Confesiones de una cazadora

Capítulo 50. [Canción]

[Canción del capítulo: Mastermind - Taylor Swift]

 

—Debes mantenerte cerca de él, ¿quedó claro?

— ¿Cómo haré eso? —Reclamó preocupada—. Capaz cree que soy una acosadora con fetiches raros…

—No seas dramática. —Reviró sus ojos—. En las fotos se ve como alguien decente que no creería eso y seguro encontrarás como acercarte sin parecerlo.

Berkeley, California.

Injae estaba recorriendo el campus con la mirada mientras iba rumbo a la cafetería para desayunar algo y de paso ubicar a Maxon Brizz, pero su plan falló porque la cafetería estaba cerrada y habían varios desconocidos con valija, otros solo con mochila y otros sin nada, pero ninguno era Maxon.

— ¿Buscas algo? Te puedo ayudar.

Una voz grave y con un tono suave vino detrás de la chica, esta se volteó sobresaltada y se paralizó unos segundos cuando vio frente a ella al chico de cejas gruesas de color café claro como el de su cabello y ojos, que salía en las fotografías que Yurim le enseñó del expediente, solo que su piel lucía más blanca y tersa que en las fotografías.

—Ahora ya no —murmuró.

El chico alcanzó a oírla y junto un poco sus cejas confundido.

—La cafetería ya abrió —mencionó Injae señalando con su mirada—. Estaba buscando una máquina expendedora, pero no hallé ninguna mientras esperaba.

Él la escuchó atento para después reírse un poco enseñando abiertamente sus dientes brillosos.

—Debes ser nueva porque todos aquí saben que la cafetería abre a las 9 am —comentó con un marcado acento británico.

Injae arrugó sus labios y bajó su rostro.

— ¡Lo siento! —Expresó preocupado—. No quise hacerte sentir mal…

—No lo hiciste. —Levantó su mirada—. Es que no quiero verme torpe en mi primer día, pero estoy muy nerviosa.

El británico sonrió ligeramente por los gestos inocentes de la chica.

—Lo estás haciendo mejor que yo cuando entré, me equivoqué de salón dos veces seguidas —susurró.

La chica quiso contenerse de reír cuando inició el comentario, pero cuando él finalizó, ella soltó una pequeña risa y cuando se dio cuenta de lo que hizo se cubrió con su mano la boca, pero él imitó su risa con más calma.

—Está bien, puedes reírte incluso yo lo hice.

Injae se llevó el mechón de cabello mal cortado por Scott hacia atrás de su oreja y se sonrió de lado.

—Por cierto, soy Maxon. —Extendió su mano hacia ella—. Maxon Brizz.

—Injae, Injae… Venator.

Estrecharon sus manos hasta que Maxon miró la hora en su reloj.

—Debo irme ya, pero te deseo suerte.

—Gracias, igual a ti.

La primer semana de clases se fue rápido y en cada momento que podía, Injae provocaba encuentros ocasionales para que pudiera hablar con Maxon, aunque ninguno funcionó del todo ya que nunca pudo acercarse lo suficiente como para que tuvieran una conversación así fuera de lo más simple, pero ella no se rindió y entró al gimnasio de natación para ver el entrenamiento del equipo como varios novatos.

Del agua salió un chico alto y corpulento, fue hasta las toallas cerca de la puerta y cuando se quitó los goggles junto con el gorro vio a Injae de pie junto a las gradas acompañada de un par de chicas. Este par se veía entusiasmado por los integrantes del equipo, pero Injae se mantenía callada y poco animada por el deporte.

—Hola…

Injae llevó su vista a quien la había saludado y se enderezó sorprendida cuando vio a Maxon.

—No es usual encontrarse con un desconocido tantas veces en apenas cinco días —comentó intrigado—, debe ser una casualidad muy grande.

—No creo en las casualidades sino más bien en el destino.

Maxon sonrió pícaro a pesar del semblante serio de ella.

— ¿Qué estudias?

—Biología, ¿y tú? —Preguntó interesada, aunque ya supiera.

—Economía…

“¡Maxon!” “¡Date prisa!”

El chico volteó a ver a sus amigos y regresó a ver a Injae con un gesto aparentemente abatido.

—Espero verte otra vez, Injae Venator de Biología —dijo con gracia.

—Quizá sea pronto.

Petaluma, California.

En el transcurso de la semana, Yohan trató de acercarse a Yurim, pero cada vez se hizo más obvio lo mucho que esta quería evitarlo y por ello, Yohan decidió confrontarla.

—No me he sentido bien, ¿podrías dejarme sola?

Yurim mantuvo la mirada en los documentos que revisaba durante toda la conversación con Yohan.

— ¿Estás estresada por la investigación? —Mencionó preocupado—. Injae me contó de ella, si va bien puedes tomarlo con más calma…

—No. Ya vete, Yohan, que estoy ocupada.

El chico puso su mano en el hombro de Yurim.

—Sabes que puedes confiar en mí y hablar de lo que sea, incluso del clima si eso te hace sentir mejor.

La chica movió su hombro para empujarle la mano y lo miró triste, pero entonces apretó sus labios.

—No te darás por vencido nunca, ¿cierto? —Frunció su frente—. Entiende que no me interesas de esa forma. ¡Supera lo que pasó!

Tomó sus carpetas y se marchó apurada para alejarse de su vista y así poder correr rumbo a su habitación.

Yurim se quedó en el piso tocando su pecho donde se sentía oprimida mientras hiperventilaba con desesperación sin saber lo que veía porque sintió nublada su vista.

“¡Yurim!”

Scott entró corriendo cuando la vio porque la puerta no se cerró.

—Calma, aquí estoy.

La tocó en su espalda y la sujetó de su mano para que ella apretara mientras se calmaba.

—Mírame, estoy aquí y no va a pasarte nada… estarás bien, solo respira conmigo.

Después de un rato, cuando Yurim ya estaba más estable, Scott cerró la puerta y se sentó junto a ella en el piso para hablar.

— ¿Desde cuándo volvieron?

Yurim se mantuvo callada.

—Yurim, no puedes ocultarme estas cosas —regañó en alto—, no a mí.




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