Contradicción

Quince: ¿Compañeros?

Nerea aminoró los tres pasos de diferencia con el grupo y se acercó a Ramiro para darle un codazo.
—¡Capullo! —Exclamó más como reclamo que como queja. Y se adelantó al resto.
A Ramiro se le dibujó una leve sonrisa en el rostro y siguió conversando con su hermano y sus dos compañeros de profesión.
No tardaron mucho en llegar, Stephanie Osborne vestía un traje verde mimosa con unas zapatillas clásicas completamente negras.
Su cara de sorpresa cuando descubrió el séquito de Fran fue muy grande, miró atrás y vio cómo Christopher y Avery se alejaban por otro camino del parque.
—¡Stephanie, qué guapa estás! —Nerea le dió dos besos.
—Buenos días, soy Ramiro, el compañero de Fran, tanto en casa como en el bufete.
—Hola, Ramiro.
—Gracias por quedar. —Fran le extendió la mano para estrecharla.
Stephanie abrió mucho los ojos.
—¿Tanta formalidad, para qué? —Nerea también se extrañó—. Ayer estabais bastante más cercanos.
—¡Stefran! —Tosió Ramiro, bromeando.
—¡Ramiro, que te calles! —Fran amenazaba a Ramiro con la mirada.
—¡Oh, qué bueno, me gusta! —Nerea aprobaba el nombre.
—¿Stefran? —curioseó Stephanie.
—¡No les hagas ni caso! —interrumpió Fran—. ¿Te presento al resto?
Stephanie aceptó, pero miraba a Nerea mientras Fran le acercaba a la pareja que quedaba.
—Me llamó Borja, soy empresario y diseñador de marroquinería, encantado.
Se estrecharon la mano.
—Yo soy Cayetana, abogada de decesos en el bufete, junto a Francisco y Ramiro.
—¿Compañeros tuyos?
—Bueno, a ver, la mitad somos abogados del mismo bufete. —Cayetana miró alrededor. Stephanie le respondió sonriendo.
—Mola el nombre del shipeo, ¿Se te ha ocurrido a ti? —Le susurró Nerea a Ramiro.
—¿Acaso crees que se le ocurriría a tu hermano?
—Cierto.
—¿Qué cuchicheáis vosotros dos? —Se giró Fran hacia ellos—. Cuando hacéis eso, acabo pasándolo mal yo.
—¿Damos ese paseo? —Interrumpió sabiamente Stephanie agarrándole de la mano.
—Lo dicho. —comentó bajito Ramiro al ver el gesto de Stephanie hacia Fran.
Los seis treintañeros fueron rodeando el estanque hasta llegar a la estatua de Alfonso XII, que al llegar y darse cuenta del lugar, Fran y Nerea empezaron a reír sin freno.
Ramiro se extrañó, pero Stephanie se acercó a preguntar.
—¿La estatua es divertida?
—En realidad, lo que es divertido es la anécdota familiar. —Fran fue escueto.
—Nuestra prima se subió y al bajar ya tenía novio. —Intentó explicar Nerea.
—No entiendo.
—Nosotros tampoco, —Fran se encogió de hombros—, pero nuestra prima es así.
Fran y Nerea intentaron contar la anécdota familiar con los detalles que recordaban de todas las veces que la prima y su marido lo habían contado. Al final, Stephanie y Cayetana estaban encantadas con el romanticismo, pero los hermanos Ramiro y Borja, mostraban una cara de desconcierto mezclado con vergüenza ajena.
—Espero entender que hizo eso porque él consideró que era la última carta de la baraja. —Comentó Ramiro.
Borja observó la estatua.
—Cinco metros, mínimo. Tu prima, una loca. Su marido, un desesperado.
—Tienes que leer más, amor. —Cayetana le plantó un beso con algo de pulla.
El resto de la tarde estuvieron conversando bajito entre ellos y casi no se les notó al irse.
—Ramiro, —le llamó Stephanie—, ¿Qué dices que es Stefran?
—¡Mierda! —Fran miró hacia otro lado.
—¿Tú conoces los shipeos y su funcionamiento? —Ramiro se hizo el interesante.
—Sí, empezó con brangelina, ¿Cierto?
—Pues Stefran es el vuestro. —Como quien dice una obviedad.
—¿Por qué usas nombres cortos?
—¿Preferirías con los nombres completos o qué? —Ramiro se sorprendió.
Stephanie le dió algo de vueltas, mientras continuaban juntos el paseo. Al cabo de tres minutos, Stephanie soltó la ocurrencia:
—¡Stefranisco!
Fran casi se cae del susto. Nerea escupió sobre Ramiro el refresco que se estaba tomando, que se paró en seco. Y hasta Borja y Cayetana se callaron de su cuchicheo por un momento.
—¡Espero que esto se quede aquí y no salga de nosotros! —Pidió Fran con la faz encarnada por la vergüenza pero una sonrisa incapaz de disimular.
Stephanie le volvió a tomar de la mano y tirando, le preguntó:
—¿No te gusta Stefranisco?
—Me da vergüenza, me siento incómodo. —Compungió un poco el rostro—. Nunca me gustó ser el centro de atención.
—¿Devolver el choque? —sugirió Stephanie, divertida.
—¿Qué sugieres? —se interesó Fran.
—¿Igual?
—¿Que le hagamos lo mismo a Ramiro?
Stephanie afirmó enérgicamente con la cabeza.
—¡Os estoy escuchando! —se quejó Ramiro.
—¡Donde las dan, las toman! —rió Nerea.
—¿Ramirea? —sugirió Stephanie.
—¡Eh! —se molestó un poco Nerea—. ¿Por qué me metes a mí en el embolado?
—Tú le has reído la gracia. —Le picó Fran.
—¿Neremiro? —Siguió Stephanie.
Ante esta nueva sugerencia, Nerea tuvo un ataque repentino de tos. Pero Ramiro abrió mucho los ojos y sus mejillas se ruborizaron demasiado como para no ser vistas.
—¡Joder! —Pestañeó Nerea con soltura—. ¡Este suena hasta bien, y todo!
—¡No tanto! —Se quejó Ramiro y aminoró la marcha.
—¿Qué le pasa a este ahora? —Se extrañó Nerea.
—Ni idea. —Mintió Fran—. Pero los shipeos o como se llamen esas moderneces de juntar los dos nombres de una pareja para hacer uno solo, solamente sirve para cuando otros hablan de ellos como conjunto, ¿Cierto?
—Ya lo he pillado, solo diré Stefran cuando hable con otros de vosotros. —Resumió Nerea.
—Exacto. —Miró a los rezagados Borja y Cayetana—. A vosotros os digo lo mismo.
Stephanie entendió todo bien y se adelantó hasta Ramiro.
—Ramiro, a Fran no le gusta Stefran.
—Esta mañana lo dejó bien claro.
—Pero si hablas de nosotros con otros, puedes hacerlo. Fran no estará delante y listo.
—¡Oh! Vale, eso es mejor, no iba a usar ese mote de otra manera, así que a mí me vale, sí. —Ramiro le sonrió con empatía por primera vez a alguien que acababa de conocer.
Stephanie reculó hasta llegar al pie de Fran y le volvió a tomar de la mano.
Madrid le gustaba mucho, con su primo y su familia; pero sobre todo, lo nuevo que descubría de las personas, y de Fran, el primero.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.