Contra Todo Pronóstico

CAPITULO 13

Emma

9 de septiembre…- Martes

20:00

Todos eran conscientes de lo que significaba hacer una "biopsia".

Aunque la anestesista que me vio esta tarde aseguraba que querían seguir estudiando lo que habían visto en el TAC antes de sacar conclusiones precipitadas, yo creía que sabían mucho más de lo que decían.

Si no, no me habrían hecho una ecografía del corazón y otra del abdomen.

Encima, también me habían mandado un PET-TAC.

Explicación: PET-TAC: Prueba de imagen utilizada para diagnosticar y controlar el cáncer. Primero se inyecta una pequeña cantidad de glucosa radiactiva por una vena. Como las células cancerosas suelen consumir más azúcar que las células normales, esta glucosa se acumula en ellas. Tras esperar aproximadamente una hora, se realiza un escáner que muestra tanto la estructura del cuerpo como las zonas donde el cáncer está activo.

Toc.

Toc.

Dos golpes secos inundaron la habitación, como tantas veces a lo largo del día.

Estaba tan cansada de los médicos y enfermeras saliendo y entrando constantemente.

No había forma de estar tranquila.

Para mi sorpresa, el que estaba detrás de la puerta era un hombre de mediana edad con un polo de vestir y unos vaqueros.

Mi madre dio un salto del sillón, emocionada.

—Cariño, este es Richard —dijo señalando al hombre que estaba a su lado.

"Su novio."

Nada me apetecía más que enterrar la cabeza en la arena.

Qué vergüenza.

Estaba conociendo a mi padrastro en el hospital, ya que, según me había contado mi madre, justo cuando había llegado él se había ido de viaje de negocios.

Y justo tenía que volver hoy.

Seguro que tenía unas ojeras horribles de no dormir y una cara de sueño increíble.

Vaya primera impresión le iba a dar con todo esto conectado.

No tenía fuerzas ni para poder adecentarme un poco.

Incluso mi madre me había tenido que peinar como cuando tenía cinco años.

Pero seguramente tendría la coleta deshecha.

—Encantado de conocerte, por fin, Emma —expresó con mucho cuidado mientras me abrazaba, como todos últimamente.

Casi sin tocarme.

—Yo también, Richard —me vi obligada a decir, apoyando las manos en su espalda.

—Me han contado muchas cosas de ti —dijo alegremente, tomando asiento al lado de mi madre.

Puse todo mi esfuerzo en poner una cara agradable.

—Espero que todas buenas —le respondí con una sonrisa cansada.

Él soltó una risa y entrelazó, como si nada, sus manos con las de mi madre.

Un gesto de lo más natural.

Pero yo no era tonta.

La mano de mi madre temblaba tanto que se estaba empezando a arrancar los padrastros de los nervios.

No me dio tiempo a pensarlo mucho, porque en ese momento me di cuenta de que, al lado de Richard, había una chica rubia con grandes ondas.

Cole me había mencionado algo de una hija, si no recordaba mal. Solo que había estado hacía poco en no sé qué campamento y por eso todavía no la había conocido.

—Esta es la hija de Richard.

Ella se acercó un poco más y pude apreciar que, bajo la luz del sol, su pelo parecía todavía más claro.

A diferencia de mí, parecía un auténtico ángel.

Llevaba un outfit que daba envidia de lo simple que era y de lo bien que le quedaba. Y por no hablar de lo perfectamente peinado que tenía el pelo, cayendo en ondas ordenadas sobre sus hombros.

En cambio, yo estaba allí con un horrible camisón de hospital...

—Me llamo Madeline, pero puedes llamarme Maddie.

Enseguida me llamó la atención su voz tan dulce y bajita.

—Yo soy Emma —me presenté, tratando de ser cortés.

A diferencia de Richard, ella ni siquiera hizo el amago de acercarse.

¿Y si le había caído mal?

¿Qué tan mal me veía para que no quisiera ni acercarse dos pasos hacia mí?

—Te he comprado un detalle —admitió, alzando una bolsa de cartón que llevaba en la otra mano.

Tuve que incorporarme un poco para verla mejor.

—No hacía falta —murmuré avergonzada—. De verdad.

Yo no había traído nada para ella.

También porque las circunstancias eran las que eran.

Sus mejillas se tiñeron ligeramente de rosa.

—Es solo un regalo de bienvenida.

Con mucho cuidado sacó el contenido de la bolsa y lo dejó sobre la cama.

Daba envidia lo bien que estaba envuelto.




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