vieron?
—Siniestro. Está interesante. —En eso, el chico decidió hacer una pregunta un tanto personal, pues sentía que Hendrik, al ser mayor, podría guiarle mejor que sus otros amigos—. Oye, quiero un consejo.
—¡Claro! ¿Qué pasó? —envió de inmediato Hendrik, lo que sorprendió al menor.
—Hoy papá me comentó que estaba feliz de saber que estaba volviendo al rugby. Cuando le dije que era algo temporal, pareció ponerse triste. Me aclaró que no deseaba forzarme a hacer nada, pero que le haría sentir más tranquilo si volvía a algo que me hace bien. Algo que me gusta. ¿Debería tratar de volver al rugby, aunque me sienta ahora un poco incomodo? —explicó en el mensaje el joven, esperando por una respuesta que pareció tardar. Como si Hendrik se pensará bien en qué decir.
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Editado: 13.10.2026