Cuando la ovación cesó, se empezaron a escuchar unos acordes que provenían del salón. Pablo Alborán inundó la casa con su voz de terciopelo.
—El amor hay que celebrarlo, amigo. —Le comentó el hombre que le abrió hace un rato la puerta a Fran y a Nerea, el piloto.
Mientras Fran y Nía bailaban al compás de "solamente tú", en el interior se emparejaban todos para bailar.
Los niños prefirieron darse de la mano, pero David dirigía a Ivette con soltura. Christopher con Avery, la madre de Avery con el suegro de Isabel, la propia Isabel con su mujer, el secretario con el chofer, y así se fue quedando Nerea sola.
—"que sepa el mundo entero, que tu voz guarda un secreto" —Entonaba la voz del cantante desde los altavoces conectados con la asistente virtual de la casa.
Para Fran, solamente estaba Nía. Para Nía, solamente estaba Fran. Él se dejó mecer por la música hasta el punto de entonar las notas con alguna palabra suelta de los versos de la canción. Nía le miraba los labios al canturrear la canción en un hilo de voz, y al segundo párrafo, ya cantaba con su preciosa voz el estribillo junto a Fran.
A Fran le inundó un sentimiento de culpa de repente, como si no se pudiera permitir estar sintiendo lo que empezaba a notar en sus entrañas. Giró la cara, no quería mirar a Nía y dejarse llevar por lo que deseaba que surgiera.
Nía no vio el desasosiego que había inundado a Fran y creyó, erróneamente, que era un gesto de complicidad, y ella hizo el mismo movimiento en sentido contrario, pero ella apoyó su cabeza en el hombro de Fran.
—I like you. De verdad que me gustas, pero me cuesta seguir adelante con algo que no sé dónde va.
—I don't know what you're talking about, but all I know is that you make me curious about this city, and that's something that not even my cousin Christopher has managed to do. —Nía se aferró al hombro de Fran y hundió feliz su rostro, haciendo que Fran no solo escuchara su voz, sino que también sintiera la vibración—. Yo, a Madrid, solo contigo. ¿Tú me enseñas Madrid?
—Sí.
—¿Solamente tú?
—Sí.
—¿Español también?
—Sí. —La culpa que le había afectado, se iba disolviendo como la niebla de un río caudaloso, muy despacio. Al menos, el humor ayudaba.
Nía se apartó un poco y le miró a los ojos, ese extraño azul como las apatitas de Paraíba, tan singular como el marrón arcilla de los suyos, casi opuestos, pero igual de brillantes.
—¿Favor? —Nía le observaba impaciente.
—Sí, vale. —Fran consiguió dejarse llevar un poquito—. ¿Qué?
—Yo, Nía en París. —Sonreía con amplitud—. ¿Madrid, diferente?
—¿Quieres otro hipocorístico diferente? No te entiendo. —Fran entendió que Nía no comprendía aquella palabra y se procuró otro significado similar—. ¿Otra apócope quizás? Another short form?
—¡Sí, quiero!
La risa que le subió a Fran se atascó en su garganta. La frase le sonó tanto a compromiso que lo desarmó. El aire se le escapó a borbotones y en lugar de carcajada, le sobrevino un ataque de tos repentino y violento que lo hizo doblarse por la mitad, recostando su cabeza en Nía, silenciando el humor, pero provocando el sonrojo de la chica.
—What? —El gesto de Fran le había pillado por sorpresa, y, aunque le agradó, no lo entendió muy bien.
—Ok, I'm sorry —se disculpó cuando se serenó—, lo que has respondido parecía que yo te hubiera preguntado otra cosa.
—¿Qué pregunta? —Curioseó Nía.
—¡Me respondiste a un compromiso, Nía! —Fran le dió más importancia de la que ella estaba dispuesta a admitir.
—¿Compromiso?
Fran se apartó levemente, no se tocaban, ya no. Él miró su móvil y por enésima vez tradujo por medio de la aplicación.
—Compromiso como en una boda, Nía. —Fran le enseñó el móvil.
—Wait a moment, please. —Nía leyó despacio la pantalla, la parte del castellano y la parte del inglés después—. What? A marriage?
—¡Eso, a marriage!
—¿Aquí es "sí, quiero" y allí es "I, do"?
—Espera, ¿Qué? —Fran no se esperaba esa respuesta por parte de Nía, y menos que fuera una pregunta—. Sí, eso es, lo que se responde en el altar.
Nía se miró las manos, y miró las de Fran. Lentamente, levantó la vista para hacer otra pregunta:
—why not?
Fran no estaba seguro de haberlo explicado bien, volvió a mirar el móvil, lo había escrito bien. No entendió a Nía. ¿Cómo que por qué no?
—¿Me has entendido bien?
Nía afirmó.
—I like you, you like me, why not?
—¡Ah, que sí que me has entendido! —Fran sentía como se le secaba la boca por momentos, pero no quería cerrar esa puerta, al menos él—. ¡No nos conocemos!
Nía atrasó la aplicación de Fran, y cambiando el orden de los idiomas, le dió al botón del micrófono.
—Many couples have been married for over thirty years and still don't know each other... why can't it be done from the beginning?
Fran leyó la traducción. Creyó que era una locura, pero su afirmación estaba lejos de ser mentira. Era la afirmación más contradictoria que le habían dicho nunca.
—¡Y me estabas preguntando por una apócope! —volvió a voltear los idiomas en su móvil y escribió—.¿Cómo hemos llegado a sugerir siquiera el matrimonio? —Se dispuso a leer la pantalla—. You're not wrong, but what you're proposing is crazy!
—¿Inseguro?
—¿Y te extraña?
Nía se acercó a Fran, le tomó la cara con ambas manos. Los ojos no mentían, ni la apatita de Fran ni la arcilla de Nía.
—At least admit that you like my crazy ideas.
—You drive me CRAZY, Fani.
—I like Fani, it sounds funny.
—Divertido, sí.
Ya estaban tan cerca que el beso era más que obvio. Fran no sabía muy bien si había respondido él o lo había hecho ella, pero la obviedad más nítida de la tarde era de que él se había rendido ante la espontaneidad de Stephanie Osborne.