Confesiones de una cazadora

Capítulo 10. [Canción]

[Recomiendo oír "Somewhere only we know" de Keane]

 

—No puedo creer que hayas usado una runa en el caballo de Injae —protestó Dylan—. ¿Por qué lo hiciste?

Dylan fue a buscar a Injae a las gradas que se colocaron para llevar a cabo una obra infantil por parte de la primaria. Llevaba consigo unas cervezas de raíz.

—No lo entenderías, aunque te lo explicara —alegó desinteresado—. Te pedí que te acercaras a ella para que yo llegara a ella, pero en su lugar te enamoraste de mi objetivo y tratas de apartarla de mí.

—Trato de protegerla…pero supongo que es lo mismo, ¿no?

Injae lo miró acercarse y le sonrió desganada.

—Creí que querrías beber algo. —Le extendió la bebida—. ¿Todo bien?

— ¿A qué te refieres exactamente?

—La competencia no te importaba mucho así que no creo que estes así por el puesto —comentó arqueando una ceja—, pero sé que algo pasó mientras estabas en ella, ¿no?

La chica bajó la cabeza apretando sus labios, cuando la elevó de nuevo se mantuvo inexpresiva mordiendo el interior de sus mejillas hasta que volteó a verlo.

—Yo vi algo —dijo desconcertada—, era como si cabalgara en otro lugar…

Sus propias palabras no tenían sentido para ella y eso solo la confundió más.

—Era como si…estuviese viendo a través de los ojos de alguien más, pero… —Frunció sus labios y vio hacia enfrente—. No solo veía, también sentía. Había rabia, angustia, tristeza y dolor…mucho dolor, pero no eran míos.

Dylan resopló y negó un par de veces en desacuerdo con lo que había pasado.

— ¿Tú sabes algo? —Preguntó angustiada—. Vi que discutías con tu abuelo y señalaban hacia donde estaba.

—Puso una runa en el caballo que montaste, por eso te lo dieron especialmente a ti —confesó exasperado—. No sé qué hace la runa exactamente, pero lo que viste seguro se debió a ella.

— ¿Runa? ¿Se supone que debo saber que significa? —Preguntó irónica—. Sé que no eres un cazador oficial, pero vienes de una familia que sí…tu abuelo es un líder incluso, es claro que sabes algo, pero yo no. La única persona que me dijo lo que se supone que soy fue la que me secuestro para casi matarme en venganza a mi exnovio lobo, es él por el que mi hermana tuvo que morir y seguramente el mismo por el que mi padre ahora está muerto —confesó triste—. Estoy sola y no hay nadie que me diga quien soy, aunque la verdad no sé si quiera saberlo.

Dylan bajó su cabeza avergonzado por haberla hecho sentir mal respecto al tema. Se sentó junto a ella y soltó un suspiro.

—Creo que mi abuelo quiso probarle algo al señor Marshall, para eso la runa…te quiere sí o sí en su grupo.

Injae apretó su mandíbula mientras irradiaba furia de sus ojos.

—Dile a tu maldito abuelo que olvide su estúpida idea de incluirme en su grupo de cazadorcitos porque jamás voy a aceptar —afirmó tajante—. Vine aquí porque no quería involucrarme más en asuntos sobrenaturales o con Arkain…

— ¿Arkain? ¿Cómo el vampiro ancestral más sanguinario, cruel y vengativo? ¿Uno de los más poderosos e influyentes entre los sobrenaturales?

—Sí, el mismo hijo de perra que enterró mis propias flechas sobre mis hombros y piernas cuando me dijo que era no sé qué de una tal Farah.

—Tu historia con los sobrenaturales es todavía más grande de lo que creí —comentó sorprendido.

—Solo quiero una vida normal, ¿es mucho pedir?

—La vida “normal” es solo para personas “normales” y “comunes”, y lo siento mucho, pero tú no eres ninguna de esas dos cosas…lo quieras o no vas a encontrarte con algo de esto siempre.

Los ojos de Injae se cristalizaron y su nariz se puso roja, señales de que seguramente el sentimiento estaba ganándole y querría llorar.

—Solo sácame de este lugar, ¿puedes? —Masculló con la voz cortada.

Dylan asintió y se paró primero, le extendió su mano para que la tomase y se fueron del evento para caminar por el campo.

Mientras tanto Gerard se fue a la tarima del concurso para entregarle su premio al señor Marshall. Cuando bajaron se dirigieron al estudio de Gerard en su casa.

— ¿Lo notaste? A puesto a que sigues sin creerlo. —Se burló el canoso.

—Y la quiero en mi grupo —admitió Marshall confiado—. Es la reencarnación de la cazadora original y su doppelgänger, ¿sabes lo que eso significa? ¡Los Redentors van a temerle! ¡Creerán que es obra divina!

—No solo los Redentors, cualquier sobrenatural que sepa de ella.

Gerard se inclinó en su silla para acercarse al hombre.

—Pero no puedes llevártela, esa chica será mi cazadora —afirmó decidido—. No sé si sea obra divina o alguna mierda de esas, pero no creo en casualidades.

—¿Ella sabe lo que es? Viene de una larga línea de cazadores, los Venator o Venatore como Farah, da igual la etimología del apellido. ¿Lo sabe?

—Sé que sabe algo, pero no creo que sepa toda la historia.

Dio una fumada al puro y se giró en su silla hacia la ventana de dónde venía el sol.

—Todos a su alrededor saben lo que ella no quiere, pero en algún momento ella querrá buscar respuestas…lo sé.

— ¿Cómo estás tan seguro?

—Tiene motivos para hacerlo, aunque trate de enterrarlos debajo del árbol más alto de Petaluma.

El señor Marshall soltó un carcajada burlona y después un suspiro sin quitarle la vista al respaldo del asiento donde estaba Gerard.

—Cuando hablas así…puedo sentir algo de escalofrío. ¿Siempre fuiste tan críptico? ¿O es cosa de la edad? —Expresó con burla.

— ¿Por qué no vas y disfrutas el resto del festival?

La pregunta del anciano fue una invitación implícita para que el señor Marshall se marchase ya.

—Claro. —Esbozó una sonrisa falsa—. Siempre es un gusto, Gerard.

Al anochecer Injae regresó a su casa en compañía de Dylan, mientras que sus tíos permanecieron un rato más con algunos amigos y vecinos.




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