Confía o muere

Capítulo 4

Bajo la maleta y la mochila a la sala, antes de irme entro a la cocina para buscar en la alacena algunas barras de cereal, no he comido nada en todo el día, muero de hambre, adicionalmente tomo algunas para comer más tarde.

— ¿A dónde iré ahora? — Me pregunto a mí misma. — ¿Quién puede ayudarme?

Mi tía está en Texas y si tomo un vuelo la policía se dará cuenta, quizás pueda ir a casa de Valentina, sus padres podrían recibirme en su casa. No ¿A quién engañó? Sus padres me entregarán a la policía. Lo mejor será ir a un motel, sé que hay algunos decentes a unos kilómetros de aquí, salgo con las maletas para meterlas en el taxi, al subir guardo silencio por un segundo, el conductor me ve de reojo por el retrovisor.

— ¿Todo en orden señorita? — Dice guardando su revista.

— Si. — Digo aclarando mi voz.

Sin mediar alguna otra palabra le doy la dirección aproximada de donde sé que hay un motel, aquel taxista me deja justo en la entrada de la recepción, le doy $100 antes de salir del taxi, me bajo inmediatamente después sin esperar el cambio, al entrar a la recepción no veo a ningún empleado, parece que todo aquel sitio esta desolado, toco la campana sobre el mostrador dos veces, de la habitación de atrás sale un hombre comiendo una barra de chocolate, su playera blanca está percudida, su cabello desaliñado cae por su rostro, me observa de pies a cabeza mientras limpia un poco de chocolate de su mejilla.

— ¿Cómo puedo ayudarte? — Recuesta sus brazos sobre el mostrador sin apartar la vista de mis ojos.

— Quiero una habitación.

— Son $40 la noche ¿Cuantas noches vas a quedarte?

— Para empezar tres.

— Bien, solo aceptamos pago por anticipado ¿Efectivo o tarjeta?

— Efectivo.

— Necesito tu identificación para registrarte.

— Si te doy $200 extras ¿Podrías olvidarte de la identificación?

— No eres una ladrona de bancos o una asesina serial ¿Cierto?

— Ambos de hecho. — Bromeo para romper la tensión.

— $250 en efectivo y es un trato.

— Hecho.

Ya en la habitación me quedo un buen rato recostada en la cama observando el techo, mi mente divaga en todo lo que ha pasado estos días, estoy muy jodida, adolorida y completamente sola. Nunca pensé que tendría que valerme por mí misma, ahora soy huérfana, mi único hermano está muerto, no tengo casa y no sé qué hacer con mi vida ¿Cómo se supone que voy a superar esto? Nada te prepara para superar algo como lo que estoy viviendo, mi corazón está roto, mi moral está hasta el suelo y mis sentimientos son demasiado confusos, ni siquiera sé si debería llamar a la policía para hablar con ellos, siento que a este punto van a arrestarme por escapar del hospital, ahora que lo pienso más detenidamente quizás ahora piensen que tuve algo que ver con esto. Mi estomago gruñe sin parar, eso es lo único que logra distraerme de mis turbios pensamientos, no he comido desde la mañana, ya son las seis de la tarde, es más que necesario buscar algo más que comer que un par de barras de cereal.

Creo que antes de salir a buscar algo de comer necesito tomar una ducha, me desvisto dentro del baño, me retiro el vendaje del abdomen y el pecho, las heridas parecen estar sanando correctamente hasta ahora, abro la llave de la ducha para graduar la temperatura del agua, me gusta mucho el agua caliente, por desgracia el doctor me recomendó únicamente bañarme con agua a penas tibia con mucha razón, hace unos días intenté ducharme con agua caliente, el dolor que sentí al exponer mis heridas a esa temperatura es inimaginable, aprendí por las malas a obedecer las órdenes del doctor. Luego de una ducha rápida salgo del baño para vestirme en la habitación, enciendo la televisión para ver algo mientras me visto, justamente está sintonizado un canal de noticias, para mi mala suerte hay una fotografía mía en la pantalla, subo el volumen del televisor para poder escuchar mejor la noticia.

— La mujer de la fotografía que ven ahora en pantalla es Halley Messer, la única sobreviviente de la masacre de la avenida Meridian, como se le ha dado a conocer a este caso. Hoy al mediodía se dio a conocer la noticia en una rueda de prensa con el departamento de policía de que escapó del hospital donde se recuperaba, por lo que dio a conocer la policía, ella es la testigo principal del caso e informó que su salud aun es delicada. — Dice el presentador de noticias. — Si alguien tiene alguna información de su paradero por favor informar a la policía lo antes posible, ya que es primordial que continue con su tratamiento médico y que brinde sus declaraciones a la policía de lo ocurrido ese fatídico 4 de diciembre.

Me quedo perpleja mirando la televisión, me dejo caer sentada sobre la cama analizando todo esto.

— Mierda. — Digo entre dientes. — Si el taxista o el recepcionista me reconocieron van a llamar a la policía para decirles donde estoy.

Me visto con lo primero que encuentro en mi maleta, guardo todo lo demás en un dos por tres, dejo las toallas sobre la cama antes de salir de la habitación casi corriendo, por fortuna la maleta que llevo conmigo no está muy pesada, al cruzar la calle llama mi atención que dos patrullas están entrando en el estacionamiento del motel, el hombre de la recepción sale a recibirlos a la puerta sosteniendo un juego de llaves, los guía hasta el segundo nivel justamente a la habitación donde me estaba hospedando.

— Que idiota. — Pienso.

Es una suerte haber salido de allí a tiempo, me pongo en marcha sin algún rumbo en específico, termino por entrar a un restaurante que no tenga televisores para al menos poder comer con más tranquilidad, mientras espero la comida sentada en la mesa veo un enchufe junto a la mesa, recuerdo en ese momento que tengo el celular y el cargador en mi mochila, lo conecto con la esperanza de que aquel celular no tenga contraseña para poder utilizarlo con libertad, dejo que se cargue lo más que pueda mientras ceno, pedí una pasta a la boloñesa para comer, está algo desabrida, pero ya que, solo quiero dejar de tener hambre.



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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 12.01.2026

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