Contracara

POLIZONES

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Llegó el día más esperado.
El aire de la mañana tenía esa frescura que anticipa un día largo, de esos que quedan
grabados sin esfuerzo.
Fede, Maxi y Beto se encontraron en la estación, cada uno con su mochila liviana,
pero con la misma chispa en los ojos.
El tren arribó lentamente a la estación terminal.
Esperaron a que arrancara para subir sin que el guarda notara que tres polizones se
colaban en la formación. Sentados junto a la ventana, observaban cómo la ciudad se
alejaba mientras crecía el riesgo de ser descubiertos.
El guarda irrumpió en el vagón con voz firme:
—Boletos, boletos. Tengan a mano sus boletos.
Los tres se miraron, paralizados.
—Boletos, caballeros.
—No tenemos boleto, señor —dijo uno—. No llegamos a sacarlos y no queríamos
perder el tren.
—¿Hasta dónde van? —preguntó el guarda.
—Hasta el arroyo. Queremos conocerlo —respondió Fede.
El guarda suspiró y les indicó:

—Cuando el tren aminore, bajen. Así caminan menos. Y recuerden: el último tren
vuelve cuando baja el sol.
Le agradecieron la gentileza.
Cuando la velocidad disminuyó, saltaron del vagón sin dudar.
El tren siguió su camino y ellos emprendieron el tramo final.
No había autos ni gente. Solo había álamos que marcaban el camino y la sensación
de que el día recién empezaba.
Caminaron hasta encontrar el manantial.
Sus aguas claras reflejaban el cielo: allí nacía el arroyo y empezaba a tomar
dimensión.
En un desnivel, sus aguas caían formando una pequeña cascada.
Más adelante, un árbol caído descansaba sobre la orilla.
—Este lugar… —dijo Maxi—. Es perfecto.
Dejaron las mochilas y se metieron al agua sin pensarlo.
Pasaron horas entre chapuzones, saltos y bromas de todo tipo.
Cuando el sol empezó a bajar, Beto dijo:
—Tenemos que volver antes de que pase el último tren.

—Sí —respondió Fede—. Pero este lugar… lo tenemos que explorar mejor otro día.
No sabían aún que ese “otro día” iba a cambiar la dinámica de todo el grupo.
Con la promesa de volver, iniciaron el retorno hacia la estación.
El sol empezaba a esconderse, la tarde se agotaba, pero nacía una nueva vivencia
para guardar en sus memorias.




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