Contigo Nada. Sin Ti... Peor.

capítulo 3

CAPITULO 3

 

 

 

 

Haré un resumen de los eventos ocurridos hasta 1997 pues a pesar de ser una época muy feliz para mí, sería demasiado describirlos a detalle: Mis encuentros con Axel continuaron normalmente durante nuestros periodos vacacionales. Siempre nos encontrábamos ansiosos por comernos a besos pero, para mi infortunio, no daba rienda suelta a la pasión que sentía por mí. A partir de que cumplí dieciocho años, y comprendiendo que ya no era una niña, nuestros encuentros predecían que la entrega iba a resultar espectacular. Mientras me tocaba sobre la ropa repetía jadeante: -Quisiera llevarte lejos... A un lugar donde pudiéramos estar solos y del que no volviéramos jamás. -El tono y la intención de su voz me hacían estremecer. -Quiero hacerte mía... -Sus manos me estrujaban completa. Me apelmazaba fuertemente a su cuerpo, tanto, que podía en mis senos los latidos de su corazón. Algunas veces, los escuché: fuertes, agitados. Podía volverme loca sintiéndolo tomarme por los costados de la cadera y arrastrarme hacia él. Me encantaba sentir sus manos sujetándome desesperadamente, casi incrustándome los dedos, mientras me besaba. Deseaba arrebatarle la ropa y que él arrebatara la mía. Soñaba que lo hacía: Me aventaba hacia una cama vaporosa, como hecha de nubes y desgarraba mi vestido. Abría mis piernas tal como hiciera aquella, nuestra memorable noche y se posaba sobre mí arrebatada y apasionadamente. Despertaba sudando, con la emoción recorriendo mi cuerpo. A veces, me avergonzaba de dichos sueños. En la realidad su caballerosidad imperaba incansablemente, cosa que yo lamentaba mucho, pues deseaba cada vez más que me tomara. Lo deseaba locamente. La piel tibia y los músculos de su pecho, espalda y su miembro rígido, que acariciaba sobre su pantalón, era lo único que mis manos conocían. Salimos en un par de citas pero la sensación de que alguien pudiera vernos no nos permitía disfrutarnos totalmente. En una ocasión, cuando yo tenía diecinueve años, me inventé un plan con ayuda de mis amigas Fernanda y Pamela, que habían ido conmigo a Chiapas, y pude escaparme so pretexto de una tarea de investigación a Palenque. Ahí nos encontramos y estuvimos juntos todo el fin de semana. Dormimos juntos dos noches. La primera, tuvimos contacto pero se contuvo, como siempre, aunque nuestros cuerpos ardían por fundirse. Comenzaba a provocarme frustración. No entendía cómo era que me hacía sentir que me deseaba delirantemente y no se decidía a ir más allá. Dormí para no pensar en la tentación que me representaba el cuerpo ajeno. La segunda noche fue diferente. Sentir la protección de sus brazos, el calor y el olor a limpio y a colonia masculina que su cuerpo despedía, despertó mis sentidos. Las frases y promesas de amor que nos profesamos esa noche, nos llevaron a sellarlas con besos que dieron paso a la pasión. Sus ojos recorrían mi cuerpo enfundado en un pijama de camiseta y short. Sus manos palparon mis piernas mientras su boca me perdía recorriendo mi cuello y mis hombros. Me sorprendió sentir sus manos tocando mis nalgas para montarme sobre él. Me acomodó encima de su miembro rígido. Sus manos en mi cadera, comenzaron a mecerme. La ropa me estorbaba. Me abalancé sobre él besándole el cuello. Lo lamí golosamente. Lo escuché emitir un gemido y me encabrité. Puse sus manos en mis senos y los amasó extasiado. Me quitó la camiseta y lamió y mordió mis pezones. La posición que teníamos y la fricción de nuestros cuerpos comenzó a resultarme placentera. Instintivamente, mi cuerpo se movía sobre el suyo. Axel cerraba los ojos en clara señal de placer y sus manos apretaron de nuevo mis nalgas. Me sorprendió escuchar mis propios gemidos y sentirme tan fuera de mí pero no me importó, solo quería, necesitaba estar moviéndome de esa manera aguerrida sobre su cuerpo. De pronto, una corriente extraña, poderosa, sublime, comenzó a formarse en mi vientre hasta explotar dentro de mí, en mi vagina, provocando que mi espalada se arqueara y que mis gemidos salieran de control. Después de la descarga, una calma se apoderó de mí y caí rendida en su pecho. Me abrazó y besó mi frente. Sentimos la humedad en mi ropa interior. Me avergoncé.

-Creo que te provocamos un orgasmo.

-¿Tú también tuviste uno?

-No. Pero disfruté mucho verte y sentirte. Eres hermosa. Me encantan tus gemidos. Hasta eso es perfecto en ti.

-Quiero que me hagas el amor. No puedo más, Axel. Lo necesito…

Quitó el cabello de mi rostro y acariciando mis brazos, respondió: -Yo también lo deseo, mi princesa. Tu cuerpo me vuelve loco. Ansío recorrerte toda. ¡Es tremendo verte tan dispuesta! Tenerte desnuda, rendida, así como hace un momento pero ya de verdad en una entrega total, ha sido mi anhelo desde hace mucho tiempo. Deseo que me sientas. Deseo poseerte, Naomi… Deseo hacerte el amor y gritarle al mundo entero que te he hecho mía. Que eres mía, solo mía… -Me besó de nuevo y antes de que las cosas se calentaran de nuevo, me abrazó inocentemente, me besó la frente y cerró los ojos, dejándome engolosinada con aquella sensación. Cuando nos encontrábamos en una alberca o río, se acercaba a mí y acariciaba mis piernas, debajo del agua. Me encantaba tener sus manos tocando mi piel tan descaradamente. Mis manos alargadas y delgadas se perdían en sus grandes manos. Ese simple hecho me excitaba.




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