Confía en Mí

11°

Volví a mirarme una vez más al espejo asegurándome que no hubiese nada que me hiciera ver demasiado provocativa.

—¡Estas hermosa Elise! —exclamo Lilian contenta parándose a mi lado.

—Ese idiota aparte de insensible un ciego total —comento Marion también de pie a mi otro lado.

Sonreí y me metí otra vez en mi gran closet donde había guardado el regalo.

—Wow de verdad quieres conquistarlo —me reí ante el comentario de Marion.

Las mire a las dos que también me sonreían.

Era el momento de dar ese otro paso de confianza en nuestra relación.

Quería que tuviéramos esa relación y llevarnos por un momento como aquella mañana.

Salimos de mi casa y cruzamos la calle, varios autos estaban estacionados fuera de la casa de los Fortier.

Entramos y ya la sala estaba a oscuras la mesita ratona estaba llena de vasos. La mesa del comedor ya no estaba allí y solo había una barra de barman.

Música y luces, todos bailaban e iban de un lado a otro con los vasos en sus manos.

Un sonriente Simon se acercó a nosotras y en especial con la mirada sobre Lilian.

—¿Quieren beber algo? —pregunto el a lo que las tres asentimos.

Nos dirigimos hacia la barra y el barman comenzó a preparar los tragos.

—Volveré en un momento necesito fumar uno —dijo Marion para luego salir hacia afuera.

—¡Hay una maldita fuente de chocolate! —exclamo Alban que apareció de repente.

Lilian, Simon y yo lo miramos confundidas por su emoción.

—Yo diría que tenemos que ver esa fuente de chocolate —dijo Lilian sonriente.

Asentí y los tres nos dirigimos a la fuente de chocolate. Varias fuentes con frutas habían a un costado mientras caía la cascada con chocolate.

Era obvio Emeric amaba el chocolate.

En un momento observe como Simon le extendía una frutilla a Lilian un gesto que me pareció muy dulce de su parte.

A mi mente volvió Emeric. ¿Dónde podía estar? Tenía que encontrarlo antes de que tomara más.

Deje a Lilian y Sali hacia el patio, y un grupo de chico estaba afuera fumando. Hasta que me percate de unos que estaban cerca del cobertizo.

Fruncí mi ceño y me acerqué, un alegre Zeus salió corriendo y todos empezaron a reírse.

—¡Oh mira ese perro! —exclamo uno que ya se notaba lo ebrio que estaba.

—¿Quieres un poquito? —la chica que estaba al lado del otro extendió la fruta con chocolate.

Y fue donde prácticamente corrí hacia ellos.

—¡Zeus! —dije a lo que el perrito me escucho.

<< Maldito Emeric podía haberlo encerrado en su cuarto >>

Mire el hocico de Zeus que tenía chocolate aprete mis labios y con esfuerzo levante al gran perro Golden en mis brazos.

—Te llevare a un lugar seguro —dije entrando por la cocina donde había menos gente.

La escalera y por toda la casa estaba repleta de personas.

Caminé por el pasillo en busca del cuarto de Emeric hasta que lo encontré. La puerta de su cuarto estaba entre abierta.

Tome la manija y entre a su cuarto, todo estaba ordenado sus paredes de color gris oscuro, su cama perfectamente ordenada y un cuarto que solo decía que era alguien triste.

Solo una repisa de libros y unos objetos referido a la química.

Baje a Zeus que entro al cuarto para aventarse a la cama de Emeric.

—¡Oh Zeus! —dije al ver mi ropa blanca y con chocolate— quédate aquí…

Sali otra vez al pasillo hasta que el cumpleaños apareció salió de otra de las habitaciones.

—¿Qué hacías en mi cuarto? —preguntó el acercándose a mí.

—Zeus se escapó —dije tratando de ver si alguien venia detrás de él.

—Nadie puede entrar a mi habitación —él se acercó a la puerta y miro hacia adentro para luego cerrarla con seguro.

Paso por mi lado ignorándome otra vez por completo.

¿Y ahora? No iba a dejar que se fuera así sin más lo seguí hasta las escaleras de repente un reflector apunto hacia el.

—¿Dónde está el rey de esta fiesta? —pregunto el DJ a lo que todos empezaron a gritar.

Estaba a unos escalones de él y algo del reflector me apuntaba.

—¡Ven a festejar! —exclamo uno de sus amigos.

Varias de las chicas que estaban al pie de la escalera me miraron y sabía cuál era el motivo.

Mi ropa estaba embarrada con chocolate.

<< El regalo >>

Debía ir a casa a buscar el regalo era el momento antes de que él se pusiera borracho del todo.

Pero alguien me tomo de la mano para llevarme hacia la pista.

—Marion tengo que ir a casa —dije a lo que ella parecía no haberme escuchado.

—¡Ven bailemos! ¡Debes divertirte! —exclamo ella moviéndose en medio de la pista.

—¡Elise Fontaine! —exclamo alguien que tenía un teléfono en sus manos.

Sonreí con amabilidad y todos bailaban a la par de la música.

En las manos de Marion apareció un vaso que luego me lo extendió a mi negué con mi cabeza y ella puso sus ojos en blanco.

—¡No te presionare! ¡Pero baila! —dijo ella sin dejar de sonreír.

Baile un momento y todos se pusieron a mi alrededor, aun no tenía la suficiente confianza pero trate de dar lo mejor de mí.

Hasta que volví a recordar el regalo me aparté de la multitud y me dirigí hacia la puerta.

—Esto está muy fuerte con dos tragos quedas ebrio para toda la noche —exclamo un chico con una pequeña copita en su mano.

Negue con mi cabeza y Sali de la casa volviendo a la mía.

Por suerte mis padres ya estaban descansando, y los padres de Emeric para dejar disfrutar a su hijo se habían ido a la casa de los abuelos Fortier.

Me cambie de ropa y tome el regalo entre mis manos.

Volví hacia la casa de Emeric pero entre por el otro camino y entrada que solo yo conocía.

La entrada por la lavandería que daba hacia el segundo piso.

¿Y cómo iba a encontrar a Emeric?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.