Contra Todo Pronóstico

CAPITULO 9

Emma

9 de septiembre…— Martes.

1:45

Lo que mi padre catalogaba como ansiedad en "mis ataques" había terminado en una ambulancia a las tantas de la noche.

Ella no había dudado ni un segundo en llamar al 911.

Creo que una parte muy profunda de mí deseaba que me dijeran que tenía una neumonía o una "gastroenteritis larga" y que me mandaran a casa con un par de antibióticos.

Con solo ver la cara de los médicos en Evergreen me había bastado para saber que no era así.

Me pusieron un poquito de suero, me hicieron una radiografía de tórax y una analítica y, con solo eso, decidieron que debían trasladarme al Hospital Infantil de Colorado.

Estaba a unos tres cuartos de hora —unos cuarenta y cinco minutos— o incluso un poco más de Evergreen.

"Para poder realizar pruebas más especializadas".

Y ahora estaba en una mierda de cama de hospital moderna, con el cabezal levantado porque no era capaz de estar totalmente tumbada.

Llevaba una vía colocada en la mano, de tal forma que estaba fijada con un montón de apósitos para que no se me moviera y, cada vez que hacía el más mínimo gesto, veía las estrellas.

Estaba conectada a un suero colgado en la propia cama, con una estructura metálica.

Una enfermera me tapó con la sábana hasta los hombros mientras esperábamos el ascensor.

Había un montón de gente a mi alrededor.

Algunos con un pijama verde y otros de color azul, con una bata encima —supongo que los médicos—.

El pitido de un ascensor sonó en medio del murmullo de la gente.

Las dos puertas se abrieron.

Automáticamente, las pocas personas —normal, dadas las horas— que se encontraban en el ascensor se organizaron para que la camilla pudiera entrar sin problemas.

Todo el personal la empujó con extremo cuidado de no darse con nada y, en cuanto la colocaron lo mejor que pudieron, mi madre volvió a cogerme la mano con delicadeza.

Estaba suave y calentita.

Al contrario que la mía, que estaba completamente helada.

Me froté el ojo, cansada.

Tenía mucho sueño.

Me había sido imposible dormir en la ambulancia, en esa horrible camilla de plástico.

—Eh. —Me llamó la atención una mujer que sujetaba la camilla a mi lado—. No te duermas.

Me volví hacia ella con lentitud.

—Tengo sueño. —Me quejé con una estúpida voz, como si tuviera cinco años.

Ella me sonrió con amabilidad.

—Lo sé. Pero tienes que estar despierta para que el doctor pueda revisarte.

Sin decir una palabra más, giré la cabeza hacia el otro lado, molesta.

No sé si era por el cansancio, pero me daba la sensación de que todo el mundo sabía exactamente lo que necesitaba.

Lo que de verdad me pedía el cuerpo era dormir.

Descansar.

Pero se ve que tenía que pasar toda la noche en vela.

No sé qué de sano tenía eso.

El ascensor volvió a pitar con ese ruido insoportable y, esta vez, por cómo agarraron la camilla supe que era nuestra parada.

Planta 3.

La sacaron entre todos, sin prisa, pero sin pausa.

Era una sala llena de sillas y consultas que no logré identificar.

Fruncí el ceño, confundida, porque creía que iba a ingresar en Urgencias, no en una planta.

Había una gran tele por donde se mostrarían las citas, pero estaba apagada.

Todo estaba demasiado desierto.

A medida que avanzábamos, no había ni una sola persona por allí.

Giraron la esquina, mostrando un pasillo de color blanco bastante estrecho.

El crujido de las ruedas era lo único que oía constantemente.

Tuve que fijarme un par de veces en el cartel que había encima de las puertas automáticas, donde estaba escrito en grande:

UNIDAD DE HEMATOLOGÍA Y ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA.

Mi corazón empezó a retumbar tan fuerte que pensaba que se me iba a salir por la boca.

Pom.

Pom.

Pom.

Ellos seguían empujando la camilla sin titubear.

Cada vez más rápido.

Era como si estuviera de camino al corredor de la muerte.

Me impulsé con las manos para no deslizarme hacia abajo.

—C-Creo que se equivocan... —pronuncié con la voz más vulnerable que había usado en mi vida.

¿Por qué era tan difícil hablar?

Tenía tantas cosas que decir...

Pero las palabras se me quedaban atrapadas en la garganta.




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