Emma
6 septiembre…- Sábado
22:00
Había puesto todos mis esfuerzos para parecer lo más decente posible dadas las circunstancias.
(No tenía ni unas bragas limpias).
Mi hermano había insistido en dejarme una camiseta de su equipo del instituto y mi madre había buscado unos vaqueros en el fondo de su armario.
Estaban bastante gastados y me los tenía que poner con un cinturón porque, si no, acababan por las rodillas.
Incluso les había dado una vuelta.
De todas formas, yo me los notaba un poco sueltos en las caderas.
Por suerte, mi madre había pedido cita con el doctor este mismo miércoles.
Por fin.
Lo que no me había contado mi madre es que nuestro vecino de al lado —hijo de su mejor amiga del instituto— era un auténtico gilipollas.
De estrangis, mi madre, mientras nos arreglábamos, me había contado que el verdadero motivo de esta cena aparentemente de bienvenida era reconciliar a Cole con Jason, ya que él llevaba "mala racha" y "necesitaba apoyo" de su amigo de casi toda la vida.
En mi opinión, lo que le faltaba era una buena hostia.
Y desde el momento en el que entré no me bastó ni dos segundos para averiguar sus intenciones.
Lo que buscaba era pelea.
Cada comentario que pronunciaba era para provocarlo.
Ya fuera atacándole a él.
Lo cual era inútil.
A mi hermano no le importaba nada lo que dijese o dejara de decir sobre él.
Pero si encontraba un blanco fácil en el que atacar para hacer daño...
Y más después de tantos años.
Por muy sereno que pareciese, sabía que era un tema bastante delicado.
Tal vez por eso mi corazón dio un salto en cuanto no dudó en defenderme, después de un largo e incómodo trayecto en coche completamente en silencio.
Por eso, en cuanto fuimos hacia la cocina —tras pensar varios segundos, insegura—, le susurré con un hilo de voz:
—Gracias.
Durante un momento pensé que la había cagado.
Que se iba a reír o se burlaría de mí.
Pero, en vez de eso, me revolvió el pelo.
Con cariño.
Como cuando tenía nueve años...
—¡Oye! —murmuré, fingiendo indignación.
Pero, en verdad, mi sonrisa me delataba.
Y, a juzgar por su cara, mucho.
Antes de que me diera tiempo a procesarlo, mi hermano me guiñó un ojo y empujó la puerta de la cocina.
Guau.
Era gigante.
En la cocina había una mujer de unos cuarenta y pocos teñida de rubia, con ligeras ondas alrededor del rostro. Mamá estaba a su lado ayudándole a cortar una cebolla.
—¡Cole! —se giró la que supuse que era la madre de Jason, seguramente cuando oyó el crujido de la puerta.
Ella prácticamente se lanzó sobre él.
Qué cómodo.
—¡Madre mía! —dijo al separarse y mirarlo de arriba abajo—. ¡Sí, ya me has dejado enana!
Cole se rio entre divertido e incómodo.
—Cada día se hacen más mayores —reflexionó mi madre, dedicándole una mirada significativa a su amiga—. Con lo monos que erais de pequeños.
Iba a sonreír, justo cuando noté un fuerte olor a colonia detrás de mí.
Mierda.
Estaba justo detrás.
—Y tú debes ser Emma, ¿verdad? —preguntó insegura, esta vez dirigiendo su atención hacia mí.
Yo asentí tímidamente.
No recordaba haber visto a esa mujer en mi vida.
—Oh, Dios mío. —Le brillaron los ojos de la emoción—. Cuánto me alegro de verte.
Yo me acerqué a ella sin mucha confianza y no dudó en darme dos besos y frotarme la espalda cariñosamente.
—Igualmente, señora Carter —respondí educadamente.
Ella sonrió con calidez.
—¡Nada de señora! —exclamó, moviendo la mano divertida—. Me llamo Caroline, pero todo el mundo me llama Carol.
—Pues encantada, Carol —pronuncié, tratando de parecer simpática—. ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?
Negó con la cabeza.
—Siéntate con tu hermano, cielo —dijo, señalando la inmensa mesa que se cernía en el centro de la habitación.
Las sillas eran tan elegantes que me daba miedo incluso tocarlas.
Obedecí y, sin mediar palabra, Jason se sentó en la silla de al lado.
De tal manera que las madres quedaban a los extremos y nosotros en el centro.
Los tres juntos.
#5345 en Novela romántica
secretos, romance primer amor cosas de la vida, familia humor sueños y metas
Editado: 18.08.2026