Contra El Viento

Notas del autor

Durante mucho tiempo pensé que algún día tendría que contar mi historia, aunque nunca imaginé que terminaría haciéndolo así.

De niño no sabía nada de libros, de publicaciones ni de lectores. Sabía de otras cosas: sabía lo que era esconderse bajo una cama mientras afuera retumbaban los disparos; sabía lo que era crecer con poco y aun así encontrar la manera de reírse; y sabía lo que era mirar a mi madre y prometerme que un día le daría una vida distinta.

Durante años creí que ese era mi único propósito: ser alguien, tener éxito, comprarle una casa a mi mamá y no rendirme jamás. Era un sueño sencillo visto con ojos de niño. El problema es que los sueños cambian al crecer y, a veces, dejan de ser anhelos para convertirse en obsesiones. Quería llegar. Quería demostrar que podía hacerlo y huir de todo lo que alguna vez me hizo sentir insuficiente.

En ese trayecto me crucé con personas que también soñaban, pero que ya no estaban viviendo: algunas morían antes de tiempo, otras pasaban la vida persiguiendo metas que jamás disfrutaban y otras sencillamente desaparecían en el olvido. Llegué a compartir basureros con gente que alguna vez tuvo sueños y terminó siendo olvidada. Comprender que yo no era tan distinto de ellos me sacudió: la única diferencia era que yo todavía seguía corriendo. Fue entonces cuando apareció la pregunta que me tomó años responder: ¿para qué quería llegar tan lejos si en el camino podía perder a las personas por las que había empezado a caminar?

Hubo un momento en mi vida en el que incluso hablé con la muerte. No le tenía miedo; durante mucho tiempo pensé que morir era simplemente otra posibilidad de la vida. Pero aquella conversación me enseñó algo que no había entendido antes: la muerte merece respeto porque no negocia con nuestros planes. Después de eso, las cosas pequeñas cobraron otro peso: una conversación, una comida, una tarde cualquiera, la mano de alguien que te sostiene.

Pensé de nuevo en mi madre. Durante años me repetí que quería comprarle una casa como pretexto para no rendirme, pero un día entendí algo que dolió más que cualquier fracaso: persiguiendo el éxito, nunca supe lo que era ir a un parque tomado de su mano. Yo quería darle un techo, pero ella solo quería tenerme a mí. Esa diferencia lo cambió todo. Podemos pasar la vida construyendo algo para quienes amamos y, sin darnos cuenta, terminar demasiado lejos de ellos.

Escribí Contra el viento por eso. No solo por mí, sino por todos aquellos que intentan conseguir algo y sienten que nadie los entiende; por quienes fracasaron, por quienes siguen luchando en silencio y por quienes tuvieron que guardar sus sueños para poder sobrevivir primero. Y también por quienes, concentrados en alcanzar una meta, han olvidado mirar a las personas que caminan a su lado.

No sé si este libro tenga todas las respuestas. Probablemente no, pero sí conserva al niño que fui, al muchacho que intentó sobrevivir y al hombre que todavía aprende lo que significa vivir. No es una historia extraordinaria: es simplemente mi historia, imperfecta como todas las que valen la pena.

Antes de que comiences a leer, solo quiero dejarte una idea: no te conviertas en un extraño para las personas que amas mientras intentas convertirte en alguien para el mundo.

Todavía estoy aprendiendo eso. Tal vez por eso escribí estas páginas: porque mientras intentaba llegar a algún lugar, descubrí que lo más importante no era la meta, sino no olvidar a quién quería llevar conmigo.

Richter Benz




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