Conquistando Al Francés

CAPITULO 31 CONQUISTANDO A CHRISTINA.

Antes de comenzar con el capítulo me gustaria primero pedirles disculpas por la tardanza, no es excusa lo sé. Miren la verdad es qué yo vivo de la escritura en otras apps y esto es mi escape. Me gustaria crecer aqui pero no lo he logrado... la cosa es que me pondre al corriente mis corazones. Si aun quedan lectores pido disculpas por mi retraso, tratare de subir lo mas rápido los capítulos restantes y sin más dilación disfruten su maratón.

Abrió los ojos con pereza. Los últimos rayos del sol se colaban entre las rendijas de la cortina entreabierta, pintando franjas doradas sobre la pared y su piel. Parpadeó, desorientada, y alzó el dorso de la mano para protegerse de la luz, pero un peso cálido y constante en su pecho detuvo el gesto. Allí estaba Christina, dormida sobre él, su respiración suave y ritmo acompasado, como si el tiempo hubiera decidido hacer una pausa solo para ellos. Gerard la observó con una extraña calma que no le era propia. Ella ese duendecillo revoltoso, impredecible, ruidoso estaba ahora quieta, enredada en su calor, y eso, de algún modo, le devolvía el aliento. No entendía cómo era posible, pero su presencia era paz. Plenitud absoluta.

Christina se removió lentamente, los dedos aferrándose con suavidad a la tela de su camiseta, y sus ojos castaños, aún nublados por el sueño, buscaron los suyos. La conexión fue instantánea. Entonces, como si una chispa hubiera recorrido su espina dorsal, el rubor trepó por sus mejillas, delatándola.

—Gerard, yo…

—Si lo que dirás es que no puedes, o no debes estar aquí, pues ahórratelo, Christina —la interrumpió, incorporándose lo justo para acortar la distancia entre ellos. Sus labios rozaron los de ella con una ternura casi reverente, más susurro que beso—, ya te había dicho que aquí es tu lugar.

Las palabras la impactaron como una ola cálida. Su corazón se desbocó, golpeando contra sus costillas con una fuerza que le hizo llevar una mano al pecho, como si temiera que escapara. Bajó la mirada, evitando el escrutinio de esos ojos azules que la atravesaban sin piedad.

—Ya debo irme a mi casa, Gerard —musitó, con voz temblorosa, casi inaudible.

Él percibió la huida en cada sílaba, en el modo en que sus dedos se crispaban sobre la tela de su falda, en cómo evitaba cruzar su mirada. Quiso retenerla. Pedirle que se quedara. Pero también entendía —demasiado bien lo importante que era para ella su familia, ese ancla que la hacía sentir segura. Aun así, no la dejaría ir sola.

Christina recogió sus cosas con movimientos rápidos, casi nerviosos, y al darse la vuelta, sus ojos se posaron en la puerta del baño. Sin preguntar, avanzó hacia ella, aliviada al acertar. Una vez dentro, dejó la ropa sobre la tapa del inodoro, deslizó la mampara de vidrio y entró bajo el chorro tibio de la ducha. El agua fue cayendo sobre sus hombros, poco a poco calmando el temblor en sus manos y el galope descontrolado de su pulso.

«¿Qué ocurre contigo, Christina? —pensó, apoyando la frente en la fría cerámica. Gerard no es así... Bueno, no era así».

Su mente se enredaba en un torbellino de emociones. ¿En qué momento todo se había invertido? Había creído que regresar a su país sería suficiente para romper el hilo que los unía. Y sin embargo, allí estaba él, buscándola, reclamándola, ofreciéndole un lugar que nunca supo que necesitaba.

—Si me quedo con Gerard es todo lo que quise desde un inicio… pero ahora… —dejó la frase en el aire. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier palabra. Un dolor sordo comenzaba a latir en sus sienes, prometiendo una jaqueca que no la dejaría en paz.

Sacudió la cabeza, intentando disipar los pensamientos negros que se arrastraban como sombras. No quería amargar este momento. No ahora.

---

En cuanto Christina cerró la puerta del baño, Gerard se levantó con lentitud. Recogió las prendas que habían quedado esparcidas por el suelo, doblándolas con una precisión casi ritual, como si así pudiera ordenar también sus propios pensamientos. Ella le había dicho que no tenía hambre, pero ya había pasado demasiado tiempo. Afuera, el cielo se teñía de violeta y anaranjado. Sabía que necesitaba comer.

Un paquete en la despensa llamó su atención: harina precocida. Sus labios se curvaron en una sonrisa sutil, casi infantil.

—El afortunado duendecillo volverá a probar mis empanadas —dijo en voz baja, el acento francés marcando cada sílaba con una seguridad que solo usaba en la cocina.

No tenía tiempo para un guiso elaborado, pero el jamón y el queso siempre funcionaban. La primera vez que preparó esa receta le pareció insulsa, pero con el tiempo y muchos intentos fallidos, comenzó a entender por qué Christina las amaba tanto. No era solo el sabor. Era el recuerdo. La tradición. La calidez.

Amasó la masa con movimientos firmes y seguros, concentrado en cada gesto, en el tacto de la harina entre sus dedos, en el aroma a mantequilla que comenzaba a llenar la cocina. Tanto estaba en su mundo que no notó la presencia silenciosa tras él hasta que una voz suave, familiar, cortó el aire.

—Huele delicioso.

Giró sobre sus talones y allí estaba ella, recién salida de la ducha, el cabello aún húmedo, los ojos brillantes, una sonrisa juguetona curvando sus labios.

—Qué lindo te ves cocinando para mí, iceberg —dijo Christina, apoyando las manos sobre la isla central mientras se acercaba con pasos ligeros.

—Pensé que tardarías un poco más en la ducha —respondió él, tratando de sonar estoico, aunque sus ojos delataban una ternura que ya no podía esconder.

Tomó una servilleta, luego una de las empanadas recién horneadas. Christina mordió, masticó en silencio, y al cabo de unos segundos que para Gerard se sintieron eternos. Alzó el pulgar en señal de aprobación.

—¿...Y? —insistió él, insatisfecho con ese gesto mudo.

Ella avanzó hasta quedar frente a él, alzó el rostro con una coquetería que le robó el aliento. Sabía perfectamente que su narcisismo culinario no se conformaba con tan poco.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.