Confesiones de una cazadora

Capítulo 89.

Yurim estaba sentada frente al tocador en su habitación y miraba su reflejo sin articular algún gesto.

— ¿Qué ocurrió ahí dentro? —Le reclamó a Scott—. Oí lo que dijiste, ¿fue en serio?

Scott la ignoró y siguió de largo para bajar al instituto, pero Yurim lo siguió rápido para jalarlo del brazo.

— ¿Qué hay de mí? Soy tu hermana.

El chico la vio sin entender y ella soltó su brazo.

—Yo soy la nueva directora —mencionó abatida—, mi lealtad está en eso, pero la tuya no.

—Yurim…

—Tu lealtad debería estar conmigo, no solo por ser la directora sino porque soy tu hermana —reprochó triste—, pero está con ella porque para ti es importante… Siempre hay alguien más importante que tu hermana, ¿no?

Scott respiró fuerte y bajó la mirada; Yurim se limpió la lagrima en su mejilla con fuerza y miró hacia otro lado.

— ¿Qué pasará cuando ella no siga las reglas y no estemos del mismo lado? Tendrás que escoger un lado, el mío o el suyo.

Alguien tocó la puerta de Yurim y asomó su cabeza.

—Toc, toc —expresó jocoso—. ¿Me permite pasar, directora?

Yurim giró su cabeza y al ver a Félix asomando la suya, le sonrió y luego asintió para que pasara; Félix se acercó por atrás y extendió sus brazos.

— ¿Qué haces aquí? Deberías estar abajo entusiasmada con tu nuevo puesto.

—No me siento con mucho ánimo.

El chico se sentó en la cama cerca de la orilla para estar cerca de ella y hablar.

— ¿Qué te ocurre? Es claro que algo pasó, ¿fue con Gerard? ¿Ese anciano te dijo algo…?

—No fue lo que él dijo, sino lo que Scott dijo —confesó dándose la vuelta—. Yo siempre soy la segunda opción de todos.

—No entiendo que quieres decir.

—Digo que solo fui la segunda o quizá la tercera, incluso la cuarta opción de Gerard para el puesto —expresó frustrada—. Es obvio que Gerard hubiera escogido a Injae por ser su preciada cazadora original si no fuera porque lo traicionó y está molesto con ella, lo mismo es con Scott. Solo fui el premio de consolación por querer darles una lección.

—Claro que no, lo hizo porque conoce tus capacidades de liderazgo, tus increíbles habilidades y tu tenacidad.

Yurim chasqueó su lengua y bajó la cabeza para jugar con su anillo antiestrés.

— ¿Cuál tenacidad? —Masculló—. Siempre he sido la segunda opción en todo, para mi padre, para los equipos en Sølvbyen, para los amigos, para las relaciones y ahora incluso para mi propio hermano.

Félix la miró triste y se inclinó hasta ella para tomar sus manos.

—Tú no eres la segunda opción de nadie, solo son situaciones distintas en donde solo se necesitaba a alguien con otro tipo de capacidades…

—Gracias por tratar de consolarme, pero sabes que es cierto —alegó encogiendo sus hombros—. Soy la segunda opción.

—No para todos. —La miró fijo y se arrodilló frente a ella—. Tú nunca has sido una segunda opción para mí, ni siquiera una opción porque jamás hubo alguien más que tú.

Yurim ladeó su cabeza frunciendo leve sus labios.

— ¿Por qué harías eso?

—Porque me gustas… mucho. —Sonrió encogiendo sus hombros.

Yurim se acercó para besarlo como primer reflejo, suponiendo que era lo que debía hacer, pero Félix retrocedió evadiendo el beso y apretó sus labios cerrando los ojos y luego agachó la cabeza.

—Quizá me arrepentiré de esto en el futuro, pero es lo mejor para todos, para mí, al menos —dijo abatido—. Te quiero demasiado y sé que también me quieres, pero no de la misma forma que yo a ti y eso no sería justo para mí.

Félix mantuvo su mirada en sus propias manos que acariciaban las de Yurim.

—No sería justo que fueras mi única opción si yo no soy siquiera una opción para ti, pero aun así, siempre estaré para ti de cualquier forma en que me necesites.

Levantó su rostro lloroso y le sonrió antes de levantarse, soltó las manos de Yurim después de darle un beso tardado en una de ellas y luego le dio otro igual en su frente antes de marcharse del cuarto.

Por otro lado, Scott tocó desesperado a la puerta de Injae. La chica del otro lado trató de mover el picaporte, pero se desesperó por no poder.

— ¡Solo abre! —Exclamó desde adentro.

Scott abrió y miró las manos de Injae mientras que ella lo vio desconcertada.

—Perdón —dijo viéndole las manos.

—Está bien…

—No, no está bien —alegó molesto—. Perdóname por haber dejado que esto pasara, debí haber estado allí y no lo hice.

No la dejó de ver mientras hablaba con un nudo en la garganta que trataba él de reprimir al apretar el marco de la puerta.

—Arcelia dijo que estarías segura siempre que estuvieras conmigo y no estuve allí, pero ya no será así porque te juro que desde hoy nunca volveré a dejarte sola.

—Scott, tú no me has dejado sola —replicó lanzándose a abrazarlo por el cuello—. Has estado ahí cuando más necesité a alguien, me salvaste a mí y a Jace ese día en mi casa, me ayudaste a entrenar, en Oregón me protegiste y me animaste a ir a la mascarada, quisiste echarte la culpa por la misión de rescate, me ayudaste con Gerard y me diste confianza en la ceremonia de Hermione… y me salvaste de morir ejecutada.

Se despegó un poco, bajó su rostro para encontraste con el de Scott y ambos se miraron fijamente con unos ojos cristalizados.

—Scott, tú nunca me dejaste sola.

—Aun así, no lo haré jamás… lo prometo.

—Ni yo a ti.

Injae le sonrió y volvió a abrazarlo, pero esta vez Scott la rodeó con fuerza con sus brazos.

—Por cierto, ¿me ayudarías con algo?

Ambos salieron al campo y Scott encendió una pequeña fogata, se agacharon frente a ella y la chica abrió una carpeta con una fotografía que imprimió.

—Gracias a él sobreviví en el Ager —mencionó abatida—, por él confirmé lo que ya sabía.




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