ConfesiÓn De Amor

Capítulo 2: El peso del secreto

Desde esa primera tarde, Alexander se instaló en mi mente como una melodía imposible de callar. No importaba lo que hiciera, su rostro aparecía entre mis pensamientos: cuando estudiaba, cuando caminaba por la calle, incluso cuando intentaba dormir. Era como si cada recuerdo suyo se hubiera tatuado en mí con fuego.

Pero junto a la emoción, también apareció el miedo. Porque había un detalle imposible de ignorar: Alexander no era un desconocido cualquiera, era el mejor amigo de Ezequiel. Y yo… yo no podía permitirme arruinar años de complicidad y confianza por un capricho del corazón.

Ezequiel no sospechaba nada. Al contrario, estaba feliz de volver a compartir tiempo con su viejo amigo. Yo fingía normalidad, sonreía y charlaba como siempre, pero por dentro todo era un caos. Cada vez que Alexander hablaba, yo contenía la respiración; cada vez que reía, sentía que algo dentro de mí se encendía. Y cada vez que me miraba, aunque fuera de manera casual, tenía que apartar la vista para que nadie notara lo que en realidad estaba pasando.

Una noche, en la cocina de la casa de Eze, me encontré a solas con él. Alexander estaba sirviéndose un vaso de agua. Nada extraordinario, nada que debiera significar demasiado… pero para mí lo fue todo.

—¿Siempre sos tan callada? —preguntó, mirándome con una mezcla de curiosidad y juego.

Me quedé helada. ¿Era una simple observación o estaba intentando acercarse? Forcé una sonrisa.

—Depende… —contesté, intentando sonar segura—. A veces hablar de más no es tan buena idea.

Él arqueó una ceja, divertido.

—Me parece que tenés más cosas para decir de las que dejás ver.

Y ahí estaba, otra vez, ese torbellino interno. Esa sensación de que, si me descuidaba un solo segundo, la verdad iba a salir a la superficie. Pero no podía. No debía.

Cuando Ezequiel entró a la cocina y cortó la tensión sin siquiera darse cuenta, yo respiré aliviada. Había esquivado un peligro invisible, pero sabía que no iba a ser la última vez.

Guardarme este secreto empezaba a sentirse como cargar un peso demasiado grande. Y, sin embargo, no podía renunciar a esas mariposas, aunque dolieran, aunque fueran un riesgo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.