Veo a través de la ventana del auto, "Crestwood, Kentucky" se lee en un rótulo en la entrada del pueblo. Susurro aquel nombre en un suspiro.
No parece haber muchas personas aquí, aunque todas las personas que encontramos en el camino nos miran como si fuéramos un circo viniendo a la ciudad. Parece que los rumores de nuestra mudanza correrán rápido. Como decía mi madre "pueblo pequeño, infierno grande", no sabía a qué se refería hasta ahora.
La policía me dio una nueva identidad, ahora me llamo Alice Marie Johnson, Terry también tuvo que cambiarse el nombre, se llama Mason Douglas Johnson, nuestra historia se basa en que nos casamos hace poco y decidimos mudarnos a un lugar bonito y tranquilo, yo soy una escritora con futuro prometedor y él trabaja como community manager a distancia, eso explicará porque no salimos mucho de casa.
Siendo honesta no recuerdo los nombres de los dos agentes del FBI, pero si recuerdo los nuevos, la agente se llama Clarice Ann Baker y el agente, Gregory Baker aparentan ser muy serios, bueno Clarice es seria y muy estricta, Greg no, él si aparenta serlo. Nuestras casas estarán una frente a la otra, e instalarán vigilancia en los alrededores de la casa. Detrás de nuestro jardín hay un extenso bosque, he decidido salir a explorar algún día. Pronto nos encontramos frente a nuestra nueva casa, es muy hermosa, tiene dos niveles cuando entramos me doy cuenta de lo grande que es, tiene 3 habitaciones, sala, cocina y un enorme comedor, tiene lavandería y un cuarto de servicio, el jardín es enorme incluso tiene piscina, es una lástima que sea invierno. Comenzamos a bajar el equipaje del carro y de inmediato puse mis cosas en una de las habitaciones. La casa está amueblada y decorada, las personas que vivían aquí tienen buen gusto.
Terry está agotado, así que se recuesta en el sofá y enciende el televisor, me le quedo mirando por un segundo, pasados unos segundos nota mi mirada puesta en él.
— ¿Sucede algo? — Pregunta algo inquieto, casi nervioso.
— Para nada. — Sonrío levemente.
— Dime ¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?
— Ahora somos marido y mujer. — Señalo el anillo en mi dedo y me río a carcajadas. — Tus abuelos estarían orgullosos de ti.
— Si, por fin dejarían de darme sermones sobre estar soltero, pero empezarían a darme sermones sobre por qué no les he dado un nieto.
— Bueno, al menos es un tema diferente. ¿Qué opinas de adoptar un perro? ¿No les gustaría tener un nieto de cuatro patas?
— ¡Ja! Lo dudo mucho. — Se ríe mientras considera la opción.
Terry tiene una encantadora sonrisa, de hecho, sus dientes son casi perfectos, tiene además camanances en sus mejillas, me agrada verlo sonreír.
— Oye, tengo hambre ¿Podemos comer algo?
— Aún no hay nada en la nevera. Vamos te invito a comer con el dinero del FBI. — Dice en voz muy baja intentando no reír. — Creo que vi un restaurante a unas cuadras de aquí.
— Está bien.
Hay algo de frío así que tomo mi abrigo antes de salir, meto mi brazo en una manga, luego torpemente intento meter la otra en la manga que falta, pero no logro encontrarla, Terry al notarlo me ayuda deteniendo el abrigo para que fácilmente deslice mi brazo adentro de la manga.
— Gracias, a veces soy algo torpe, ya te darás cuenta. — Me río de mí misma.
— No hay de qué ¿Vamos?
— Sí.
Terry me abre la puerta, una vez estamos frente a la casa él me toma por sorpresa cuando entrelaza su mano con la mía.
— Hay que seguir el papel de esposos al pie de la letra ¿No crees?
— Por supuesto. — Acomodo un mechón de cabello detrás de mi oreja al sentirme sonrojada y nerviosa.
Todo el camino vamos tomados de la mano, aquel restaurante vende comida italiana, tiene una decoración acorde a su cultura, algunas esculturas de cabezas en mármol, los manteles sobre las mesas son de cuadros rojos y blancos, hay muchas fotografías en las paredes, son de paisajes italianos y también algunas de sus famosas pinturas. Encontramos una mesa vacía en el fondo del restaurante. Ordenamos lasaña y un par de limonadas.
— Oye con todo esto que está pasando se me olvido preguntar. ¿Te encuentras bien? Digo... Pasaste por muchos eventos traumáticos estos últimos días
— Se que esperas que diga que me encuentro bien, pero, siendo honesta, solo "intento" estar bien, hago lo mejor que puedo para convencerme a mí misma de que todo está bien a pesar de que mi vida se desmorona en pedazos cada vez más.
— Me alegro de que me digas la verdad sobre cómo te sientes. Te entiendo, sé que intentas que por fuera parezca que estas bien, pero por dentro tienes una lucha interna con tus sentimientos y emociones, tus pensamientos de carcomen día y noche, por eso mismo quiero que hables conmigo cuando necesites desahogarte, no estás sola. También quiero recalcar que la policía hará todo lo que pueda para encontrar a los responsables, lo prometo.
— Gracias Terry, aprecio mucho el apoyo y las palabras de aliento que me das.
— Saldrás adelante con todo esto. — Me ofrece una sonrisa muy sincera.
El mesero llega por fin con la comida, almorzamos mientras conversamos sobre nuestros hobbies. Sin querer dejo salir un suspiro al hablar sobre videojuegos, después de todo esa era nuestra actividad favorita con mi hermano, Terry desliza su mano por la mesa hasta tocar la mía. Por alguna razón él me da una sensación de seguridad inexplicable, confío en él desde que lo miré por primera vez aquel fatídico día, cuando me apuñalaron, mientras me desangraba en el suelo sentí alivio al verlo parado en la puerta, luego cuando tomó mi helada mano, la calidez de la suya me dio esperanza.
— ¿Nos vamos?
— Por supuesto. — Digo mientras me incorporo nuevamente a la realidad.
Al levantarse de su silla me extiende la mano para ayudarme a levantarme, en la salida del restaurante vuelve a tomar mi mano nuevamente. Caminando de vuelta a casa encontramos una heladería, ya que tengo tomada su mano lo jalo como niña pequeña para obligarlo a que entremos al local.
Editado: 30.01.2026