Contra Todo, Contigo

Cuando la esperanza volvió a aparecer

Después de aquel día en el que Mateo decidió darle otra oportunidad a la relación,
Valeria sintió que podía volver a respirar.
Sin embargo, la tranquilidad duró muy poco.
Al día siguiente, su mamá descubrió que ella tenía nuevamente un celular.
Sin darle tiempo para explicarse, se lo quitó de las manos.

—No te lo voy a entregar todavía —dijo con firmeza.
Valeria bajó la cabeza.
No discutió.
Sabía que hacerlo solo empeoraría las cosas.
Pero por dentro sentía que el mundo volvía a derrumbarse.
Aquella noche lloró en silencio.
Extrañaba hablar con Mateo.
Extrañaba contarle cómo había estado su día.
Extrañaba escuchar su voz antes de dormir.
Los días comenzaron a pasar lentamente.
Aunque ya no tenía celular, encontró otra forma de comunicarse con él.
Cada vez que llegaba del trabajo y tenía un momento libre, encendía el computador.
Desde allí le escribía.
No podían hablar durante horas como antes.
Muchas veces solo intercambiaban unos cuantos mensajes.
Pero para ellos era suficiente.
Una noche, mientras hablaban por el computador, Valeria decidió decir lo que llevaba
mucho tiempo guardando.
—Mateo...
—¿Sí?
—Ya no quiero seguir escondiendo nuestra relación.
Él permaneció en silencio unos segundos.
—Yo tampoco.

Valeria respiró profundamente.
—Creo que ya es momento de que hables con mi mamá.
Mateo leyó el mensaje varias veces.
Llevaba meses esperando esas palabras.
—¿Estás segura?
—Sí.
—Tengo miedo, pero ya no quiero seguir viviendo así.
Mateo sonrió frente a la pantalla.
—Entonces hagámoslo.
Al día siguiente, Valeria reunió el valor para hablar con su mamá.
Con la voz temblando le preguntó si permitiría que Mateo hablara con ella.
Su mamá permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente respondió:
—Está bien.
Que venga este fin de semana.
Valeria sintió una felicidad que hacía mucho tiempo no experimentaba.
En cuanto tuvo la oportunidad, corrió al computador y le escribió a Mateo.
Él respondió casi de inmediato.
—No sabes lo feliz que me hace leer eso.
Durante toda la semana los dos estuvieron nerviosos.
Imaginaban una y otra vez cómo sería aquella conversación.
Pero cuando por fin llegó el día, ocurrió algo inesperado.

Mateo tuvo que viajar con su familia y ya no pudo asistir.
Los dos sintieron una enorme desilusión.
Habían esperado ese momento durante meses.
Sin embargo, decidieron no rendirse.
Una semana después volvieron a organizar el encuentro.
Aquella tarde, Mateo llegó primero a la pizzería del cuñado de Valeria.
Entre sus manos llevaba un hermoso ramo de flores.
También llevaba una caja de postres para la mamá de Valeria.
Cuando ella llegó y lo vio esperándola, no pudo evitar sonreír.
Mateo caminó hacia ella.
Sin decir una sola palabra, le entregó el ramo.
—Estas son para ti.
Valeria lo recibió con las manos temblando.
Era el ramo más bonito que había recibido en toda su vida.
—Gracias...
—Están hermosas.
Mateo sonrió.
—Llevaba mucho tiempo esperando poder dártelas.
Después levantó la caja de postres.
—Y esto es para tu mamá.
—Quiero agradecerle que haya aceptado hablar conmigo.
Valeria sintió que su corazón se llenaba de tranquilidad.

Sabía que aquel detalle demostraba el respeto que Mateo sentía por su familia.
Poco después llegó su mamá.
Al verlo, su expresión fue completamente seria.
No sonrió.
Ni lo saludó con la misma cercanía que él esperaba.
El ambiente estaba lleno de tensión.
Mateo respiró profundamente antes de comenzar a hablar.
Con mucho respeto le pidió disculpas por los errores del pasado.
Le explicó cuánto amaba a Valeria y le aseguró que su intención siempre había sido
cuidarla y hacerla feliz.
La conversación fue larga.
Hubo momentos de silencio.
Momentos de nervios.
Y también momentos en los que parecía que todo podía salir mal.
Pero, poco a poco, las palabras sinceras de Mateo comenzaron a cambiar el ambiente.
Al terminar la conversación, la mamá de Valeria respiró profundamente.
—Voy a darles una oportunidad.
Pero espero que los dos sepan valorar la confianza que les estoy dando.
Valeria sintió que las lágrimas recorrían su rostro.
Después de tantos meses de obstáculos, por fin podían dejar de esconder un amor que
nunca dejó de ser verdadero.
Aquella tarde comprendieron que el amor no solo se demuestra con palabras.
También se demuestra con paciencia, respeto y el valor de luchar, incluso cuando el
camino parece imposible




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