Después de tantos meses de dificultades, Valeria y Mateo sentían que, poco a poco,
estaban recuperando la confianza que tanto les había costado reconstruir.
Las discusiones habían disminuido.
Las llamadas volvían a terminar con un "te amo".
Y, por primera vez en mucho tiempo, ambos sentían que todo comenzaba a mejorar.
Una noche, mientras hablaban, decidieron intercambiar las contraseñas de sus redes
sociales.
No fue porque desconfiaran el uno del otro.
Al contrario.
Era una forma de demostrar que entre ellos ya no existían secretos.
Durante los primeros días todo estuvo tranquilo.
Hasta que una tarde, mientras revisaba algunas conversaciones antiguas, Mateo
encontró unos mensajes que hicieron que el corazón se le acelerara.
Los leyó una y otra vez.
No podía creer lo que estaba viendo.
Inmediatamente llamó a Valeria.
Ella respondió con una sonrisa.
—Hola, amor.
Pero apenas escuchó su voz, comprendió que algo estaba mal.
—¿Qué pasó?
Mateo respiró profundamente.
—Encontré unas conversaciones que necesito que me expliques.
Valeria frunció el ceño.
—¿Qué conversaciones?
Él le envió unas capturas de pantalla.
Ella las abrió de inmediato.
Comenzó a leer.
Una.
Dos.
Tres veces.
Cada vez estaba más confundida.
—Mateo... no entiendo.
—¿Cómo que no entiendes?
—No recuerdo haber escrito eso.
Mateo guardó silencio.
—¿Me estás diciendo que no sabes de qué estoy hablando?
—Te lo juro... estoy igual de confundida que tú.
Valeria siguió leyendo los mensajes.
Intentaba recordar cuándo habían ocurrido.
Pero por más que lo intentaba, no encontraba ninguna explicación.
De repente recordó algo.
Tiempo atrás, una de sus amigas tenía acceso a sus cuentas.
Confiaba tanto en ella que nunca imaginó que pudiera hacer algo sin su permiso.
Sin perder tiempo, le escribió.
—Necesito que me respondas con la verdad.
La amiga respondió unos minutos después.
—¿Qué pasó?
Valeria respiró hondo antes de escribir.
—¿Tú escribiste esas conversaciones desde mi cuenta?
Pasaron unos segundos que parecieron eternos.
Hasta que apareció la respuesta.
—Sí...
Valeria sintió que el corazón se le detuvo.
—¿Qué?
—¿Por qué hiciste eso?
La amiga respondió.
—Porque quería vengarme de mi ex.
—Sabía que él iba a leer esos mensajes y actué sin pensar.
—Perdón... nunca imaginé que eso te fuera a traer tantos problemas.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Valeria.
No podía creer que alguien en quien había confiado hubiera usado su cuenta sin
decirle nada.
Tomó una captura de toda la conversación y se la envió inmediatamente a Mateo.
Él la leyó en silencio.
Cuando terminó, levantó la mirada hacia la pantalla.
—Entonces... ¿tú no sabías nada?
Valeria negó con la cabeza.
—Te lo juro, Mateo.
Si hubiera sabido lo que hizo, jamás lo habría permitido.
Nunca jugaría con tu confianza.
Mateo respiró profundamente.
Sentía alivio al saber la verdad, pero también rabia por todo el daño que aquella
situación había causado.
—Perdóname por dudar de ti.
Valeria sonrió entre lágrimas.
—Entiendo por qué lo hiciste.
Yo también habría reaccionado igual.
Esa noche hablaron durante horas.
Aunque el problema había encontrado una explicación, las heridas tardarían un
tiempo en sanar.
Pero ambos estaban dispuestos a seguir luchando por el amor que habían construido
juntos.