Cómo era su coche particular, era Christopher quien conducía. Avery iba de copiloto, y Stephanie iba atrás, con Ivette, que empezaba a bostezar.
—¿Te gustó? —Se interesó Avery.
—What?
—Retiro park, do you like?
—It's a beautiful park. —Stephanie observaba el mobiliario urbano por la ventana del coche.
—¿Qué tal, pudiste arreglar lo que tienes que presentar en inmigración?
—No, ahora conozco a Ramiro, Borja y Cayetana.
—Bueno, al menos has conseguido conocer a gente fuera del círculo de tu primo. —Comentó Avery con positivismo.
Christopher dejó a Avery e Ivette en su casa para regresar a la suya, que ahora compartía con Stephanie.
—Cousin. —Era el momento de decirle lo de Frederick.
—Tell me.
—Did I tell you anything about the New Orleans family?
—No. —Respondió Christopher.
—After six years without any sign, my brother Frederick has sent a message saying that my father is sick.
—Do you want me to accompany you? —Se ofreció.
—¿Qué? ¡No! —Stephanie se enderezó en su asiento del coche—. I'm convinced they've found out my contract in Paris is up, —Stephanie estaba segura de la opinión de su padre—, and they think I'll return to New Orleans with them.
—I'm still offering to accompany you. —Christopher sugirió seguir con su plan—. I don't know the family. And aside from support, I can serve as your link to Madrid. —Sonrió, cómplice—. We'd speak in Spanish so they wouldn't understand us. Do you still feel the same way?
—It's sounds good.
—Puedo programar el viaje, si te sientes más cómoda con que lo haga un experto.
Stephanie rio, pero aún tenía cosas que hacer.
—Papeles de Español primero. Contrato con Cassidy también. I don't even know if they'll want to give me a voice test.
—Esas son buenas razones para que no te puedas quedar allí. —Entendió Christopher.
—¡No! Trabajo primero. —Corrigió Stephanie.
—Está bien, pero con lo que sea, me dices.
—O.K.
Llegaron a casa enseguida. El automóvil descansó en el garaje. Y se sentaron en el sofá un poco a ver la televisión.
—Stephanie, tengo un ático también, si te sientes más cómoda estando sola, te puedes quedar allí.
La chica se giró, algo ofendida.
—¡Excusa tonta!
—No es ninguna excusa, Stephanie. —¿Por qué nunca conseguía expresar en condiciones lo que quería decir?— Te tengo que dar una copia de las llaves y quisiera que también las tengas del apartamento.
—I don't understand you.
—No quiero que tengas el inconveniente que tuve yo desde el principio con Avery.
La cara de desconcierto de Stephanie era más que evidente.
—Te lo digo porque Fran parece un buen chico. Avery y sus amigas avalan con su amistad.
—¿Y ático qué?
—¡Ah, vale! —Christopher se dió cuenta de lo mal que se explicaba—. Si quieres tener tiempo de calidad con Fran, sin interrupciones ni incomodar a los demás, siéntete libre de usarlo cuando quieras. Con que me avises me basta, para que no te esperemos en balde.
Stephanie, más contrariada que otra cosa, no entendía por qué su primo le daba ahora esa premisa.
—No... —Stephanie intentó raspar la razón a su primo— ...no entiendo que ahora me dejes a solas con Fran.
La chica tenía los labios fruncidos y un rubor en las mejillas que no solo mostraba su inocencia de cara a lo que su primo esperaba de ella, sino una inteligencia afectiva más allá de toda duda. A Christopher le costó entenderla, pero cuando lo hizo, a él también se le subió la vergüenza.
—¡Perdona por no haberme explicado, Stephanie! —Christopher suspiró—. No te digo que lo hagas ya, ¿Vale? Solo qué te sientas libre de poder hacerlo cuando te sientas preparada con Fran. —Desvió la mirada para no mirarla a los ojos y tener que admitirlo—. A mí me ha pasado tantas veces con Avery, que he perdido la cuenta de cuantos intentos fallidos hemos tenido de intimar.
—¿Por mí?
Una carcajada fue más que una respuesta.
—Apenas llevas dos días en Madrid, ¿Me has entendido todo lo que te he dicho?
Stephanie se encogió de hombros y sonrió con confianza.
—Rapidez, quizás.
—Alta capacidad de aprendizaje, más bien. —Miró su reloj y vio que tan solo eran las nueve de la noche—. ¿Te apetece ver algo por streaming en español?
Feliz por la sugerencia, Stephanie exclamó:
—¿Algo que me sé?
—Vale.
Christopher buscó en la plataforma de la empresa para la que había trabajado Stephanie hasta ese mismo lunes. Y escogió la última película animada en dos dimensiones, justo la película de la princesa que ella había interpretado tantas y tantas veces.
Puso alguna pega a los chistes en inglés que se habían perdido por la traducción; preguntó por la voz de la luciérnaga que sale en la película, haciendo que su primo se lo preguntara a la asistenta domótica de la casa; pero, con diferencia, lo que más le gustó fue las expresiones del personaje matriarcal que practica vudú.
—¡Oh, el ruido es más divertido!
—Se llaman onomatopeyas.
—O.K. —Se corrigió—. Las onomatopeyas son más divertidas que los nombres.
—Hacen más gracia, tienes razón. —Comentó Christopher, risueño.
Se acabaron la película y se fueron a dormir, al día siguiente tenían que madrugar.
Christopher soñó con el castillo de un reino donde él mandaba junto a su inteligente y brillante reina pelirroja y su perspicaz hija Ivette, la princesa mestiza de rizos de chocolate.
Stephanie soñó con Fran, de pequeño, paseando de su mano por las calles de Nueva Orleans como si fueran ya pareja con esa edad. En el que un joven Frederick intentaba evitar que un hombre muy mayor y vestido de sacerdote anglicano les intentaba separar.
Ella se despertó de la pesadilla que había empezado siendo un sueño. Y si era premonitorio, quien iba a intentar atarla de nuevo al futuro que desechó no sería Frederick, ni siquiera su padre porque no aparecía, era el abuelo. Y esa persona no debía saber de Christopher o también le intentaría atar de nuevo a la familia.