Confesiones de una cazadora

Capítulo 108.

En un salón grande y casi vacío a excepción de un par de plantas de adorno y algunos instrumentos musicales, se encontraba Kalisman al teléfono hablando con su padre. La charla no se oía amigable por parte del rubio y de un momento a otro colgó para luego lanzar el teléfono hacia uno de los muros, el ruido se escuchó por fuera donde Injae pasaba con una manzana hallada en la cocina.

— ¿Suele hacer eso siempre? —Cuestionó a uno de los hombres que se paseaba por la casa.

El tipo se encogió de hombros como única respuesta y no conforme, Injae se acercó a oír por detrás de la puerta.

“¡Soy su hijo! ¡El único que sí está con él! Debería importarle más…”

— ¿Podrías no gritar tan fuerte? Quiero leer —exigió abriendo la puerta.

Miró el teléfono roto en el piso y el rostro enrojecido del vampiro, notó que apretaba sus puños para contener sus sentimientos evocados por alguna situación que lo molestaba.

—Son muchos instrumentos, ¿también son tuyos?

Kalisman asintió irónico con una sonrisa falsa, respiró hondo y se llevó el cabello hacia atrás.

—Mi padre es un amante de la música clásica así que aprendí a tocar cada instrumento por él.

— ¿Aún tocas? —Vaciló paseándose por el piano.

—Los aborrezco tanto como la música clásica. —Miró con odio el instrumento por el que sea paseaba Injae—. Un día dio una fiesta y estaba tocando justo este piano, era una melodía hermosa o eso decían los invitados que lo felicitaban a él. —Miró el teclado y posó su dedo en una tecla—. Esta tecla sonó mal y todos empezaron a mofarse, pero no de mí sino de él así que fue y cerró el piano con mis manos adentro, gracias a eso se jodieron un poco.

Injae lo escuchó y al ver la forma en que endureció su cuerpo, entendió que recordar aquello le dolía todavía incluso en ese momento; ella relajó su cuerpo y acercó su mano para querer consolarlo, pero se detuvo antes de llegar a rozarle el brazo y pensó:

«Pero ¿qué estoy haciendo? Es el hijo de Arkain… debería tratar de matarlo y huir, no sentir lástima por él.»

—Conozco esa mirada —dijo él sacándola de sus pensamientos—. Fue la misma con la que me vieron después de eso, me tenían lástima igual que tú ahora y no la necesito.

La chica desvió su mirada hacia los pedazos del teléfono, preguntó por la situación con su padre y por qué no lo dejaba para seguir su propia vida, pero él pasó por alto el tema para cambiarlo.

— ¿Tocas el piano? No has dejado de verlo todo el rato.

—Por lo visto no sabes todo de mí. —Sonrió satisfactoriamente—. Hace años dejé de hacerlo.

—Toca algo.

La chica pasó sus dedos por las teclas al sentarse, se puso cómoda en la banca, levantó sus manos sobre el teclado para tocar, pero se quedaron heladas sin saber cómo hacerlo; Kalisman estaba parado atrás esperando aburrido.

—No sé hacerlo, dejé de tocar hace tiempo.

—Con lo que uno nace y bien aprende, jamás se pierde. —Tocó el inicio de una melodía muy conocida—. Ahora tú.

Ella trató de seguir la melodía con titubeo al poner sus yemas en las teclas, se equivocó unas cuantas veces y cuando agarró seguridad, volvió a tocar la sonata desde el inicio hasta acabar.

—Este viernes habrá un baile —mencionó serio—. Serás mi acompañante.

— ¿Por qué haría eso?

—Porque yo lo digo. —Extendió sus brazos—. Le pediré a alguien que te enseñe a bailar, no quiero que me dejes en ridículo.

Se encaminó hasta la puerta y antes de salir, Injae lo detuvo al preguntar:

— ¿Y si no quiero?

—No fue una sugerencia.

Todo el resto del día Injae se la pasó en el salón de los instrumentos en compañía de una mujer lobo a quien llamaban Julia, esta le enseñó los pasos del baile principal de la fiesta que daría Kalisman en tan solo dos días.

Al día siguiente, Injae amaneció cansada y con pocas ganas de salir de la cama, aunque eso también se debía al clima fresco del lugar. Se levantó a bañarse y al salir, observó por su ventana que estaban trayendo vajilla fina, copas largas de cristal, mesas, sillas y manteles junto con varios adornos que incluían arreglos florales, además llevaban cortinas de terciopelo dorado.

Alguien tocó a su cuarto y luego Julia entró con una bolsa para vestido, donde se veía un vestido de cuello alto y sin mangas de color negro, de tul en la parte de la falda y la parte del torso era tela negra con encaje dorado cubriéndolo todo.

—Mi lady —saludó al entrar.

—No soy una princesa. —La vio confundida y sonriendo—. No debes llamarme así.

—El señor Kalisman pidió que la llamemos así de ahora en adelante para mostrarle respeto —avisó tímida.

— ¿Y ese qué? No somos de la realeza.

Se acercó a ver el vestido que la joven traía y le dio una mirada abrumada.

— ¿Esos son guantes? —alegó indignada—. Ni siquiera me dejó elegir que ponerme.

—El señor lo eligió acorde a su propio traje —admitió en bajo—. Será su cumpleaños y quiere que todo salga perfecto.

— ¿Arkain vendrá?

La chica negó nerviosa.

Finalmente, el día del gran baile de cumpleaños de Kalisman llegó. El salón estaba lleno de personas, donde la mayoría eran vampiros y entre los demás habían lobos, brujas e incluso algunos Redentors de poco renombre.

—Lindo baile —expresó fastidiada recibiendo una copa de Kalisman—. ¿Quién morirá hoy? Quizá sea yo. ¿No fue en un baile así donde asesinaste a Barton Väcker?

El vampiro se rio viendo su copa y levantó la vista a Injae.

—Así que el rumor te llegó, pero creo que no completo.

—Dijeron que usaste tu compulsión para obligarlo a asesinarse. —Mantuvo su mirada al frente y añadió—: Frente a sus hijos. ¿No fue muy sádico eso?

—Agradece que fue Barton y no tu preciado lobito, Liam —le susurró al oído.

Injae se detuvo de beber el vino al oír la voz de Kalisman, volteó a verlo con los ojos bien abiertos y la respiración entrecortada.




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