Confesiones de una cazadora

Capítulo 143.

El día del evento del aniversario de la corporación llegó. La celebración se dio en un salón de eventos, al cual asistió gente importante relacionada a la corporación como algunos inversionistas y dueños de otras empresas que trabajaban de vez en cuando en conjunto, por supuesto todos los empleados de la corporación Brizz asistieron al igual que los accionistas más renombrados, Edward Morris, Robert Parrish y Clarke Johnson.

Los invitados se veían a gusto con el servicio y atención que se les brindaba, pero ni ellos o los medios de noticias olvidaban el misterioso incidente, por lo que algunos de estos cuestionaron a Injae sobre él cuando terminó el discurso de aniversario.

—Solo fue una pequeña falsa alarma sobre la contención del producto —dijo relajada sonriendo—. Fue un simulacro para estar altamente preparado para todo tipo de falla, así que estén todos tranquilos que no hay nada de que temer en la corporación Brizz.

Levantó su copa para brindar y esbozó una enorme sonrisa abierta hacia los socios que la veían molestos sin brindar a diferencia del resto que incluso aplaudía.

Más tarde mientras todos convivían, Injae vio aparecer a Felicia del brazo de Edward Morris y eso la puso seria, en cuanto su ex secretaria se quedó a solas se le acercó ella con una pequeña sonrisa hipócrita.

—Espero no te moleste que haya venido con Edward.

— ¿Tuviste algo que ver con el incidente? —Cuestionó en voz baja.

— ¿Cuál incidente? —La miró ingenua—. Creí que habías dicho que fue un simulacro, ¿o es que eso fue mentira?

Injae se exasperó, pero se quedó callada apretando sus puños y respirando hondo para calmarse; el socio más grande, Clarke Johnson, de ya casi cincuenta años, apareció junto a Injae pidiendo hablar con ella a solas en la sala de espera que estaba aparentemente cerrada porque usualmente solo se usaba para eventos nupciales.

Afuera en el pasillo se encontró a los otros dos socios aliados de los Redentors.

— ¿Champagne? —Le ofreció Edward con una sonrisa pícara.

—No, gracias. —Lo vio con desprecio y se cruzó de brazos—. La celebración está por allá.

—Hay alguien que quiere hablar contigo.

Le abrieron la puerta a la sala de espera para que pasara; adentro sentado en el sofá blanco estaba un hombre de quizá ya unos cincuenta años, tenía su piel ligeramente apiñonada con pecas en el rostro, el cual portaba una barba completa de color cobrizo clara como el de su cabello bien cortado.

—Hola, pequeña ave. —Se sonrió viendo a Injae confundida—. Habías estado buscándome, bueno… aquí estoy. ¿Estás contenta?

—Eres el líder de los Redentors —contestó estupefacta grabándose el rostro del hombre que extrañamente le resultaba similar—. ¿Qué haces aquí?

—Quería poner las cartas sobre la mesa y hablar con la verdad siempre y cuando también lo hagas.

— ¿Hacer qué?

—Ser honesta.

— ¿También querrás que nos sentemos a beber café y juguemos póker? —Sonrió burlona y reviró sus ojos—. Eres un traidor. ¿Cómo conocerías la honestidad?

—En primera, no se juega póker bebiendo café y en segunda… —La recorrió de pies a cabeza con la mirada y sonrió—. Me gusta tu insolencia, quizá tenerte de enemiga podría ser divertido, pero también agotador. ¿No piensas igual? —Extendió sus brazos, luego se puso de pie—. Llevemos la fiesta en paz y seamos aliados, podríamos hacer grandes cosas juntos.

Injae se burló negando con su cabeza sin tomarlo en serio.

—Te daré tiempo para pensarlo, ¿una semana?

—No pensaré nada.

—Te doy hasta el siete de febrero para tomar una decisión sensata.

— ¿Y si digo que no? —Lo miró fijo con seriedad—. ¿Cuáles serán las consecuencias más… sensatas?

El hombre se rio acercándose a ella, observó de reojo el ajustado brazalete dorado que usaba Injae con una punta de flecha a base de cornalina en su centro y se tensó, aclaró su garganta antes de verla con un semblante gélido.

—Si dice que no, señorita Venator, tendremos muchos problemas usted y yo.

Caminó por a lado de ella para marcharse y dejarla con los socios que entraron a la habitación, Injae se cruzó de brazos enarcando una ceja al mirarlos relajados.

— ¿Ya no fingirán?

—Ya no tiene caso cubrir nuestras apariencias con una máscara, Injae…

—Señorita Venator para ti y para el resto —interrumpió tajante acercándose para intimidarlos—. ¿Acaso le propusieron lo mismo a Maxon, pero se negó y tuvieron que matarlo?

—No sabes de lo que hablas  —replicó fanfarrón Edward—. Maxon seguro no era el buen tipo que todos creían.

Injae le soltó una cachetada con la mano donde traía un anillo y se dio vuelta para marcharse, pero se detuvo al oír a Clarke.

—No puede deshacerse de nosotros, eso no sería bueno para la corporación. Lo sabe y no creo que quiera eso, Maxon lo sabía.

Después de su conversación, Edward se acercó a la mesa de bebidas y bocadillos para beber un trago fuerte, luego Felicia lo encontró y fue con él, le vio el labio roto y se preocupó.

—La perra de Injae Venator me dio una cachetada.

—Esa mujer es una zorra astuta —despotricó enfadada—, debes cuidarte de ella porque no le agradas.

—Lo sé y desearía que un camión de carga le pasara encima… —Observó a Felicia detenidamente y con una mueca abatida le pasó un mechón de cabello atrás de la oreja—. ¿Hasta dónde llegaría tu amor por mí? ¿Estarías dispuesta a demostrármelo?

—Claro, eso no lo dudes jamás.

Edward sonrió y puso su mano en la mejilla de ella para que sintiera su supuesta cercanía y amor.

Al terminar el evento, Injae se marchó con Yurim en la misma camioneta donde Scott y otros dos cazadores actuaban como su guardaespaldas. De pronto uno de ellos notó que estaban siendo seguidos por un auto pequeño, aceleró para girar y dejarlo, pero este no se detuvo y al doblar vio el auto vacío con las puertas abiertas; del pequeño auto bajó Felicia para acercarse a la camioneta a ver si alguien estaba allí, pero fue atrapada por los cazadores y luego llevada al instituto donde se rehusaba a hablar.




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