Contracara

LA DISCORDIA

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La segunda salida al arroyo se planificó casi sola.
Los tres coincidían en que el lugar era perfecto y que tenían que volver a visitarlo.
Y fue entonces cuando apareció Juan.
No era un desconocido: iba al mismo colegio, compartía recreos, tenía una energía
inquieta que lo volvía simpático a primera vista.
Cuando escuchó que hablaban del arroyo, se acercó sin pensarlo y preguntó:
—¿Van a salir este fin de semana?
—Sí —respondió Maxi, sin ocultarlo.
—¿Puedo ir con ustedes?
La pregunta los tomó por sorpresa.
Los tres tenían una conexión tal que, con solo mirarse, ya sabían la intención, pero
Juan era un enigma.
Fede lo miró, midiendo la situación.
Beto bajó la mirada, incómodo.
Maxi sonrió de manera automática, como quien no sabe decir que no.
—Si querés venir, vení —respondió finalmente Fede.
Juan sonrió como si hubiera ganado algo importante.
El sábado llegaron los cuatro a la estación.

La presencia de Juan cambiaba la energía: hablaba más fuerte, opinaba de todo,
quería imponer su idea en cada decisión.
En el viaje, los tres amigos se miraban sin decirlo: el equilibrio era otro.
Cuando llegaron al arroyo, Juan fue el primero en saltar al agua, el primero en
proponer desafíos, el primero en buscar riesgos innecesarios.
A veces parecía que lo hacía para demostrar algo.
Para no ser menos que ellos.
Para marcar territorio en un grupo que ya tenía un ritmo propio.
Pero aun así, pasaron un gran día.
Entre risas, chapuzones y saltos, los cuatro disfrutaron sin complicaciones.
Al caer la tarde, llegó la conversación inevitable:
—Está por pasar el último tren —dijo Fede—. Nos tenemos que ir.
Juan se cruzó de brazos.
—Yo no pienso apurarme. Prefiero quedarme un rato más y volver caminando.
—Pero queda lejos —dijo Maxi.
—No se preocupen, ustedes vayan tranquilos.
Beto dudó.

Fede también.
La armonía se rompió como una rama seca:
Dos querían volver en tren, dos querían quedarse un rato más.
—Hagan lo que quieran —dijo Juan—. Yo no me voy todavía.
Hubo un silencio incómodo.
No una discusión, pero sí una grieta.
Al final, la decisión quedó dividida:
Fede y Beto se volvieron.
Maxi y Juan se quedaron un rato más.
La discordia quedó sembrada y provocó una grieta en el grupo de amigos.




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