Contradicción

Cuatro: ¿Algo más?

Fran quiso que se le tragara la tierra en cuanto bajó la vista y vio que era Nía.
—¡Mierda, perdón!
Nerea se sorprendió de escuchar eso de boca de su hermano, y observó detenidamente a Nía.
Una chica de unos treinta años, de piel negra, cabello peinado hacia atrás en un pequeño moño, con ojos redondos y mirada risueña. Una mujer muy bonita.
—Hola, soy Nerea, la hermana de Fran. —Le ofreció la mano para estrecharla.
Hi!, I'm Nía, I am the Christopher cousin. —respondió con alegría, incluso con la mano.
—La prima de Christopher, OK, —Nerea chapurreaba inglés a nivel escolar, pero al menos podía captar alguna frase de Nía—, I am the Fran sister.
Nía miró a Fran, que tenía la cara tapada con sus manos por la vergüenza. Ella sonrió ampliamente y se levantó para ponerse de rodillas en el sofá y mirarle a la cara.
What are you ashamed of, handsome?
Nía no pretendía parecer coqueta, ni siquiera pretendía mostrarse. Al menos, no aún. Pero algo en su pregunta la hizo sonrojarse, probablemente lo mismo que notó Nerea.
—¿Algo más que deba saber? —Miró directamente a su hermano, parecía pedirle explicaciones.
Fran, que no había pillado nada de la tensión del ambiente, no entendía a su hermana.
—¿Algo más de qué?
—¡Te ha llamado guapo, Fran, Guapo!
El rubor inundó su cara con inmediatez, pero procuró destensar, tanto lo ocurrido como su cara.
—No soy feo.
Amazing! —De repente, todo se armó en su mente, Nerea lo tuvo claro—. ¡Querías verla a ella!
—¿Qué? —Fran empezó a mover su visión por toda la sala—. ¿Quién? —Parecía un espectador de ping-pong, hasta que su vista se paró en la persona que tenía justo delante—. ¿Nía?
Yes? —La chica se interesó.
—¡Obvio! —Respondió Nerea.
—¡No te flipes, Nerea, no tenemos nada en común! —Fran intentó protegerse como pudo, pero sonó mucho más ofensivo de lo que pretendía.
Nía había entendido poco, pero le bastó para sentirse rechazada por el abogado.
—¡No me conoces! —Acertó a decir en un pulcro castellano, que sorprendió a todos.
Fran palideció por completo, pero no conseguía apartar la vista de los chispeantes ojos de Nía.
—¿Perdón?
Nía rompió la conexión con Fran para traducir sin malos entendidos lo que pretendía explicar.
—Pienso que Fran es un hombre muy guapo, pero no creo que sea un crimen decirlo. —Intentó sonar como si fuera española, y casi lo consigue.
Fran se relajó un poco.
—Gracias. —Su cara ahora era de pudor por un halago, como los niños que se esconden tras un adulto cuando otra persona les habla.
A estas alturas del alboroto, todos en la fiesta estaban pendientes de lo que ocurría.
—Yo pensé que le gustaban las pelirrojas. —Comentó Lola en voz baja.
—Yo no soy pelirroja. —Replicó Isabel a su mujer.
—Dijiste que su ex lo era, y Avery lo es.
—¡Lola! —Su padre le llamó la atención.
—Fue un error volver. —Masculló Fran entre dientes.
—¿Qué? —Saltó Nerea—. ¡No, Fran, no digas eso!
Se desembarazó de su hermana, y se dirigió hacia la puerta, no quería seguir allí. Sintió que había hecho el ridículo.
Christopher le interceptó a la altura del pasillo.
—¿Francisco, te vuelves a ir?
—Mi hermana Nerea es admiradora de tu trabajo. —Fran cambió de tema.
—Fran, espera, ¿Qué pasa? —Avery se interesó.
—No debería haber vuelto, solo me vale que se queda Nerea.
—¿Nerea, quién es Nerea?
—Su hermana, al parecer la ha traído para conocerme. —respondió Christopher sin soltar a Fran.
—¿Me dejáis irme ya?
—Fran, dínoslo, ¿Qué ha pasado? —insistió Avery.
Negó con energía, quería irse, pero se dió cuenta de que no sabía por qué.
Nerea acabó de llegar tras su hermano. Miró a Christopher y volvió hacia Fran.
—Fran, no pasa nada, todo está bien.
—He hecho el ridículo. —Le espetó a su hermana.
—Al salir corriendo. —Le corrigió Nerea.
—Ya te lo dije en su día, Fran. —Avery suavizó la conversación— Abogado es un mal trabajo, si lo que pretendes es no llamar la atención.
Fran mostró media sonrisa, el comentario de Avery le había hecho gracia.
—¿Podemos ir a saludar a Isabel, Fran? —preguntó Nerea.
—Sí.
Y los hermanos se acercaron a la mujer que más conocían de la fiesta.
Avery y Christopher se incorporaron a Nía y los niños, que habían empezado a hablar con Nora y Manuel.
—Mamá, papá, creo que a la prima le gusta el abocado de David. —Ivette siempre iba al grano.
—Pues mi madre Isabel diría que es al revés. —Replicó David.
—¿Y si son las dos cosas? —Sentenció Nora.
Nía se miraba las manos, jugueteaba con los dedos distraída, aquella conversación en castellano le estaba empezando a gustar, porque la energía la entendía, más o menos. Aunque no entendiera muy bien el idioma, sabía que había buen rollo en la conversación y que estaban hablando de Fran y de ella.
—Pues no es descabellado, noté conexión entre ellos. —Comentó Avery.
—Espero que sea buena persona, no me gustaría que le hiciera daño a mi prima. —Christopher protegiendo a su familia.
—Eso se lo tendrás que preguntar a Isabel. —puntualizó Manuel.
Nía levantó la vista de sus manos, lo hizo buscando a cierto chico con la mirada, cuando encontró a Fran, la estaba mirando y el corazón le dio un vuelco. ¿Era tan obvio?
Fran no conseguía concentrarse en la conversación que se suponía que mantenía con su hermana, Isabel y Lola. Algo más fuerte que la inercia, más fuerte que la vergüenza del ridículo, le hizo levantar la vista hasta mirarle a ella. Cuando sus miradas se cruzaron, el corazón se desbocó. Todos los que le conocían bien se habían dado cuenta antes que él, ¿Era tan obvio?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.