Al parecer, Nora y Manuel, habían sentido ternura por Nía al ver la escena con Fran, y que Christopher y Avery decidieran unirse, le dió cobijo al inexperto corazón de la chica.
—¿Prima, te gusta? —Ivette quería salir de dudas.
—¿Quién?
—Mi abogado. —Respondió David.
—¿Abogado?
Avery rió sin abrir la boca, y Christopher se puso el puño en la boca para no hacer lo mismo antes de preguntar.
—The kids are asking you if you're interested in David's lawyer.
Nía suspiró y miró a Fran. ¿El abogado le gustaba? Físicamente, es muy atractivo, su cabello rubio y ligeramente rizado le daba un aire de galán de telenovela difícil de ignorar. Pero su timidez cuando intentó hablar el inglés que leyó en el móvil, y la complicidad que se le intuye con sus clientes, aunque sean niños, le gustaba mucho más que su físico. Fran le parecía un hombre seguro de sí mismo por fuera y tan vulnerable y roto por dentro, que lo único que quería era sentarse a su lado para darle seguridad.
—Sí. Mucho. —Nía respondió en un breve castellano.
Ivette y David se miraron, la complicidad que les unía había tomado un nuevo rumbo, porque querían hacer felices a esos dos adultos, emparejándolos.
—Esa miradita me suena, —observó Christopher—, ¿Qué pretendes hacer, Ivette?
—¿Yo? —Una sonrisa de falsa inocencia la delataba—. ¡Nada!
—¿Sabéis acaso si es correspondida? —Sugirió Avery.
—¿Es una carta? —Ivette ladeó levemente la cabeza.
—¡No, ya sé lo que es! —Brincó David—. Ven conmigo. —Tomó a Ivette de la mano y se la llevó al grupo donde estaba Fran con sus madres.
—¡Avocado Fran!
Todos en ese grupito se rieron de la expresión de Ivette.
—Abogado, señorita. —Le corrigió Fran con dulzura.
—¡Lo que he dicho, avocado! —Ivette agarró a Fran del bolsillo y le aventó en un gesto para que se pusiera a su altura. —¿Quieres ser mi primo?
Fran mostró un mosaico de colores en su cara, sabía por quién lo decía Ivette. Aún no sabía qué respondería cuando se cayó de espaldas por la postura tan incómoda que había tomado para acercarse a la niña.
—¡Fran! —Isabel alcanzó a agarrarle antes de que el trasero del abogado tocara el suelo.
Nía, que estaba recostada en el sofá, se incorporó al ver que Fran casi se cae de espaldas. El hecho de que tuviera el incidente por agacharse para escuchar lo que Ivette le pidió, enfadó a Nía que miró a Christopher.
—Did the girl have to whisper in his ear to make him fall?
—It was the surprise of the question that made him lose his balance. —Respondió Christopher a su prima.
Nía se levantó, molesta. Ella creía que lo estaba con la niña, pero la situación no era tan grave y se fue apagando a lo largo de los cinco pasos que dió. Volvió a sacar su móvil para traducir lo que quería decir y leyó de nuevo.
—Soy una adulta que no necesita ayuda para pedir las cosas.
Ivette se quedó blanca pese a ser mestiza, algo que todos los demás adultos comprendieron como una leve llamada de atención hacia la niña por parte de Nía, pero que Fran sintió como ataque personal, aunque no se le dijera a él.
—¿Qué quieres ahora, Nía?
Sonó muchísimo peor de lo que intentaba transmitir.
—Hablar contigo. Solos. —Si él se había defendido, ofendiéndola de manera tan brusca, ella también se defendería.
Le tomó de la muñeca y tiró de Fran hasta el jardín de la casa.
Al ritmo del paso, ambos ya tenían el móvil en la mano con la aplicación del traductor abierta.
—Why did you have to accuse the poor girl like that? —leyó Fran de su móvil.
—Poor? —Nía parpadeó incrédula. —Wait, ¿Qué acusación le he hecho? ¡Por pedirte que te susurrara al oído, casi te caes de culo!
—Why are you angry with Ivette? —Fran estaba realmente desconcertado con ella.
Nía negó, tecleó y leyó:
—¿Crees que me gusta que la gente interceda por mí en las relaciones sociales?
—¡Joder, a nuestra edad, eso no le gusta a nadie! —Al pulcro Fran se le había pasado un taco—. Sorry, Nobody likes it! Not even someone as shy as I am likes to be spoken for!
Nía cambió, ya no mostraba frustración, ahora iba camino de la comprensión. Y el desconcierto de Fran se estaba trasformando en desahogo.
—I'm really touched by your shyness, but you have to be honest with me. —Nía dejó de mirar su móvil y mirando la pantalla del teléfono de Fran, pulsó el botón del micrófono—. Are you interested in me? Do you like me, at least a little?
Fran leyó en alto su pantalla del teléfono, sonriendo más ampliamente según se oía la voz con las preguntas.
—¿Te intereso? ¿Te gusto, aunque sea un poco? —Fran levantó la vista del teléfono y al cruzar la mirada, se perdió en los ojos arcillosos de Nía—. Me cuesta negarlo a estas alturas. —Tomó aire y prosiguió con un poco de valentía que aún escondía—. Yes, I like you, what else?
—Perhaps a kiss can dispel any doubts you still have.
—No doubt. —Respondió Fran sin saber muy bien lo que respondía.
Fran soltó su teléfono, Nía también.
No hacía falta traducción para un beso. Largo, intenso, y con un curioso sabor a gaseosa y queso crema mezclados.
Oyeron una ovación generalizada desde el interior de la casa y se apartaron un momento, abrazándose y sonriendo a su improvisado público.
Nía tomó a Fran de las manos y tras levantarlas, se giró, dando paso a una pose de las que tanto se había obrado en Disneyland, pero esta vez, su pareja de baile le gustaba de verdad, ya era hora de que no fuera fingido.