La estafa fantasma
Andando hacia mí destino, intentando caminar sin sentir la desconfianza y sin dejar de pensar en que alguien me miraba. Así me trasladaba a la casa en que sería la cita. Las calles vacías solo acompañado con el joven resplandor de la luna, el cual lucia espeluznante.
Avanzaba casi sin parpadear, no lograba tener ni un segundo de calma.
Al cruzar la gran avenida ubicada en la hermosa ciudad de México ya lograba contemplar el lugar. A mis oídos llegaban gritos espantosos, lo que me indicaba que el ser ya había aparecido. Solo pude concluir que en esta ocasión me enfrentaría a uno auténtico y que mi vida corría un gran peligro.
Al llegar a la casa golpeé cuidadosamente la puerta. Esta acción la repetía por tercera vez cuando me ví interrumpido por la presencia de la dueña que se asomaba por la ventana, me pidió que no insistiera, su ama de llaves estaba por abrir la puerta.
Me advirtió también que hiciera el menor ruido posible ya que lo podíamos prevenir o lo que resultaría peor, hacerlo enojar.
Cuando entré rápidamente me recibieron. En el lugar había ocho personas, todas ellas atormentadas, sin contarme a mí, que de todos era el que más miedo tenía.
El grupo estaba conformado por la dueña de la casa, el ama de llaves, su hijo, un hermano de la señora y cuatro sobrinas. De inmediato todos se colocaron detrás de mí indicándome la situación.
—¡Ahora mismo está en la cocina!—Me dijo muy exaltada una de las sobrinas mientras me impulsaba para que fuera a ese lugar.
La señora de la casa de aproximadamente 40 años de edad me gritaba que hiciera algo para sacarlo.
Mi nombre es Jhon Samuel y soy cazador de fantasmas o al menos eso quería aparentar.
En aquellos momentos solo quería salir corriendo.
En los casos anteriores a los que me había enfrentado nunca había visto a un fantasma. Me decido especialmente a hacer creer a la gente que en sus casas hay fantasmas y que yo los elimino, pero siempre es mentira.
Ahora estaba metido en un problema, me habían contratado para expulsar al fantasma de la casa y que nunca más regresara. En mi vida había visto a varios pero nunca había tratado con uno.
Cuando me dirigí a la cocina escuchamos una gran risa después de oír caer los sartenes. No pudimos evitar echarnos para atrás. Yo intentaba salir de la casa cuando me vi interrumpido por la familia quien a gritos me exigía hacer algo productivo. Desconcertado por el comentario tomé un rosario de mi equipo de trabajo (que se un estafador no significa que no esté preparado, insulso solo para aparentar)
Me acerqué a la entrada de la cocina y dije estas palabras.
—¡Sal de aquí ser despreciable!—Traté de hacerlo con un tono grave y serio pero se notaba el tartamudeo producto del nerviosismo.
El fantasma salió entonces y comenzó a mirarnos a todos, intenté hacerme para atrás pero al ver que las miradas de las mujeres esperando a ser ayudadas por mi, sucumbí e intenté improvisar.
—Vayan a las habitaciones a esconderse.—Me llené de valor, levanté el pecho y puse una mirada de confianza.—Yo manejo la situación.
Todos obedecieron a mi petición, en un pequeño lapso de tiempo me habían abandonado y me encontraba enfrente de ese ser. Era tenebroso aunque por mucho yo era más alto que él.
Pero eso no importaba al ver esos ojos penetrantes y de muy mal gusto. Lo único que pasaba por mí mente era el cómo salir de esa casa.
Solo contaba con la ayuda que Dios pudiera prestarme y claro que lo hizo, de mi boca salieron algunas palabras con las que intentaba salvarme.
—Fantasma,—mi voz había cambiado de tono, ahora hablaba con una gran dulzura y tomando la actitud de vencido—¿Podrías irte de esta casa?
Él comenzó a reír lo que me provocó desconcierto pero en ningún momento dejé de sentir temor.
Me miró y se limitó a responder—No me iré, quiero el dinero de esta familia.
La respuesta me dejó mudo, aunque ya me había quedado sin palabras después de verlo. La situación era complicada, algunos miembros de la familia comenzaban a asomarse desesperados. Y yo no deseaba perder mi reputación aunque por dentro solo quería salir corriendo sin importar que me dedicara a buscar trabajo.
Me emocioné después de que se me ocurriera una idea. Era una mezcla de alegría con aventura y de enojo con satisfacción.
