Solo habían cruzado frases inconclusas entre idiomas, pero la sensación era una conexión fuera de toda duda.
La única niña de la fiesta, Ivette, dejó a su amigo David y se acercó a Nía:
—Prima Nía, ¿Vas a volver a Disney después de la fiesta?
Nía lo negó. Miró a Fran por un momento para volver a la niña.
—I hope to stay in Madrid with you. —la mirada se le volvió a escapar hacia Fran por un momento—. I've only been here a day, and I really like what I see here.
—¿Inglis Pitinglis otra vez, prima? —Ivette se quejó—. Así no te entiendo.
Nía siguió tecleando su móvil y leyó en voz alta lo que el traductor le respondía.
—Yo quiero quedarme en Madrid. —Volvía a echar la vista a la pantalla al terminar cada frase para leer la siguiente—. Yo quiero aprender de vosotros, y, yo quiero ver la ciudad con mi familia.
La curiosa niña se asomó al teléfono de la prima de su padre, que al ver que la pantalla estaba dividida en tres partes y todo lo que veía eran letras; se decepcionó un poquito porque aún no sabía leer las letras minúsculas.
Fran echó un vistazo a la esquina de su pantalla del móvil, marcaba las tres y media de la tarde.
—Ha sido un placer conocerte, Nía. —Tomó una tarjeta de su bolsillo y se la entregó a la chica.
—¿Prisa? —Nía se sintió un poquito decepcionada y no trató de ocultarlo—. Hay comida.
—Tengo un asunto pendiente que debo resolver antes de las seis.
—¿Trabajo? —Se acercó una mujer de su misma edad, con el cabello lacio de un castaño ceniciento.
—No eres la única clienta que tengo, ¿Sabes, Isa? —El trato de Fran denotaba confianza.
—Izzy. —Le corrigió Isabel.
—Pues Isabel, ¿Qué más da?
—Si hay noticias de la madre biológica de David, ¿Me lo dirás?
—¡Ni se te ocurra dudarlo! —Fran le dió un toque en el hombro a Isabel al levantarse.
Nía siguió a Fran con la mirada, según se dirigía hacia la puerta. Se paró con Christopher.
—Soy abogado de menores. —Su cara mostraba desconcierto y diversión a partes iguales—. ¿Qué clientes pretendes que busque yo en la fiesta de tu compromiso con la mujer de la que estoy enamorado?
Christopher se quedó sin habla. Él creía que Fran era amigo de Avery, pero de eso no tenía ni idea. Y su cara palideció lo poco que era de esperar para alguien de piel oscura como era Christopher.
—¿Lo siento? —Terminó por soltar—. Pero yo también estoy enamorado de Avery.
—¡Tranquilo, Christopher Evan Osborne! —Fran levantó las manos, en señal de rendición—. Contra mí no hay guerra sin haberla empezado.
—¿Qué quieres decir?
—Que su corazón siempre fue tuyo, hombre, no pienses mal. —Fran se mostró—. Tú ya la conocías, cuando a mí me la presentó Isabel.
—Supongo que Avery lo sabe, ¿Cierto? —Quiso saber Christopher.
—Digamos que le resté importancia. —Fran procuró ser condescendiente—. Ella también me pidió perdón cuando le comenté que me gustaba.
—¿Qué importancia le restaste, perdona? —Christopher parecía sentirse ofendido, de repente.
—¡Oh, quizás tú no pienses como yo, pero yo mido el afecto en tres grados: gustar, querer y amar!
Christopher se rascó la ceja y tras una pausa para asimilarlo, sonrió a Fran.
—Una hermosa manera de verlo, y nunca lo pensé, pero coincido. —Aceptó Christopher y le abrió la puerta.
Avery se acercó por detrás y le dio la mano a Christopher. Él se la acercó a la boca y la besó.
—Os deseo mucha felicidad, de verdad. —Fran sonrió sinceramente, ver ese gesto le dolió muchísimo menos de lo que esperaba.
Fran cerró la puerta tras de sí, y se quedó pensando.
¿De verdad quería salir así de esa fiesta?
Era sábado y no tenía que ir al bufete, Nerea le hubiera echado una buena bronca si se entera. De buena gana se hubiera cambiado por ella, que tanto admiraba al joven empresario llamado Christopher Evan Osborne.
En la casa, Nía se acercó a su primo, ella se encontraba algo contrariada.
—Has the handsome lawyer told you if he's coming back?
Christopher se sorprendió de la curiosidad de Nía, pero la curiosidad que esa pregunta despertó en Avery era más grande.
—Did you find my friend Fran anything more than handsome?
—Yes.
Christopher se apiadó de su prima y la besó con ternura sin soltar la cintura de Avery.
—He'll figure it out, Nía, I'm sure he will.
Avery le dió un codazo leve como queja. Cuando Christopher miró a su prometida, esta tenía el ceño fruncido.
—You're not the best person to comment... —Avery habló con algo de superioridad—... Si alguien no se percata de lo que sienten por él, ¿Really?
—You neither?
—Some else. —Christopher contestó a su prima, pero a su prometida prefirió decírselo al oído—. Yo me di cuenta antes que tú de nuestro pasado en común.
Avery tomó aire, pues iba a responder, pero prefirió callarse y se alejó de Christopher.
—Discutir no, ¡Por favor! —Nía se sentía responsable.
—Don't worry, Nía. —Christopher se fue tras Avery.
Sobre el asfalto, un dubitativo Fran, miraba la puerta por la que había salido. Llevaba cinco minutos como mínimo inmóvil.
¿Qué le impedía seguir su propósito? Miró la puerta.
¿Qué le impedía volver a la fiesta? Que él se sentía fuera de lugar.
Podía volver. Ahí estaba Isabel, su ex y mejor amiga. Y también estaba Avery, esa mujer fuerte y valiente que le había conquistado desde que la conoció hacía cinco años.
Pero al echarse la mano al bolsillo y palpar el tarjetero, se acordó de Nía, esa inquietante belleza de piel chocolateada y encantadora torpeza que se había molestado en hacerle de anfitriona cuando apenas llevaba un día en Madrid.
—Solo muestro inseguridad y cobardía —se dijo en alto—, ¿Eso soy, un cobarde?