Contradicción

Dieciséis: ¿Soy dulce?

Fran se sorprendió de la reacción de Ramiro ante la inocente palabra que se inventó Stephanie. Pero luego, ser desmesurado con algo tan trivial escondía alguna cosa que su compañero no quería admitir.
Borja y Cayetana pidieron irse pronto y el silencio por su parte les habían vuelto más decorativos que cómplices, así que tampoco hubo mucha variación cuando se fueron.
Algo había en la palabra de Stephanie, que Fran no conseguía descifrar, como si fuera un recuerdo, un déjà vu, una premonición o una advertencia.
Neremiro.
Lo cierto es que la palabra le gustó más de lo que quería admitir, pero no quería tener al volátil de Ramiro como cuñado, ni tan siquiera un poco. Iba a proteger a Nerea igual que su hermana cuidaba de él.
Merendaban en una de las cafeterías del parque cuando Stephanie recibió un mensaje.
La misiva la puso muy nerviosa, pero los nervios eran del tipo que se confunden con miedo.
Stephanie, what's up? —Se interesó Nerea.
Fran y Ramiro se miraron, incrédulos por el uso del inglés por parte de Nerea.
My brother from New Orleans sent me a somewhat shady message. —A Stephanie le temblaba la voz.
Wait! What? You have a brother? —Exclamó Nerea.
Really, dos hermanas también. —Informó.
—Parece ser que no te esperabas que te contactara, —observó Fran—, ¿Sabe tu primo Christopher Evan Osborne que no eres la única Osborne de tu familia?
Iba a contestar, por su mente pasaron ambas opciones y no dijo nada.
—¿No te acuerdas, o qué? —intervino Ramiro.
Stephanie se encogió de hombros, miró hacia una esquina de su campo de visión y sonrió.
—¡Pero mira que eres tierna, hasta en tus despistes! —Nerea la abrazó.
—¿Soy dulce? —Stephanie cruzó los significados.
—Eso también. —Respondió Nerea.
Con una mano entrecruzada con la de Stephanie, Fran la levantó y las cubrió con la otra mano.
—Primero arreglamos los papeles de extranjería para que a tu primo no le sancionen más adelante, y mientras tanto, deberías comentarle eso de que tiene más primos por ahí.
—¿Pero qué te ha dicho para que te pongas tan nerviosa? —Interrumpió Nerea.
Stephanie desbloqueó de nuevo el teléfono y le pasó el móvil con la conversación abierta que tenía con su hermano.
—Entiendo que tu padre alega estar enfermo y que como no regreses, te deshereda. ¿Lo he entendido bien?
Stephanie afirmó.
—Yo no quiero heredar, pero papá enfermo.
—Es una decisión difícil, yo te sugiero que se lo preguntes a Christopher Evan Osborne, que a fin de cuentas, es su sobrino, ¿Verdad?
—¿Evan conmigo a New Orleans?
—Nosotros no podemos responder por él, pero lo debe saber. —Ramiro fue rápido y profesional.
—¡Oye! —Nerea cayó en algo—. ¡Tana puede ayudar!
—¿Qué? ¿Por qué? —Fran parecía algo ofendido.
—¿No ha dicho algo de una herencia?
—¿No le has oído decir que no la quiere?
—¿Y qué? —Nerea tenía una idea en mente distinta a lo que Fran creía—. Puede dar la posibilidad de que si ella va a verlo, porque puede que sea la última vez que vea a su padre, que este, en un último acto de manipulación, la retenga con algún pretexto absurdo para que no regrese.
—¡Qué retorcido! —Ramiro la miró con un poco de reticencia.
Fran opinaba como Ramiro, pero si cabía la posibilidad, por muy remota que fuese, de que Nerea acertara, no quería alejarse de Stephanie. Ese sentimiento le asustó. Por el planteamiento de perder algo que aún apenas había nacido, pero también de que eso le provocara sentimientos del siguiente nivel, a apenas veinticuatro horas de conocerla.
—A ver, —volvió Ramiro a hablar—, ¿Cabe la posibilidad de que se hayan enterado en tu familia de tu despido?
Nerea abrió los ojos como platos, se dió una palmada en la frente. Pero Fran se había quedado con el susto en el cuerpo.
—Tiene más sentido que jueguen la baza de que como ahora no tiene trabajo, si le dicen que su papaíto está malito, ella corra a verle en su último aliento y puede que se quede. —Nerea expuso con ironía la intención de Ramiro.
Fran apretó un poco las manos de Stephanie, que le miró. El chico movió la cabeza en negación, rogándole que no optara por ese camino. Pero lejos de darles la razón, Stephanie sonreía.
—Tengo trabajo aquí, con Tony, cantando.
—¿Pero tú cantabas? —Nerea se sorprendió—. Yo pensé que eras otra actriz más, de las que solo se pasean por el parque sonriendo, aunque no quieras.
—Nerea, eso ha sonado despectivo. —le recriminó su hermano.
—¡Ni por asomo! —Nerea se excusó—. Es más que una leyenda urbana el hecho de que todo actor de esos parques de atracciones debe de mantener el personaje en todo momento activo, como un robot.
—Pero las princesas del espectáculo también paseamos y hacemos fotos.
—A mí lo que me interesa es lo rápido que has conseguido un trabajo en España cuando sé por Fran, que no llevas ni tres días aquí. —Ironizó Ramiro.
—¿Avery?, su hermana, —empezó a narrar Stephanie—, ¿el marido? Tony escribe canciones y Avery le habla de mí.
—¡Ah, claro! —Fran cayó en algo—. Por eso extraditaron a Rocío tan rápido a los EE. UU. —Eso le aclaraba muchas cosas—. Por los contactos que tiene el cuñado de Avery.
—¿Quién has dicho que era? —se interesó Nerea con el móvil en la mano.
—Tony. —Stephanie fue escueta.
—¿Tony Aguilar, Tony Franco, Tony Iglesias, Tony Rosales? —preguntó Nerea.
—Franco es un mafioso y el Iglesias es un cantante, Tony Aguilar es empresario, que yo sepa, aparte de locutor de radio y retransmitir Eurovisión. —Ramiro parecía experto en música—. ¿Has nombrado a todos los Tony que conoces?
—Tony Rosales. —Respondió Stephanie.
—¿Acaso te molesta que un abogado laboralista tenga conocimiento de gente famosa, o qué? —Ramiro estaba ofendido.
—No te pega.
—No me conoces tanto como te crees.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.