Confesiones de una cazadora

Capítulo 147.

Killian y Mireya entraron tomados de la mano y empapados. En la sala, Stella se sonrió pícara al verlos y le dio un codazo a Marco para que volteara; Yohan pasó a un lado de Killian y le susurró:

—Bien hecho, niño.

Yurim se apareció con Scott para decirles que fueran al comedor para partir el pastel cuando los vieron juntos.

— ¿Qué significa eso? —Cuestionó el moreno señalando a sus manos.

Ambos se miraron y sonrieron emocionados.

—Killian y yo estamos juntos… ¡De nuevo!

Killian la abrazó por el hombro y todos celebraron a la pareja con bulla y alzando sus vasos rojos con alcohol. Yohan de lejos, parado a un lado de Injae, le guiñó el ojo a Yurim quien reviró los suyos sonriendo; Injae miró de reojo a Scott, pero él evitó su mirada pasando un lado de ella sin verla y esta lo notó con desilusión; incluso Charles compartía la alegría del romance, pues le ofreció una soda a Malia viéndola con ojos brillosos que lamentablemente no fueron correspondidos de la misma forma, pues ella le frunció el ceño.

Por su parte, Stella y Marco chocaron sus vasos viendo a sus amigos.

La música estaba alta con todos disfrutando el día, comiendo bocadillos y pastel, así como bebiendo algunas sodas o tragos alcohólicos hasta que se fue atardeciendo, entonces ahí Injae recibió un mensaje de un número desconocido con la dirección y la hora en que pedía que fuera a reunirse.

En cuanto Injae les dijo a sus amigos del mensaje todos se tensaron y sin decir nada, se quedaron en un silencio incómodo. La líder de La orden ordenó que se prepararan dos escuadrones para ir al punto de reunión mientras los invitados sobrenaturales se quedaban en ascuas en la sala.

Camino a la reunión nadie decía nada dentro de cada vehículo. La primer camioneta llevaba en ella a Injae con Marco de conductor con los miembros del primer escuadrón, la joven líder miró de reojo en el espejo a la segunda camioneta donde se hallaban los Evenson ya que Scott no quiso ir en la misma que ella y Marco; dicha actitud inquietaba a Injae y la hacía pensar en las palabras de su tía.

— ¿Has pensado que quizá ellos…? —Volteó a ver a Marco preocupada.

—Intento no pensar en eso porque si lo hago, me preocupa el recordar el poder que su padre tiene sobre ellos incluso cuando se suponía que estaba muerto.

Marco apretaba el volante a la vez que mantenía su vista al frente para concentrarse solo en ello y esto puso nerviosa a Injae, quien miró por la ventana el pasar de los árboles mientras sentía el aire fresco en su cara.

Una vez que llegaron al punto de encuentro en un estacionamiento cerrado, se encontraron otros vehículos frente a ellos; primero bajó Injae sola, quien sintió el cambio brusco de temperatura fría dándole un escalofrío por todo el cuerpo, lo cual sintió como una especie de señal divina así que miró a Marco en la camioneta y este bajó para acompañarla mientras los hermanos Evenson esperaban viendo desde sus asientos en la otra camioneta.

El par de amigos estaban delante de las luces del vehículo enemigo, las cuales los cegaba un poco, pero no lo suficiente para no divisar la silueta de un hombre alto y fornido yendo hacia ellos.

—Que desconfiada —comentó burlón el hombre—. ¿De verdad creíste que haría algo con mis hijos aquí?

Injae le mantuvo la mirada con el semblante serio, aunque sentía enfado por la forma en que Andreas usaba a los Evenson para él.

—Hola, Marco —saludó frívolo al ver al moreno—. ¿En dónde están mis hijos?

—No vinieron —espetó Injae.

—Ah, pequeña ave. —Negó con la cabeza y chasqueó su lengua algunas veces—. Creí que acordamos no mentirnos.

—Solo si me unía a ti, pero como no pasará no tengo porque cumplirlo.

— ¿Ellos también piensan como tú? —Interrumpió mirando a las camionetas detrás y luego volvió a Injae—. Ya que has decidido declararme la guerra, al menos deja que hable con ellos una vez más y que elijan por su cuenta. ¿O es qué temes que te den la espalda?

Andreas se acercó un poco más a Injae, lo que puso en alerta a Marco para dar un paso delante de ella para protegerla, pero esto causó que los cazadores en la camioneta salieran rápido a apuntarle al hombre, quien no pareció inmutarse hasta que de repente miró hacia atrás de los cazadores y luego sus ojos se movieron siguiendo a algo. Injae entreabrió sus labios respirando nerviosa, volteó despacio hacia donde Andreas veía y observó a los hermanos acercándose despacio sin mirar a otra cosa que no fuera al hombre pelirrojo que sonrió en cuanto vio sus rostros y avanzó hacia ellos sin pensarlo.

Los cazadores apuntaron y cortaron cartucho a dirección de Andreas quien se detuvo al oír las armas y volteó a ver a Injae que seguía estática en su mismo lugar.

— ¿No dejarás que un padre hable con sus hijos? —Frunció la frente usando un tono manipulador para jugar con ella—. ¿O es que no querrías hablar con tu padre si supieras que sigue vivo?

Injae tensó su mandíbula dudando un poco, rechinó sus dientes conteniéndose para poder hablar en voz alta y pedir que bajaran las armas. Luego todos observaron como Andreas abrazaba a sus hijos con fuerza.

—Los he extrañado mucho… —Confesó lagrimeando y los soltó para verlos a cada uno—. Oh, Yurim, eres tan hermosa, mi pequeña niña. —Soltó sus mejillas y vio a Scott—. Mi muchacho, te has convertido en todo un hombre. ¡Mis pequeñas aves!

Andreas volvió a abrazarlos a ambos juntos con gran fuerza y alivio por tenerlos de nuevo en sus brazos, pero desde atrás Injae los veía preocupada porque podía sentir empatía por ellos y cuando vio a Yurim abrazándolo seguida de Scott quien soltó unas lágrimas, ella perdió el aliento y tuvo que desviar la vista al darse cuenta de lo que pasaría pronto.

Los tres se distanciaron y se limpiaron el rostro, Andreas los veía anonadado por no creer que estaba con ellos de nuevo.




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