El día que cambió todo comenzó como cualquier otro.
Soy una mujer cuya rutina siempre fue la misma desde que era estudiante, levantarme a la misma hora sin despertador, lavarme la cara, maquillarme, cambiarme de ropa y preparar mi desayuno. Salir y caminar a la parada del camión, ver caras conocidas o saludarles a los conocidos de diario... todo era normal y funcionaba bien.
Ese día era viernes, no salió nada de lo habitual, trabajos, clientes, comer cacahuetes, más clientes y entregarle la tienda al siguiente empleado. Solo se sentía diferente, como si algo fuera a pasar y no pudiera hacer nada para evitarlo.
El sábado por la mañana, mi mamá me levanto a las siete de la mañana. No pasaba nada de vida o muerte, solo se enojo con mi papa y fue a desquitarse conmigo. No había despertado completamente pero sus palabras sonaron más fuerte de lo que eran "no ayudas en nada. me decepcionaste desde que elegiste una carrera sin futuro. Tus planes los dejaste atrás por un lugar mediocre del que siempre te quejas y aún así, tienes el descaro de decir que estás cansada cuando tu trabajo solo es atender clientes, yo soy la que está cansada de lidiar con todo estos problemas pero tú no te mueves, tu escuela fue cara incluso deberías agradecerme que intercedi por ti para que tu padre pagará porque él quería que te pusieras a trabajar, me decepcionaste desde el momento en qué no lograste ser la mejor y te confirmaste con una vida común y sin futuro"
Fueron minutos en los que pensé porque decidí decidirme a algo que me gustaba y no a una carrera sobreexplotado con el mismo destino, quería saber si valía la pena tener que soportar los malos tratos de los clientes por acciones que no siquiera estaban bajo mi control y aunque no fuera relevante, el poco dinero que tenía en mi cartera era el reflejo de lo que tenía que recordarle a mi jefe o sino, no me pagaba.
En algún momento llore.
Yo tampoco quería esta vida, necesitaba la experiencia si quería cambiar de trabajo.
Obviamente esto no es para conmover un corazón pero en ese momento, sus palabras solo dejaron salir la maldad que tenía en ella. No me importa la mala situación de su matrimonio, ni antes ni ahora fue mi problema, yo no estoy casada con ellos pero sí sabía que tenía muchas frustraciones en cuanto a lo que estaba haciendo con mi vida o lo que medianamente podía hacer con ella. Que me despertara solo para quejarse no era más que otra manera de arruinar el día a alguien que no tenía relación con el problema.
Eso pasó hace ocho años y lo que sucedió después, fue como si cavara mi propia tumba. Una muerte lenta y dolorosa.
La semana que regresé a trabajar, deje de poner atención en mi entorno, cualquier llamada de atención me ponía ansiosa, los reclamos me hacían un nudo en la garganta y la rutina que tan bien me funcionaba, era un fracaso. Ya no quería levantarme de la cama, ya no me maquillaba, me ponía a discutir con los clientes y los trabajos más simples no podía realizarlos. Me parecía algo tan complejo que tenía miedo de hacerlo mal. Las discusiones en casa continuaban, todos me decían qué hacer. Decidí dejar de ver las series que disfrutaba, cerré todos los libros que leía y los amados dibujos que estaba haciendo quedaron guardados lejos de mi vista hasta que el color de las hojas cambió. Todos notaron que cambie, las cosas que me llamaban la atención solo comencé a ignorarlas, deje de hablar como querían y al final, yo era grosera por no entender que lugar me correspondía.
La pregunta que me acosaba cada día era ¿esto está bien?
Viví un año así, temiendo equivocarme, Esperé las gracias por mi trabajo pero era difícil que alguien agradecería algo sin reclamar por otra cosa. Deje de comer, solo miraba el celular sin saber lo que estaba mirando, los días pasaban, quería irme lejos, quería que el dolor físico me distrajera pero no me atreví a lastimarme de nuevo. Esperaba el final cada día y al mismo tiempo buscaba como amanecer al día siguiente.
Cuando renuncie a ese trabajo, solo disfruté de la libertad medio año porque no merecía más. Un empleo remunerado con horario decente, lejos de casa para mi tranquilidad pero para otros fue como si me soltara de la correa que hay alrededor de mi cuello y no había más opción que apretarla para evitar que escapara.
Seis meses de comodidad terminaron y regresé.
En casa, sin trabajo ni actividades extra, solo sentía que mi vida ocupaba un lugar que ya no le correspondía. Mi trabajo habitual quedó en pausa, todo me hacía sentir incómoda y lo único que podía pensar era estar lejos de todos. Mi memoria se volvió un caos y solo me di cuenta en meses posteriores. La forma fue tan tonta que me quedo pensando en todo lo que viví y no puedo recordar nada de ello. Trabaje en casa, ellos me decían cómo trabajar, cómo cobrar, que hacer y qué no hacer. Parecía fácil de lidiar pero nada que ver, no me gusta que me manden, no me gustan las órdenes y aún así, rebelarme era como echar todo por la ventana por la vida insatisfactoria que llevaba. No tenía más opción que aceptar que bajo su techo, sus reglas.
Esos días, se convirtieron en meses y después en años. Mi madre me decía que necesitaba que yo trabajará para saldar una deuda. Nunca entendí sus palabras, yo no me había endeudado con nada. No tenía tarjetas de créditos, no pido dinero prestado pero tenía una deuda enorme que debería comenzar a pagar. Cómo si eso no fuera suficiente, se burlaron de mi imagen corporal, me prohibieron comer más de la cuenta si no iba a aportar dinero para la despensa, ni siquiera podía contar con ellos cuando me enfermara.