Confesiones de una cazadora

Capítulo 107.

Abril 2025.

Injae estaba acomodada en el sofá leyendo un libro viejo que encontró en la mesa de centro el día anterior y que seguro pertenecía a Kalisman, pero este no le dijo nada cuando la vio tomarlo y leerlo en la cena.

Kalisman vino de la cocina y la vio de espaldas con el libro ya por más de la mitad, sino que casi por acabar.

—He visto que te gusta leer, ¿te gusta algo en específico?

Injae dio un brinco al oírlo atrás suyo y sin voltear para no interrumpir más su lectura le respondió:

—Puedo leer cualquier tema. Últimamente estuve leyendo libros de biología, pero creo que ya no tendrá caso ya que a este paso no creo graduarme gracias a ti.

—Despreocúpate por eso, que tus profesores te aprobarán sin problema. —Encogió sus hombros y sonrió pícaro.

— ¿Los compeliste o algo así? —Se giró sobre el sofá y arrugó su ceño. Kalisman le sonrió antes de cambiarle el tema.

—Lo que estás leyendo es un diario de campo de Froilan Orkus, alguien que investigó a algunos sobrenaturales hace siglos. El que lees es de brujas invasoras —comentó interesado—. Si te gustó eso, puedes leer más de él. Ven conmigo.

Kalisman se dio vuelta para caminar, Injae volteó a ver y sin mucha seguridad emprendió el camino detrás del vampiro que le terminó abriendo de par en par unas puertas altas y gruesas de madera. Kalisman pasó primero y le dio paso a Injae, esta entró desinteresada hasta observar la cantidad de estanterías altas que estaban por toda el enorme salón; las estanterías estaban llenas de libros de toda apariencia, algunos eran más viejos que otros y algunos lucían en mejor estado que los demás, la mayoría sino que todos eran de pasta dura y mayormente oscura con caligrafía dorada; el lugar olía a madera por donde fuera que pasara y a hoja antigua, también se sentía cálido por los rayos del sol que entraban por los vitrales de los ventanales.

—Puedes leer lo que quieras, hay de todo tipo de temas —comentó Kalisman dándole la bienvenida al recorrer las estanterías—. Por allá hay sobre magia oscura, de aquel lado hay sobre el reino de la magia, más allá están sobre lobos, de este lado hay de vampiros, más para acá creo que son de demonios… estos hablan de runas. —Sacó un libro rojo de pasta dura y lo hojeó, luego miró a Injae—. Ese día en la cueva, ¿cómo hiciste eso?

— ¿Todos son tuyos? —Miró asombrada el estante a su lado—. ¿Por qué un vampiro de miles de años querría leer sobre otras criaturas?

— ¿Por qué no? Es la pregunta. —Sonrió encogiéndose de hombros—. De vuelta al tema. Vi que hiciste una runa en tu pecho, era de fuerza si mal no recuerdo.

Injae tomó un libro de la sección de su otro lado y al parecer por el título del libro elegido al azar, el estante tendría solo libros acerca de la magia de sangre y de brujas de este tipo. Kalisman vio con los ojos entrecerrados a la chica que parecía haberse hundido en las letras del libro que tomó, entonces él regresó el libro que tomó antes al estante y salió de la biblioteca.

Al atardecer, Injae salió de la biblioteca con un par de libros que llamaron su atención y los planeaba llevar a la habitación, pero al subir pasó por la sala y vio en el minibar al costado del sofá que estaba Kalisman sometiendo a un joven para que este no se quejara y le hiciera fácil al vampiro drenarle la sangre desde su cuello.

— ¿Qué haces? —Reclamó molesta—. ¿Lo compeliste?

Injae soltó los libros al sofá y buscó con la mirada por su alrededor algo que pudiera usar en contra del vampiro, pero no halló nada mortal.

—Ni intentes buscar un arma, que nada en esta casa está hecho con algo que puedas usar en contra nuestra.

La chica frunció su boca a punto de resignarse, pero vio a su lado en un esquinero que había una lámpara de cristal cortado, la levantó para soltarla y quebrarla, conservando un trozo con el que amenazó su propio cuello.

—Sea cual sea la razón de tu secuestro, no te serviré de nada muerta.

—No te atreverías…

Injae mantuvo su mirada en él, luego cerró sus ojos y pasó rozando la punta del trozo por un lado de su cuello para empezar a cortar, pero Kalisman se apareció frente a ella en segundos sujetándole la mano.

—Dijiste que querías hacer más agradable mi estadía, ¿no? —Lo vio seria—. Deja de alimentarte de sangre humana.

—Soy un vampiro igual que varios aquí, nos alimentamos de sangre.

—Puedes beber sangre de animales o en todo caso, sangre de bancos.

Kalisman apretó su mandíbula irritado, respiró fuerte y asintió burlón, luego soltó la mano de la chica y se dio vuelta.

—Llévense al humano y limpien eso. —Se detuvo y por encima del hombro miró a Injae—. ¿Mejor?

Injae reviró sus ojos, tomó los libros y subió.

En la noche, se suponía que ya todos estaban descansando a pesar de que la habilidad sobrenatural de los vampiros no les permitía sentir cansancio físico; Injae estaba recostada sin poder dormir, daba vueltas buscando una posición que le ayudara a conciliar el sueño, pero al no tener resultados, bajó a la cocina por algo de agua y después se quedó frente a la chimenea encendida en la sala.

Observaba fijamente el fuego y las chispas que soltaba, se acercó para sentir mejor el calor y luego acercó una de sus manos para sentir el ardor de la llama, pero incluso con la cercanía que había no pudo sentirlo.

—Veo que no te da miedo quemarte —dijo una voz desde una esquina.

Injae sabía quién era, pero ya no se sobresaltó como las primeras veces en el tiempo que había llevado allí.

—Es porque no puedo sentir el ardor del fuego en mis manos —confesó abatida—. En realidad, ya no puedo sentir nada en ellas.

—Vi unas pequeñas cicatrices por tu mano en la tarde, imagino que está relacionado con tu insensibilidad. ¿Qué tragedia pasó la cazadora original?

— ¿Podrías llamarme solo Injae? Es irritante oír ese apodo. —Resopló y dio un sorbo a su vaso—. Gerard Gastrell aplastó y atravesó mis manos por desobedecerlo y traicionarlo… otra vez.




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