Confesiones de una cazadora

Capítulo 55.

Yurim salió de la enfermería y en cuanto se enteró del llamado a la oficina para su hermano, se apresuró como pudo en muletas a ir hasta allí.

— ¡Scott! —Expresó aliviada al verlo salir—. Oí que te llamó Gerard, ¿qué ocurrió? ¿Fue muy duro contigo?

—Yo estoy bien, pero estoy preocupado por Injae —admitió cabizbajo—. Ella asumió toda la responsabilidad y temo por lo que vaya a hacerle.

—Hey, calma. Gerard va a ser bueno con ella, le tiene mucha consideración… es como su favorita.

—No lo sé, jamás lo había visto así.

Dentro del estudio estaba Gerard buscando una caja pesada de hasta debajo de su estante, cuando la halló, la puso en el escritorio.

—Creo que he sido muy indulgente con usted —mencionó serio—, he aguantado sus altanerías, sus desplantes y groserías, he pasado por alto las veces que ha causado problemas al grupo y a las misiones por su actitud, pero ya estoy harto de eso —reprochó molesto—. ¡Mi paciencia tiene un límite y usted ya lo colmó! ¿Qué tiene que decir sobre todo esto?

Injae bajó la mirada ante los regaños del hombre y apretó sus manos atrás de su espalda con nervios.

—Estoy de acuerdo que he sido altanera, irresponsable e inmadura, he puesto en peligro a mis compañeros y a las misiones así que estoy de acuerdo con el castigo que me toque.

Gerard respiraba fuerte mientras abría la caja oxidada sobre la mesa y le removía una placa con púas del interior de la tapa.

—Coloque sus manos dentro de la caja.

Injae asintió sin verlo a los ojos.

La chica acercó sus manos temblorosas a la caja y Gerard jaló de ellas para ponerlas bruscamente dentro del artefacto, el cual cerró de inmediato dejando salir las muñecas de Injae por las aberturas circulares que tenía en el frente la caja. El hombre aseguró la caja para que Injae no pudiera sacar sus manos y comenzó a girar despacio la palanca en uno de los costados; la chica empezó a sentir como sus manos se sentían cada vez más presionadas como si varios kilos de metal las aplastasen.

—Tenga en cuenta esto la próxima vez, señorita Venator, porque ya no seré tan indulgente con usted.

Gerard siguió girando la palanca incluso después de que las manos de Injae empezaron a aplastarse; Injae gritó cuando sintió el dolor de sus huesos aplastados.

Detrás de la puerta estaban Yurim y Scott oyendo los gritos de Injae, Yurim se asustó cuando escuchó mientras que el chico se enojó por lo que ocurría adentro; Scott se apuró a poner su mano sobre el picaporte para abrir y detener a Gerard, pero su cuerpo se congeló antes de hacerlo.

Injae abrió con dificultad la puerta luego de que el hombre detuviese su castigo, se encontró a Scott parado atrás de la puerta y este al verle las manos lastimadas entreabrió sus labios sin decir nada.

—Cierre la puerta cuando salga.

La chica cerró y caminó por a lado de Scott con la mirada escondida para evitar verlo.

Scott la miró con tristeza cuando ella se iba, después apretó sus puños y quiso golpear a la puerta para reclamarle al hombre, pero sus puños solo se quedaron en el aire a centímetros de la madera.

—Creo que será mejor que no sepa cuando Yohan despierte, cuando esté más calmada… ¡Scott! Scott, ¡¿a dónde vas?!

El pelirrojo fue en busca de Injae que estaba en la puerta del baño de su cuarto, tirada en el piso llorando, viendo sus manos que lucían hinchadas y moradas.

— ¡Injae!

Pasó por el pasillo y la vio desde la puerta, corrió hacia ella y se tiró al suelo para sostenerla entre sus brazos.

—Injae, perdóname… perdóname —suplicó desesperado.

—No puedo sentir las manos…

El chico le tomó las manos para verlas y las sintió calientes.

—Tranquila, están inflamadas. Iré por hielo y vendas, espérame aquí.

Cuando Scott regresó, la encontró todavía en el piso, se acercó y le puso la bolsa de hielo en sus palmas.

—Lo siento tanto, Injae —expresó cabizbajo—. Debí entrar y detenerlo, sabía que sería duro, pero no creí que tanto… fui cobarde, un gran cobarde y por eso ahora tus manos…

—Está bien, Scott. No fuiste un cobarde para mí, nunca lo has sido y sé que jamás lo serás… en todo caso creo que Gerard tiene razón y esto me hará ser más responsable.

—No puedo creer que estés diciendo eso. —La miró desilusionado—. Por favor no lo digas, no dejes que te corrompa a ti también.

—Siempre supimos que algún día pasaría —respondió sarcástica.

—Pero no tan pronto

Mantuvieron el silencio mientras Scott le vendaba las manos, pero Injae tenía al alcance de sus ojos el cuello abierto de la camisa de Scott y vio lo que parecían las tiras de unos colgantes, uno de cadena dorada y otro de cuero negro.

— ¿Puedo…? —Extendió su mano hacia el cuello de Scott.

Él se quedó quieto para darle acceso a Injae y esta jaló los colgantes hacia afuera de la camisa viendo que el colgante de cuero tenía el dije de un ancla.

— ¿De dónde… lo sacaste?

—Tú me lo diste —admitió nervioso—. No sé bien como pasó, pero desperté con él puesto al día siguiente de la fiesta en Sølvbyen. Creí que quizá sí recordarías eso, debí mencionarlo antes… debería devolvértelo.

—No. —Lo detuvo de quitarse el collar—. Lo llevé porque quería dártelo, pero no hallaba un buen momento, aunque veo que mi yo ebria lo hizo —bromeó avergonzada—, quédatelo… por favor, es tuyo.

Scott sonrió sintiendo sus mejillas calientes y ocultó su rostro enseguida mientras volvía a acomodarse el collar.

—Aun no entiendo por qué un ancla, ¿qué significa?

—El ancla significa estabilidad y firmeza porque es lo que mantiene a un barco estable para que no se deje llevar por la corriente… el barco es tu vida, Scott, y tú eres tu propia ancla —explicó viéndolo a los ojos—. Solo tú puedes decidir cómo quieres que la corriente te lleve, si quieres que lo haga porque eres el único que puede tomar las decisiones de tu vida ya que eres tú quien va a vivirla, nadie más.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.