Después de tantos meses de miedo, discusiones y lágrimas, por fin llegó el día que
tanto habían esperado.
Valeria le había dicho a su mamá que Mateo quería hablar con ella y, aunque al
principio parecía imposible, ella aceptó.
Sin embargo, el día que habían acordado no pudo llevarse a cabo porque Mateo tuvo
que viajar con su familia.
Los dos sintieron una gran tristeza, pero decidieron esperar una semana más.
Cuando por fin llegó el nuevo día, los nervios comenzaron desde muy temprano.
Mateo llegó primero a la pizzería del cuñado de Valeria.
Entre sus manos llevaba un hermoso ramo de flores para ella y una caja de postres
que había comprado como un detalle para la mamá de Valeria.
Mientras esperaba, no dejaba de mirar la puerta.
Su corazón latía con fuerza.
Sabía que aquella conversación era una de las más importantes de su vida.
Minutos después apareció Valeria.
Cuando lo vio con aquel enorme ramo de flores, no pudo evitar sonreír.
Mateo caminó hacia ella y, sin decir una palabra, le entregó las flores.
—Estas son para ti.
Valeria las recibió con mucho cuidado.
Nunca antes le habían regalado un ramo tan bonito.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Están hermosas... muchas gracias.
Mateo sonrió.
—Llevaba mucho tiempo queriendo dártelas.
Ella lo abrazó con fuerza.
Por unos segundos olvidaron todos los problemas que habían vivido.
Después, Mateo levantó la caja que llevaba en la otra mano.
—Y estos postres son para tu mamá.
—Quiero agradecerle que haya aceptado hablar conmigo.
Valeria sonrió.
Sabía que ese detalle demostraba el respeto que él sentía por su familia.
Los dos entraron a la pizzería.
El ambiente estaba lleno de nervios.
La mamá de Valeria ya se encontraba allí.
Cuando vio llegar a Mateo, su expresión fue completamente seria.
No sonrió.
Ni lo saludó con cariño.
Simplemente lo miró y esperó a que hablara.
Mateo respiró profundamente.
—Buenas tardes, señora.
Antes que nada, quiero darle las gracias por aceptar hablar conmigo.
Sé que muchas cosas no se hicieron bien y entiendo por qué desconfía de mí.
Solo quiero que me permita demostrarle que mis intenciones con Valeria siempre han
sido sinceras.
Durante varios minutos le habló con respeto.
Le explicó cuánto quería a Valeria, los planes que tenía con ella y el compromiso que
sentía con la relación.
La mamá de Valeria escuchó cada palabra sin interrumpirlo.
Su rostro seguía siendo serio.
Todavía había muchas dudas en su corazón.
Cuando Mateo terminó de hablar, le entregó la caja de postres.
—Señora, esto es un pequeño detalle para usted. Espero que lo reciba con mucho
cariño.
Ella tomó la caja y, aunque seguía siendo muy seria, le dio las gracias.
Después de varios minutos de conversación, el ambiente comenzó a tranquilizarse.
La mamá de Valeria respiró profundamente.
—Voy a darles una oportunidad.
Pero espero que ambos valoren la confianza que les estoy dando.
Valeria sintió un enorme alivio.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
Mateo la miró y sonrió.
Después de tantos meses de obstáculos, por fin podían dejar de esconder un amor que
nunca dejó de ser verdadero.
Aquel día, entre un ramo de flores, una caja de postres y una conversación llena de
sinceridad, comenzó una nueva etapa para los dos.
Una etapa que les demostraría que, cuando el amor es verdadero, vale la pena luchar
por él incluso en los momentos más difícile