Emma
9 de septiembre…— Martes
8:45
Estaba segura de que la única razón por la que había dormido había sido de puro agotamiento.
El colchón estaba tan duro como una piedra y la almohada era tan blanda que se hundía nada más apoyar la cabeza.
Además...
tenía cables y aparatos por todas partes.
—Alguien me ha dicho que has pasado una noche movidita, ¿eh? —canturreó una voz familiar mientras abría la puerta.
Me incorporé de un salto.
—¡Cole! —pronuncié emocionada.
Aunque estuvo conmigo en Urgencias, mamá fue la que se montó en la ambulancia para venir a Colorado.
Y, obviamente, mi hermano no se iba a venir detrás a las tantas de la noche, cuando ya había alguien conmigo.
Pero esta mañana mi madre se tuvo que ir a trabajar.
Supongo que no querían que estuviera sola.
Él me dio un abrazo con mucho cuidado de no tocar ningún cable.
—Sí que tienes pulsera VIP y todo. —Bromeó al ver la pulsera que rodeaba mi muñeca con mi nombre completo y mi fecha de nacimiento—. Con un baño incluido, por lo que veo.
Señaló la puerta corredera que estaba casi enfrente de la cama.
—¿Has visto, eh? —pronuncié débilmente mientras observaba cómo se sentaba en el sillón reclinable azul de la esquina.
Su mirada se posó en un punto concreto de mi brazo.
—¿Qué te ha pasado? —preguntó con seriedad, alzando la vista.
Ya sabía lo que había visto.
Había varios moratones violáceos repartidos por mi piel.
Torcí el gesto.
—Me han tenido que sacar sangre. —Le confesé señalando el otro brazo, donde había algunos más y una tirita en la zona de la extracción, procurando no moverlos demasiado.
Mi hermano no parecía muy convencido.
Toc.
Toc.
Rápidamente, ambos giramos la cabeza hacia la puerta.
Dos golpes secos resonaron por la habitación, como si alguien estuviera pidiendo permiso para entrar.
—¿Interrumpo algo? —dijo una voz de mujer, asomando la cabeza por la puerta.
Negué con la cabeza.
Parecía uno de tantos médicos que habían venido a verme, con ese pijama azul marino, pero, a diferencia de los demás, ella no llevaba bata.
Y era extrañamente joven.
O, por lo menos, para ser médica.
Tendría unos treinta y pocos.
De cerca pude ver que llevaba colgada del cuello la identificación, sujeta con una especie de cuerda de colorines.
—¿Te importa si me siento y hablamos un poco, Emma? —preguntó con una voz muy suave.
Casi maternal.
—Claro. —afirmé, sin estar muy segura de con quién estaba hablando.
Ella fue a coger una silla y, a lo lejos, pude apreciar que era un poco más bajita de lo que imaginaba y algo rellenita.
Aunque se notaba que era castaña, tenía unas mechas rubias de un color muy cálido que realzaban sus ojos marrón chocolate.
Se sentó frente a mí con una pila de papeles guardados en una carpeta.
—Me llamo Emily Harper. —Se presentó con una de las sonrisas más sinceras que había visto en toda mi vida—. Soy hematóloga pediátrica y seré la responsable de tu caso de ahora en adelante.
Se recolocó en la silla y le dedicó también una sonrisa a Cole.
—Antes de comenzar, ¿tenéis alguna pregunta?
Pensé un momento, dándole vueltas a una palabra que había resonado bastante en mi cabeza, pero no había tenido valor para buscarla en Internet.
Por lo que pudiera encontrar.
—¿Qué significa hemato... ? —pregunté, tratando de pronunciarlo lo mejor posible, aunque era una palabra un poco rara.
—Hematología —completó por mí.
Yo asentí agradecida.
—Es la parte de la medicina que estudia las alteraciones de la sangre.
Se señaló a sí misma.
—Como he dicho antes, yo soy hematóloga, lo que significa que trato desde anemias un poco más complejas, hasta las leucemias, que son los cánceres de la sangre, y algunos linfomas.
¿Cómo podía decir eso tan tranquila?
Me di cuenta de que mi hermano la estaba mirando muy fijamente.
Casi podía oír los engranajes de su cerebro unir piezas.
—¿Mi hermana tiene... ? —preguntó sorprendido, incapaz de completar la frase.
"¿Mi hermana tiene cáncer?"
Era la cuestión que acababa de salir de su boca.
Y, curiosamente, era lo que no me había preguntado durante tantos meses atrás.
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Editado: 18.08.2026