No puedo sacar de mi mente el momento en que le dispararon a mi madre, la mirada en sus ojos cuando me vio en las escaleras, la manera en que aquellos hombres me vieron cuando se percataron de mi presencia, pero sobre todo el momento en que encontraron a Jonathan en el armario. Cierro los ojos durante unos segundos, por mi mente pasan algunos buenos recuerdos con mi familia y mis amigos, supongo que tuve una buena vida mientras duró, respiro lentamente enfocándome en el ahora, ya ni siquiera siento dolor, solamente un hormigueo en mis brazos y piernas.
— Lo lamento. — Digo entre sollozos.
— No es tu culpa, intentaste salvarme. — Dice Jonathan haciendo su máximo esfuerzo al levantar su cabeza para mirarme.
— No fue suficiente.
— No te culpes por eso. — Dice con una voz muy débil y entrecortada. — Te amo Halley, no olvides eso.
— Yo también te amo. — Jonathan cierra los ojos un instante — No te duermas. — Digo asustada.
Agito su mano enérgicamente para hacerlo reaccionar. Jonathan tose y suelta mi mano para ponerla en su abdomen, ha perdido mucha sangre, está helado y pálido, creo que está entrando en estado de shock. Alguien abre la puerta, levanto un poco mi cabeza para ver quien ha entrado, un policía está en la puerta, se queda un segundo observando aquella escena, yo solamente suspiro aliviada al verlo.
— ¡McDowell! — Finalmente el oficial reacciona llamando a alguien, supongo que a su compañero.
Se acerca a mí para examinar mi tórax, hace presión en dos de las heridas con la intención de parar el sangrado, hago un gesto de dolor en el instante que las manos del oficial hacen contacto con mis heridas. El otro oficial entra apresurado a la habitación, se pone de rodillas junto a Jonathan tomando su muñeca para verificar si tiene pulso.
— Su pulso es débil. — Le dice el oficial McDowell al primer oficial en tono de preocupación.
A lo lejos se escucha una ambulancia, los policías intercambian una corta mirada, el segundo oficial que entró sale de la habitación, imagino que él va a avisarles donde estamos ubicados.
— ¿Cómo te llamas? — Pregunta el oficial que tengo a mi lado. — Yo soy el oficial Lawrence.
Hago un intento de hablar, sin embargo, me ahogo con mi propia saliva, trato de nuevo, pero es inútil. Cada respiración es más agoniosa que la anterior, el dolor se torna cada vez más intenso, veo a mi hermano e imagino el inmenso dolor que siente en ese instante.
— Ayúdalo a el primero. — Me esfuerzo mucho para poder decir esas palabras.
Se escuchan pasos en el pasillo, entran dos paramédicos a la habitación, uno me evalúa a mí mientras el otro examina a mi hermano.
— Su pulso es muy débil y está inconsciente - Indica el paramédico que revisa a mi hermano.
— Ella tiene el pulso débil, pero está alerta y continúa sangrando.
— Entonces ella primero. — Decide el que revisa a mi hermano.
— No, no. — Me niego.
— El primero. — Les indica el oficial al recordar mi petición.
Otra ambulancia se escucha llegando a la casa, así que los paramédicos deciden hacer caso a mi petición.
— Nos lo llevamos. — Le dice un paramédico al otro.
Me quedo más tranquila al escuchar eso, los dos paramédicos comienzan a estabilizar a Jonathan para llevárselo de allí, al sacarlo de la habitación entran los otros dos paramédicos para ayudarme.
— Tranquila, pronto estarás mejor. — Dice el oficial en un tono muy dulce mientras soy atendida por los paramédicos.
El oficial toma mi mano, poco a poco comienzo a sentir un pesar en mis parpados, me siento muy débil, todo comienza a nublarse, las palabras del oficial retumban en mis oídos una y otra vez.
— No te duermas. — Dice el oficial Lawrence agitando mi mano.
Ahora todo está oscuro, en lo único que puedo pensar es en mi hermano, tengo la esperanza de que va a estar bien, ya estamos a salvo, pero... ¿Y mis padres? ¿Qué hay de ellos? ¿Están... muertos? ¿Por qué no puedo despertar? Intento moverme inútilmente. Vamos Halley abre los ojos, me repito a mí misma. Ahora no siento dolor, solo angustia y desesperación.
Abro los ojos finalmente, miro a mi alrededor confundida, todo me da vueltas, mi vista está un poco nublada, estoy en un lugar muy extraño, hay aparatos en todos lados, siento un poco de resequedad en la boca y en la garganta, toso un poco, lo cual me provoca algo de dolor en el abdomen. Mi visión se aclara paulatinamente, veo unos cables saliendo de mi brazo, algunos en mi tórax y en mi pecho, hay un tubo de oxígeno debajo de mi nariz, lo retiro de un solo tirón, saco una aguja flexible de mi brazo muy lentamente para no lastimarme, pongo mis manos en la camilla e intento sentarme, pero nuevamente siento un fuerte dolor que me lo impide, me quedo estática un segundo mientras analizo la situación, un policía entra por la puerta, al verlo intento sentarme de nuevo, sin embargo, me detiene poniendo sus manos en mis hombros.
— Señorita Messer, por favor no se mueva, iré por el doctor. — Dice el oficial muy nervioso.
— Jonathan. — Digo mientras veo nuevamente a mi alrededor buscando a mi hermano.
El dolor en mi abdomen se hace más fuerte, escucho un sonido que va al ritmo de mi corazón, este sonido se vuelve cada vez más fuerte y rápido, llevo mis manos a mi abdomen, siento algo húmedo en ellas, levanto una de mis manos para ver porque las siento mojadas, hay algo de sangre en ellas, entro en pánico, mi primera reacción es descubrirme el abdomen para poder ver que sucede, tengo algunos vendajes empapados en sangre.
— Buenas tardes, señorita Messer, soy el doctor Perkins. — Dice un sujeto con bata blanca entrando en la habitación. — Veo que se ha quitado la vía de los medicamentos, está bien se la pondremos en un momento.
Al verlo entrar me cubro nuevamente con la sabana para evitar que me vean, me siento sumamente vulnerable, no conozco a esta persona y estoy en esta camilla solamente vestida con una bata y cubierta por una sabana, no parece nada a mi alrededor con lo que pueda defenderme y aun si lo hubiera no tengo las fuerzas para hacerlo.
Editado: 12.01.2026