Contra Todo, Contigo

Un amor que nunca se apagó

Los días pasaban lentamente.
Valeria sentía que el tiempo ya no avanzaba igual desde aquella reunión en la que,
por miedo, había pedido un tiempo.
Cada noche recordaba el rostro de Mateo lleno de lágrimas.
Aquella imagen no dejaba de perseguirla.
Cuando por fin su mamá decidió devolverle el celular, Valeria sintió una mezcla de
emoción y nervios.
Durante varios minutos solo observó la pantalla.
Había una persona a la que quería escribirle antes que a cualquiera.
Mateo.
Sus dedos temblaban.
No sabía si él aún querría hablar con ella.
No sabía si todavía estaría enojado.
No sabía si ya era demasiado tarde.
Después de respirar profundamente escribió un pequeño mensaje.
—Hola...
Los minutos parecían horas.
Hasta que el celular vibró.
—Hola, Vale.
Solo leer aquellas dos palabras hizo que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Él seguía ahí.
Seguía contestándole.

Seguía siendo el mismo muchacho que nunca había dejado de preocuparse por ella.
—¿Cómo has estado? —preguntó él.
Valeria sonrió con tristeza.
—La verdad... te he extrañado mucho.
Mateo tardó unos segundos en responder.
—Yo también.
Hubo un largo silencio.
Los dos tenían tantas cosas por decir que ninguna palabra parecía suficiente.
Finalmente Valeria escribió.
—Quiero pedirte perdón.
—¿Por qué?
—Por todo.
—Por haberte hecho llorar.
—Por haberte pedido un tiempo.
—Por todas las veces que te hice sentir que no eras suficiente.
Mateo respiró profundamente antes de responder.
—Nunca dejé de amarte.
Valeria llevó una mano a su boca para contener el llanto.
Durante todo ese tiempo había pensado que él la había olvidado.
Pero no.
Él seguía amándola.
—Yo tampoco dejé de amarte.

Esa noche hablaron durante horas.
Recordaron su primera cita.
Las flores.
El helado.
Las risas.
Los abrazos.
Y aunque todavía no podían volver oficialmente, ambos prometieron algo.
No volverían a rendirse tan fácilmente.
Sin embargo, había un problema que seguía presente.
La mamá de Valeria.
Ella seguía teniendo miedo.
Miedo de volver a decepcionarla.
Miedo de que todo terminara otra vez.
Por eso decidió esperar.
Mateo entendía su situación.
Aunque por dentro deseaba poder tomarla de la mano sin esconderse.
Los días continuaron.
Seguían hablando.
Seguían riendo.
Seguían diciéndose "te amo".
Pero también sentían una tensión que ninguno se atrevía a mencionar.
Ambos querían que las cosas cambiaran.

Ambos soñaban con poder vivir su relación sin miedo.
Solo que ninguno sabía cuánto tiempo tendrían que esperar.




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