A la mañana siguiente llegó la mamá de Mateo.
Ella estaba muy molesta con todo lo que había ocurrido.
Valeria apenas podía levantar la mirada.
Sentía vergüenza.
Sentía miedo.
Y sentía que cada vez más personas estaban decepcionadas de ella.
Horas después fueron a la casa de la tía de Valeria.
Allí las familias hablaron.
Intentaron encontrar una solución.
Y en medio de la conversación alguien le hizo una pregunta.
—¿Quieres seguir con Mateo?
Valeria guardó silencio.
Lo amaba.
Lo amaba más de lo que podía explicar.
Pero sus emociones estaban completamente desordenadas.
La presión.
Los problemas familiares.
El miedo.
Todo estaba mezclado dentro de ella.
Por eso respondió algo que ni siquiera estaba segura de sentir.
—Creo que necesito un tiempo.
Al escuchar esas palabras, Mateo sintió que su corazón se rompía.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
Y aunque intentó mantenerse fuerte, no pudo evitar llorar.
Valeria también lloró.
Porque en realidad no quería alejarse de él.
Solo estaba asustada.
Pero a veces el miedo nos hace tomar decisiones que no representan lo que
realmente sentimos.
Al día siguiente regresó a su casa.
Sin embargo, los problemas no terminaron.
Durante varios meses tuvo que soportar la actitud de su mamá.
Las discusiones.
Los silencios.
Y el peso de una decisión que nunca estuvo segura de querer tomar.
Con el paso de los días, Valeria comenzó a darse cuenta de algo.
Se había equivocado.
No había pedido tiempo porque hubiera dejado de amar a Mateo.
No había pedido tiempo porque quisiera alejarse de él.
Lo había hecho porque estaba agotada emocionalmente.
Porque sentía demasiada presión.
Porque el miedo había tomado el control de sus pensamientos.
Cada noche recordaba aquel momento.
Recordaba sus lágrimas.
Recordaba el dolor en sus ojos.
Y cada vez que lo hacía, el arrepentimiento crecía dentro de ella.
Si pudiera regresar el tiempo, habría respondido diferente.
Porque en el fondo de su corazón seguía sintiendo lo mismo.
Seguía amándolo.
Y aunque intentaba convencerse de que había tomado la mejor decisión, una
parte de ella sabía la verdad.
Había alejado a la persona que más amaba en el momento en que más
necesitaba tenerla cerca.
Sin darse cuenta, aquella decisión se convertiría en uno de los mayores
arrepentimientos de su vida.