—¡Por favor!—Exclamé en voz baja.—¡Ayúdame! Sal de esta casa y te daré la mitad de lo que me paguen.
—Es una buena oferta.—Pareció agradarle lo que le propuse.—Creo que esta casa no es mi estilo, aceptaré el dinero y me iré a otra.
—Muy bien, ahora sal tranquilamente y espérame. Yo saldré con el dinero y te daré tu parte.
El fantasma me hizo caso, mientras lo observaba salir solo me preguntaba cómo era posible que un espíritu buscara dinero.
Llamé a la familia para comunicarles mi logro, para ello puse en mi rostro una gran sonrisa. Todas las señoritas me abrazaron mientras la señora de la casa verificaba la autenticidad de mis palabras.
Al corroborar que el fantasma ya no estaba, me agradeció e invitó a cenar. Yo como todo un caballero me ví en la necesidad de aceptar.
Mientras disfrutábamos de un delicioso pan y un caliente y apetitoso café, la señora de nombre Martha, me comentaba lo acontecido días antes de que yo llegara.
—¡Era espantoso!—Lloraba mientras recordaba.—Todos los objetos salían volando y él no paraba de decir que nos fuéramos de la casa.
Era tanta la desesperación que dudamos en hacerle caso. Pero hoy gracias a Dios y al trabajo de usted ya se ha ido.
No me gusta tomar méritos que no me corresponden pero sus palabras eran tan profundas e inevitables para no ser tomadas en cuenta.
Yo aún tenía una duda que pasaba por mi mente mientras miraba la ventana ¿El fantasma seguria afuera? Muchas respuestas pasaban por mi mente pero para tener la correcta tenía que salir y verificarlo.
—Señora, me temo que tengo que retirarme y dejar de disfrutar de su compañía.—Trataba de ser lo más agradable posible para conseguir un bono extra en el pago.—Además quisiera que fueran a dormir, esta noche por fin lo harán tranquilos.
La respuesta de la dama fue tan agradable como esperaba, ella cumplió su parte y me pagó mientras se despedía de mi de una manera muy educada.
Al abrir la puerta y ver al fantasma sentado en la banqueta mis reflejos salieron a flote para bloquear la mirada de mi acompañante. Le pedí que hasta ahí me dejara y al ver que comprendió me apresuré a cerrar la puerta.
Enseguida me acerqué al fantasma y cuando notó que lo hacía se levantó y me miró fríamente.
Con timidez me acerqué a él y le dije.—Aquí está la parte que te corresponde según nuestro acuerdo.
—Espero que este completo.—Decía como estrategia para interrogarme y delatarme en caso de intentar estafar.—¡Hay pero que lejos estoy de encontrar una gran fortuna!
Al oírle decir eso mientras miraba el cielo comprendí que no era tan malo como pensé al inicio, recordé mi duda y se la hice saber.
Al escucharme él me respondió.
—Te contaré.—Notó que el interés fluía por mi.—Me llamo Ricardo o al menos por este nombre me conocían cuando no era un fantasma. Yo era administrador, contador e incluso daba clases en una universidad. Mi vida siempre fue tranquila y vivía feliz. Lo hacía en un departamento en el sur de esta ciudad, vivía solo pues nunca me casé y por supuesto tampoco tuve hijos. Siempre tuve la prioridad de hacer una gran fortuna aunque algunos me llamaran avaro. Pero gracias a eso logré juntar una gran cantidad de dinero que guardaba en mi departamento.
Un día calló un billete de mi bolsillo cuando transitaba en un puente, me agache para tratar de tomarlo y cai del puente.. Morí entonces.—se detuvo de repente.—La siguiente parte es algo difícil de entender. Recuerdo que pasé por el llamado túnel de la luz y al final llegué a lo que siento es el cielo. Ahí alguien me atendió y me pidió que dejara todos los rencores y el apego a lo material, pero yo me rehuse abogando por mi dinero y que aún deseaba tener más. Al escuchar esto mi anfitrión dió la indicación que de esa forma no podía estar ahí y que ahora mi espíritu vagaria hasta abandonar el apego al dinero.
Al escucharlo narrar su historia comprendí que era alguien agradable y muy similar a mi. Así que me alegré de conocerle y le propuse un trato.
—Podríamos hacer dinero juntos, haciendo lo mismo de esta noche con muchas personas.
Él me miró, sonrió y aceptó encantado después de pensarlo un poco, al instante nos dimos la mano en señal de compañerismo y compromiso al trato.
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Editado: 25.03.2025