Confesiones de una cazadora

Capítulo 2.

A la mañana siguiente Injae se despertó muy temprano porque olvidó cambiar el lugar del horario en su móvil y su alarma sonó con la hora en que despertó el día anterior, pero con el horario de Virginia.

Se levantó a ver por la ventana que dejó abierta antes de dormir. Por la hora vio a tiempo la salida del sol que comenzó a iluminar su habitación, así como el sonido del canto de los pájaros que entraba por la ventana.

—Sí es tranquilo —murmuró.

Cerró sus ojos para respirar tranquila pero su tranquilidad se interrumpió cuando escuchó un portazo en el granero de sus tíos, abrió de golpe sus ojos y frunció el ceño cuando vio a un chico apiñonado de cabello negro que usaba una camisa de cuadros.

—¿Qué diablos…?

Injae bajó apurada y salió de su casa en pijama hasta donde estaba el chico por el granero.

—Disculpa… ¿Quién eres tú? —Reclamó molesta.

El chico volteó a verla extrañado y frunció el ceño al no reconocerla.

—¿No crees que está muy fresco para salir así?

La chica se cohibió cuando recordó lo que estaba usando frente a un desconocido.

—¿Por qué no vuelves a dormir? Parece que eso hacías —expresó jocoso.

—Hasta que me desperté con ese portazo que diste —alegó mintiendo—, que por cierto, ¿por qué estás aquí? Es propiedad privada.

—Lo mismo digo, no recuerdo haberte visto antes por aquí.

—Me mudé con mi tía…¿y por qué te digo esto? —Torció la boca y desvío la vista.

El chico se rio echando su cabeza hacia atrás.

—No sabía que la señora Verónica tuviera una sobrina tan…especial —vaciló—. Soy Dylan y trabajo aquí por orden de tu tía, me encargo de algunas cosas del granero. ¿Contenta?

Dylan extendió su mano para saludarla.

—Aquí es donde me dices tu nombre y estrechamos nuestras manos.

La chica resopló y con recelo extendió su mano para aceptar el apretón.

—¿Vas a decirme tu nombre o deberé adivinar?

—Gracioso —dijo seria—. Soy Injae.

—Mejor. —Sonrió pícaro—. Déjame adivinar, seguro creíste que era un ladrón o algo así, ¿no?

Injae bajó el rostro sintiéndose atrapada.

—No sabía que alguien trabajaba en el granero… ¿no deberías estar en clases o es que no asistes?

—Las clases inician el próximo lunes. Y descuida no le diré a nadie que me trataste como un delincuente.

—Ya, ya, lo siento. —Frunció sus labios y se cruzó de brazos—. La próxima vez no des un portazo así a las puertas…se pueden aflojar las bisagras.

Dylan sonrió de lado y luego relamió sutilmente su labio inferior por la esquina.

—Gracias, lo tendré en mente. Ahora deberías entrar o vas resfriarte.

La castaña hizo caso y volvió a la casa, como no tenía sueño se dio un baño y se vistió rápido. Bajó e hizo el desayuno para ella y su tía porque su tío Patrick ya había salido temprano para trabajar.

—Mmm huele rico —comentó Verónica oliendo desde las escaleras—. Despertaste temprano, ¿todo bien?

Injae asintió sin hablar. Sirvió los huevos revueltos sobre los platos de cristal y después hizo lo mismo con el jugo de naranja.

—No sabía que había un granero y que alguien trabajara en él…

—Siempre quise vivir en un rancho y aunque no es muy grande creo que es suficiente para una pequeña familia, ¿no?

Probó la comida y le hizo una seña con su pulgar denotando su aprobación ante lo que cocinó.

—Disculpa por no haber mencionado a Dylan, lo contratamos para que nos ayude en algunas cosas ya que Patrick está casi todo el día fuera y yo sola no podía…

—Ahora estoy yo y te ayudaré. —Sonrió y la tomó de las manos—. Aunque debo aprender cómo.

—En ese caso Dylan podría decirte mejor, él vive en el rancho de al lado con su abuelo Gerard Gastrell.

Injae frunció la boca sin estar de muy de acuerdo, pero no objetó nada y siguió comiendo con la mirada en el tenedor hasta que alguien tocó a la puerta.

Verónica fue a abrir.

—Buenos días, señora... —Llevó su vista al desayunador—. Disculpe no quise interrumpir su desayuno, volveré más tarde.

—Está bien, Dylan. Pasa y desayuna con nosotras —dijo amable—, así sirve para que conozcas a mi sobrina…Injae.

—Ya nos conocimos de hecho —expresó pícaro Dylan.

Injae soltó el tenedor sorprendida.

— ¿En serio? No me dijiste cuando lo mencionaste…

—Ah, sí. —Aclaró su garganta—. Lo vi por la ventana y…

—Creyó que era un ladrón mañanero —bromeó sonriendo jocoso—, pero ya quedó aclarado, ¿verdad?

La chica asintió con algo de nervios en su semblante.

—Entonces desayuna con nosotras, Injae preparó el desayuno.

Dylan mantuvo sus ojos ámbar puestos en la castaña que se cohibió con su presencia. El chico entró con pena y se sentó junto a la chica que le acercó un plato.

Más tarde Injae estaba en su cuarto cuando recibió la llamada de Melissa.

— ¿Qué tal es todo por allá?

—Cálido…muy cálido —bromeó a medias—. El lugar es lindo y muy tranquilo, mis tíos han sido muy buenos y Dylan…

— ¿Quién es Dylan? —Preguntó pícara—. ¿Ya tienes un pretendiente?

—Claro que no, Mel —alegó ofendida—. Es un chico que vive a lado y ayuda a mis tíos con cosas del granero.

Se asomó por la ventana escondiéndose tras la cortina para no ser atrapada espiando al chico.

—Parece ser…decente.

— ¿Decente? Extraña forma para decir que te pareció lindo.

—Mi padre murió hace unos días, no quiero y no puedo pensar en chicos, Melissa… —afirmó cabizbaja.

—Injae… —Expresó con pesar—. No estoy ahí, pero ojalá pudiera para abrazarte, hacer algo para que te sientas mejor y decirte que pronto todo pasará…pero sé que nada de lo que diga lo hará y lo siento mucho.

—Está bien Mel, gracias por esforzarte. —Suspiró—. ¿Está bien si hablamos luego? Quiero caminar un rato.




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