Contra Todo, Contigo

Cuando los dos se rompieron

Después de todo lo que habían vivido, Valeria y Mateo creían que por fin habían
dejado atrás las discusiones.
La confianza comenzaba a regresar.
Las llamadas volvían a ser largas.
Y, aunque todavía existían algunos miedos, ambos estaban convencidos de que nada
volvería a separarlos.
Pero estaban equivocados.
Una tarde, mientras revisaba la cuenta de Mateo, Valeria encontró algo que hizo que
su corazón se detuviera por un instante.
Al principio pensó que estaba entendiendo mal.
Volvió a leer.
Después volvió a mirar.
Y nuevamente sintió ese mismo vacío en el pecho.
Había publicaciones, búsquedas y contenido de otras chicas que ella interpretó de una
manera que le dolió profundamente.
No entendía por qué las estaba viendo.
No entendía qué significaban.
Y, aunque intentaba convencerse de que seguramente había una explicación, los
sobrepensamientos comenzaron a invadir su mente.
"¿Será que ya no soy suficiente?"
"¿Será que ya no le gusto?"
"¿Y si se está fijando en alguien más?"

Durante varios días guardó silencio.
Sonreía cuando hablaba con él, pero por dentro estaba completamente rota.
No quería iniciar otra discusión.
No quería volver a perder la tranquilidad que tanto les había costado recuperar.
Así que decidió callar.
Pero el dolor seguía creciendo.
Finalmente, una noche, no pudo seguir ocultándolo.
—Mateo...
—¿Sí, amor?
—Necesito preguntarte algo.
Él notó que su voz era diferente.
—¿Qué pasó?
Valeria respiró profundamente.
—Encontré unas cosas en tu cuenta.
Mateo guardó silencio.
—¿Qué cosas?
Ella le explicó todo lo que había visto.
Mientras hablaba, las lágrimas comenzaban a caer por su rostro.
—No entiendo por qué estabas viendo ese tipo de contenido.
Mateo escuchó atentamente.
Después de unos segundos respondió.
—Vale... nunca quise hacerte daño.

—No significan nada para mí.
Ella bajó la mirada.
Quería creerle.
Y, aunque aquellas imágenes seguían dándole vueltas en la cabeza, decidió confiar
una vez más.
Pensó que lo mejor era dejar ese tema atrás.
Pero el destino todavía tenía preparada otra prueba.
Días después, Mateo descubrió algo que jamás imaginó.
Era una mentira.
Una mentira muy delicada.
Cuando escuchó la verdad, sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.
No podía creer que Valeria hubiera vuelto a ocultarle algo tan importante.
La llamó de inmediato.
—¿Es verdad?
Ella guardó silencio.
Las lágrimas comenzaron a caer antes de responder.
—Sí...
Mateo sintió una mezcla de tristeza, rabia y decepción.
—¿Por qué?
—¿Por qué otra vez?
Valeria apenas podía hablar.
—Tenía miedo.
—Siempre es el miedo, Vale.

—Pero ese miedo siempre termina haciéndonos daño a los dos.
Durante varios minutos discutieron.
Mateo ya no podía soportarlo.
Sentía que cada vez que lograban salir adelante aparecía un nuevo problema.
Finalmente dijo unas palabras que Valeria nunca quiso escuchar.
—Creo que hasta aquí llegamos.
El mundo de Valeria se vino abajo.
No quería perderlo.
No otra vez.
Esa misma semana decidieron verse.
Cuando estuvieron frente a frente, Valeria apenas pudo contener las lágrimas.
Lo miró fijamente.
Después bajó la cabeza.
Y, sin importarle nada más, se arrodilló frente a él.
Mateo dio un paso hacia atrás, sorprendido.
—Vale... ¿qué haces?
Ella lloraba sin poder detenerse.
—Perdóname.
—Por favor.
—No quiero perderte.
—Sé que me equivoqué.
—Sé que te lastimé.

—Pero te amo con todo mi corazón.
—Daría cualquier cosa por reparar el daño que te hice.
Mateo sintió que el corazón le dolía al verla así.
Nunca había querido verla sufrir de esa manera.
Se agachó inmediatamente y la ayudó a levantarse.
—No vuelvas a hacer eso.
Ella negó con la cabeza mientras seguía llorando.
—Solo quería que entendieras cuánto lo siento.
Él la abrazó con fuerza.
Los dos permanecieron en silencio durante varios minutos.
Finalmente, Mateo habló.
—Te perdono.
Valeria rompió en llanto.
Sintió que volvía a respirar.
Pensó que todo había terminado.
Pero cuando llegó el momento de despedirse, Mateo la llamó nuevamente.
—Vale...
Ella se giró para mirarlo.
Él respiró profundamente antes de hablar.
—Necesito un tiempo.
Aquellas cuatro palabras atravesaron el corazón de Valeria.
Intentó sonreír.

No quería que él viera cuánto le dolía.
—Lo entiendo...
Respondió con la voz entrecortada.
Se despidió de él con un abrazo.
Esperó a que se alejara.
Y solo cuando ya no podía verla, las lágrimas comenzaron a caer sin control.
Aquella noche lloró hasta quedarse dormida.
No sabía cuánto duraría ese tiempo.
Solo sabía una cosa.
Seguía amándolo con la misma intensidad que el primer día.
Y el miedo de perderlo volvió a instalarse en su corazón.




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