Valeria no imaginaba que un simple mensaje cambiaría tantas cosas en su
vida.
Una tarde, Sofía, una de sus amigas más cercanas, le escribió para decirle
que quería presentarle a alguien. Valeria no le dio mucha importancia al
principio. Después de todo, seguía cargando heridas de una relación pasada
y no estaba segura de querer conocer a otra persona.
Aun así, aceptó.
Ese alguien era Mateo.
Al principio comenzaron a hablar como dos desconocidos que intentaban
conocerse. Los mensajes se volvieron parte de sus días. Compartían
historias, gustos, sueños y pequeñas cosas que parecían insignificantes pero
que poco a poco los fueron acercando.
Pasó un mes entero hablando con él. Un mes en el que las conversaciones
dejaron de ser simples mensajes para convertirse en algo que ambos
esperaban cada día.
Entonces llegó el momento de verse por primera vez.
Valeria estaba nerviosa. No sabía qué esperar. Pero cuando lo vio llegar con
unas flores en las manos sintió algo diferente.
Mateo la llevó a un centro comercial. Hablaron, caminaron y rieron durante
horas. Todo parecía fluir de una forma natural, como si se conocieran desde
mucho tiempo atrás.
Más tarde compartieron un helado mientras seguían conversando sobre sus
vidas. Fue entonces cuando Mateo tomó valor y le hizo una pregunta que
cambiaría el rumbo de ambos.
—¿Quieres ser mi novia?
Valeria sintió que su corazón se aceleraba.
Y aunque tenía miedo, respondió que sí.
Sin saberlo, ese fue el comienzo de una historia que pondría a prueba sus
sentimientos muchas veces.