ConfesiÓn De Amor

Capítulo 1: Mariposas inesperadas

Nunca pensé que mi vida pudiera cambiar en un instante, con una sola mirada. Pero ahí estaba yo, descubriendo lo que se siente cuando el estómago se convierte en un nido de mariposas, cuando el aire se vuelve más denso y las palabras parecen perder sentido.

Todo empezó una tarde cualquiera en la casa de Ezequiel. Él siempre fue mi hermano de corazón, mi cómplice en tantas aventuras desde que éramos niños. Conocía cada rincón de su vida… o al menos eso creía. Jamás había escuchado mencionar el nombre de Alexander García, y sin embargo, apareció frente a mí como si el destino hubiese decidido darme un golpe directo en el pecho.

—Te presento a Alex —dijo Ezequiel, con esa sonrisa despreocupada que siempre lleva en el rostro.

Lo vi. Alto, con una mirada que parecía atravesar silencios, con ese aire seguro que desarma sin esfuerzo. Sentí el calor subir por mis mejillas y quise culpar a la casualidad, a lo inesperado del momento… pero la verdad es que mi corazón ya había decidido por mí.

—Encantada —alcancé a decir, con una voz que me sonó más temblorosa de lo que hubiera querido.

Alexander me devolvió una sonrisa breve, casi enigmática. Y en ese instante, lo supe: estaba perdida. Porque algo en mí reconoció que no iba a poder ignorarlo, aunque todo indicara que debía hacerlo.

¿Es raro enamorarse de alguien que recién conocés? Sí. ¿Es un problema que ese alguien sea el mejor amigo de tu “hermano del alma”? Mucho más. Pero, ¿qué se puede hacer cuando el corazón no entiende de lógica? Nada. Absolutamente nada.

Y ahí, entre la risa de Ezequiel y la calma de una tarde cualquiera, empezó mi propio desastre hermoso.




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