Contracara

EPILOGO

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El tiempo pasó, pero aquella experiencia quedó marcada como un surco silencioso
en la memoria.
Cada uno siguió su camino, creció, cambió, vivió otras cosas…
pero lo que atravesaron juntos aquella noche permanece intacto, como si hubiera
ocurrido apenas un día atrás.
Cuando miran hacia atrás, ninguno recuerda al pescador, ni su rostro, ni su sombra
con claridad.
Lo que recuerdan es la astucia que encendió el instinto, la valentía que surgió del
miedo y la certeza de que, incluso en los momentos más inciertos, no estuvieron
solos.
La inocencia quedó atrás, sí, pero en su lugar nació algo más fuerte:
una amistad que entendió su propio poder.
Una unión que supo enfrentarse a la oscuridad sin perder su esencia.
Una historia que no se definió por el peligro, sino por la forma en que lo superaron.
La contracara no fue el miedo.
No fue el intento.
No fue la sombra.
La contracara fue la luz que ellos mismos encendieron cuando todo alrededor
parecía apagarse.
Y ese brillo —humilde, firme, verdadero— es lo que permanece.




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