Contra Todo, Contigo

Una nueva etapa

Después de que la mamá de Valeria aceptara la relación, ella pensó que todo sería
diferente.
Creía que, por fin, podrían recuperar el tiempo perdido.
Que volverían esas largas conversaciones hasta la madrugada, las llamadas
interminables y los mensajes que los hacían sonreír durante todo el día.
Pero la realidad fue distinta.
Como todavía no le devolvían el celular, la única forma de hablar era por el
computador.
Y no siempre podían hacerlo.
Valeria trabajaba durante el día y, cuando llegaba a casa, muchas veces estaba
cansada.
Mateo también tenía sus responsabilidades.
Los horarios ya no coincidían.
Las conversaciones se hicieron más cortas.
A veces solo alcanzaban a preguntarse cómo había estado el día del otro antes de
tener que despedirse.
Los dos se extrañaban.
Pero ninguno quería convertirse en una carga para el otro.
Un miércoles, Valeria le pidió permiso a su mamá para salir un rato con Mateo.
Para su sorpresa, ella aceptó.
Desde que recibió el permiso, no dejó de pensar en ese momento.
Habían pasado varios días desde la última vez que se vieron.
Lo extrañaba más de lo que podía explicar con palabras.
Cuando llegó al lugar donde habían quedado, comenzó a buscarlo con la mirada.

Y entonces lo vio.
Allí estaba.
Al verla, Mateo sonrió.
Valeria caminó rápidamente hacia él y, sin pensarlo, lo abrazó con todas sus fuerzas.
Cerró los ojos por unos segundos.
Había extrañado ese abrazo.
Extrañaba su perfume.
Extrañaba sentir que estaba cerca.
Por un instante sintió que todo volvía a estar bien.
—Te extrañé mucho —susurró.
Mateo la abrazó con cariño.
—Yo también.
Comenzaron a caminar juntos.
Hablaron del trabajo, de la familia y de las cosas que habían pasado durante esos días.
Intentaban sonreír.
Intentaban disfrutar el momento.
Pero Valeria no podía dejar de sentir que algo era diferente.
Mateo estaba más callado de lo normal.
Respondía con una sonrisa, pero ya no hablaba tanto como antes.
Había momentos en los que el silencio aparecía entre los dos.
Ella quiso preguntarle muchas veces si ocurría algo.
Pero el miedo la detuvo.

No quería empezar una discusión.
No quería presionarlo.
Prefirió guardar sus dudas.
Cuando llegó el momento de despedirse, volvió a abrazarlo.
Esta vez el abrazo duró un poco más.
Como si quisiera guardar ese instante para siempre.
Mientras regresaba a casa, una mezcla de emociones invadió su corazón.
Era feliz porque había podido verlo.
Pero, al mismo tiempo, sentía una tristeza que no lograba explicar.
Sabía que estaban pasando por una etapa diferente.
La distancia, la falta de tiempo y el no poder hablar como antes estaban afectando la
relación.
Esa noche, mientras miraba el techo de su habitación, no pudo evitar pensar una y
otra vez en él.
"¿Y si esta distancia termina alejándolo de mí?"
"¿Y si se cansa de esperar?"
"¿Y si un día decide irse?"
Solo de imaginarlo, las lágrimas comenzaron a caer.
Valeria sabía que lo amaba con todo su corazón.
Sabía que estaba dispuesta a esperar el tiempo que fuera necesario.
A luchar por ellos.
A seguir creyendo en el amor que habían construido.
Pero había algo que no dejaba de darle miedo.

No sabía si Mateo también tendría la fuerza para soportar esta nueva etapa.
No dudaba de su amor.
Dudaba del desgaste que podía causar la distancia.
Aun así, antes de quedarse dormida, hizo una promesa en silencio.
Mientras él siguiera tomando su mano, ella nunca dejaría de luchar por los dos.
Porque algunas historias de amor no se ponen a prueba cuando todo va bien.
Se ponen a prueba cuando el tiempo, la distancia y el silencio intentan separarlas.
Y Valeria esperaba, con todo su corazón, que la de ellos fuera una de esas historias
que logran vencerlo todo.




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