Confesiones de una cazadora

Capítulo 28.

Maya le dio un poco de té a Injae mientras Scott tomaba aire fresco para calmar su enojo.

— ¿Lo que hiciste hace rato… fue magia?

Injae hizo un movimiento con sus dedos que imitaba lo que hizo Maya al usar su magia cuando los encontró.

—Magia realista —respondió—, una cualidad de ella es que es visible físicamente.

Levantó su mano y movió sus dedos como si estuviese tocando agua, una especie de luz verdosa oscura surgió de su mano que también era rodeada por hilos de humo del mismo color.

—Es asombroso —expresó deslumbrada—. Nunca había visto una bruja realista, apenas hace poco conocí a una espiritista —bromeó—.  ¿Todas las brujas tienen la misma magia?

—No, esta magia es… Provengo de una familia de brujas oscuras —admitió apenada—, las de mi tipo no son populares en el reino de la magia, por eso algunas se fueron y crearon aquelarres en el mundo humano.

Injae frunció el ceño confundida y un tanto burlona.

— ¿El reino de la magia?

— ¿Acaso eres novata? —Interrumpió Stella trayendo la comida—. ¿Cómo es que te uniste a Gerard?

—No es asunto tuyo —ordenó tajante Scott al entrar a la casa—. Injae, debemos irnos ya para cargar los artefactos rúnicos.

— ¿Aún siguen cargándolos con energía mágica de brujas?

Scott desvió su vista sintiéndose apenado.

—Claro que sí, nunca cambian —dijo decepcionada—. Si tan solo el estúpido consejo de la magia no hubiera prohibido la magia ofensiva desde que desapareció la bruja suprema.

La castaña se impactó más y volteó a ver a Scott.

— ¿Acaso las personas poderosas tienen personas más poderosas diciéndoles que hacer?

Los tres esbozaron una sonrisa burlona por la pregunta inocente de Injae.

—El consejo de la magia es uno de los temas básicos que les enseñan a los cazadores sobre las brujas realistas… así como el reino de la magia —respondió el pelirrojo.

—Claro…

Stella se carcajeó y luego se acercó a Injae para recargarle su codo sobre el hombro.

—De verdad eres nueva, eso significa que Gerard aún no te ha corrompido —alardeó egocéntrica—, veamos cuanto duras así.

La cazadora la vio confundida y Scott reviró sus ojos.

— ¿Nunca vas a cambiar, Stella?

—Oh, lo siento, ¿no eres tú la perra de Gerard Gastrell? —Acusó exasperada—. ¿Herí tu ego?

Stella se paró frente a Scott para seguir retándolo en esa jugarreta de quien insultaba mejor el ego del otro, al principio el chico parecía iracundo por como apretaba su mandíbula que incluso se le marcaba la vena en el cuello, pero después algo lo calmó y esbozó una sonrisa burlona.

—Aún te duele, ¿no? —Retrocedió relajado—. Stella Windburs, una chica con talento, proveniente de una familia respetable de cazadores… terminó siendo un vil chupasangre —dijo remarcando sus últimas palabras—, ¿cómo es que te llaman? ¿La barbie vampiro?

La chica respiraba constantemente con profundidad para controlar sus impulsos que irradiaban del enojo.

— ¿Qué se sintió que todos te dieran la espalda? —Entrecerró sus ojos—. Tu familia debe sentir asco por lo que te convertiste.

— ¡Scott! —Levantó la voz Maya—. Ya basta, nadie aquí estaba atacándote, ¿podrías dejar de ser tan imbécil?

El pelirrojo dio asentimientos irónicos.

—Tomemos aire, creo que no tuviste suficiente.

Maya se llevó a Scott jalándolo del brazo para que hablasen afuera.

—Stella…

—Ten cuidado con Gerard. —La miró fría—. Él no hace solo cazadores, el crea armas para él, porque él no puede manchar sus manos con sangre.

— ¿Por su maldición? —Preguntó ingenua.

—Así que los sabes. —Arqueó su ceja sin poner expresión en su rostro—. Solo personas cercanas a él lo saben, ¿él te pidió unirte?

Injae se quedó callada.

—Él es experto en sacar lo peor de uno, te hará perder el miedo a matar y a morir, pero el problema surgirá cuando empiece a gustarte lo que haces… cuando encuentres placer al sentir la sangre tibia en tus manos.

— ¿Y no es para eso que existen los cazadores?

—La causa de un cazador no es matar, es proteger a los humanos del caos sobrenatural que debe ser contenido —afirmó seria—, cuando un cazador se desvía del camino y olvida eso… dalo por perdido, está a un paso de ser un Redentor.

—Porqué si todos creen eso de él, ¿lo siguen como corderos? —Preguntó en voz baja—. Lo idolatran y respetan, pero él solo es un manipulador que recibe el doble que te da.

Stella la vio intrigada con una sonrisita.

—No solo no has sido corrompida todavía, eres diferente… ¿por qué Gerard te pidió entrar?  —Bajó la voz.

—Soy algo así como la gemela de la cazadora original —replicó dudosa—, además está seguro de que también soy su reencarnación.

— ¿La doppelgänger de Farah Venatore? —Se sonrió jocosa—. Si es cierto, estoy ante una maldita leyenda. Ya veo la obsesión de Gerard.

—Que bien, yo no la entiendo… ¿qué tiene de especial para que hayan querido asesinarme tres veces?

—Hay muchas leyendas a su alrededor, nadie que esté vivo podría confirmarlas.

Scott y Maya volvieron al comedor con este más tranquilo.

— ¿Te gusta la sopa, Injae? —Preguntó la morena—. La preparé con verduras frescas… bueno, algo así —bromeó enseñando su magia—. Si los dementors los emboscaron, necesitarán armas, pueden cargar sus artefactos en el círculo de piedra.

— ¿Eso qué es?

—Una fuente de energía mágica que solemos usar las brujas para incrementar el poder de nuestra magia a veces, es algo lenta porque proviene de la naturaleza, pero creo que bastará para sus artefactos.

Maya sirvió emocionada la comida con su magia, pero la tensión entre el chico y la vampiro aún seguía presente.

—Injae, ¿no quieres cambiarte? —Insinuó con una mirada—. Te puedo prestar algo de ropa, seguro te queda.

Injae entendió a medias la intensión de Maya de dejarlos hablar, pero de todas maneras subió con ella al cuarto.




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