El lunes por la mañana, Stephanie se despertó con un ruido en el pasillo. Miró la hora en el móvil y eran las 8 de la mañana.
Supuso que Christopher salió hacia su trabajo. Y se preguntó por el trabajo de su primo.
Cuando se levantó de la cama y fue al salón, la sirvienta estaba pasando la aspiradora.
—¿Es usted la prima?
—¿Prima? —Stephanie se enderezó, no recordaba a esa empleada de su primo—. Stephanie Osborne.
—Vale, me da igual. —La mujer se subió los auriculares que llevaba colgados al cuello y prosiguió con su faena.
Stephanie se encogió de hombros y se dirigió a la cocina.
Se preparó un bol de cereales de chocolate que descubrió al fondo de la balda de la despensa.
Encontró dos cajas grandes; una con tamarindo africano y otra con dátiles turcos. Cogió un pequeño paquete de cada uno y lo puso delante de ella al desayunar.
Cuando terminó, tomó los dos paquetes y los llevó a la habitación para guardarlos en su bolso, con la excusa de probar los aperitivos que le gustan a su primo.
Se vistió con un pantalón rojo ceñido de tejido denim y una camisa de patrones de póquer a juego con los pantalones. La cazadora que le regalaron de despedida sus compañeras y unos botines negros remataron el conjunto.
Lo primero que hizo fue acudir a la oficina de inmigración para pedir cita. Hizo lo mismo en el ayuntamiento y posteriormente llamó a Cassidy.
—¡Hola, Cassidy!
—Buenos días, Stephanie. ¿Te viene bien pasarte ahora por la discográfica?
—¿Dónde es?
—Busca en internet Gracefields Records. Son las oficinas principales.
—¿Eso dónde está?
—En la Gran Vía, Stephanie, no tiene pérdida.
—¡O.K.!
En treinta minutos, Stephanie estaba rodeando el edificio buscando la entrada. Tardó diez minutos de reloj en recorrer el diámetro del edificio. Cassidy salió para buscarla.
—Ya sé que la puerta es difícil de encontrar. Perdona, Stephanie, te debería haber avisado.
—Sin preocupaciones, Cassidy.
Las chicas entraron en el edificio y llegaron hasta las oficinas.
—En Gracefields Records queremos que te sientas cómoda y para empezar con buen pie, te vamos a grabar unas pruebas de audio y te iremos acercando a lo que vaya más con tu voz.
—Bien.
Cassidy llevó a Stephanie al estudio de grabación, donde Tony Rosales estaba trabajando con un veterano cantante que acababa de disolver el grupo que formaba.
—Ese cantante no me suena. —Comentó Stephanie en voz alta.
—¿Te puedo decir una cosa? Sin quejas, eh.
—¡Por supuesto!
—¡Qué bien hablas español para llevar en España desde el viernes!
—¿Gracias?
—Es en serio, quitando el acento inglés afrancesado que tienes, tu léxico es muy extenso.
—¿Qué dijo tu hermana? —se dió un golpecito reiterado en la barbilla con el índice—. ¡Esponja!
Cassidy rio.
—Bastante acertada, he de decir.
Una sonrisa de ilusión llenó la cara de Stephanie.
Cuando el recién estrenado solista acabó la canción, Tony reparó en que su mujer estaba con la nueva revelación de la discográfica. Le indicó un gesto al hombre para que esperara y salió del estudio para saludar.
—Stephanie, no habíamos quedado, ¿Verdad?
—He concertado citas en extranjería y ayuntamiento. ¡Trabajo también!
—Pues yo ya la llevaba al estudio de pruebas. —Comentó Cassidy.
—Habla con Enid y que busque una pista de pruebas. Yo acabo de grabar el single con Mario y voy. —Indicó Tony a Cassidy.
Tuvieron que recorrer tres salas de grabación hasta que encontraron a Enid.
Con el pelo azabache y la piel blanca, la chica no aparentaba tener más edad que Stephanie. Enid marcaba un flequillo como Audrey Hepburn, pero su aspecto pasota exageraba su estilo gótico limpio.
—Enid, ¿le puedes preparar una pista de prueba a Stephanie? —Pidió Cassidy.
Enid miró a Stephanie de pies a cabeza, juzgándola.
—¿pop, rock, Soul?
Stephanie cantó la canción de cierre de la película que tanto conocía: Never Knew I Needed.
—Qué facilidad muestras. —puntualizó Cassidy.
—Soul, mola. —Comentó Enid mientras buscaba un repertorio de muestras acorde con el tipo de música.
—Princesas Disney. —Corrigió Stephanie.
Enid se paró en seco. Cassidy no salía de su asombro.
—¿Estás de coña? —Enid estaba noqueada.
—Siempre he cantado canciones de películas. —No le dio ninguna vergüenza admitirlo.
—¿Tienes algo parecido?
Enid se encogió de hombros y se puso a buscar como loca en la base de datos.
—No tenemos nada parecido porque sería pleito, creo.
Entonces Stephanie se puso a entonar la canción "Solamente Tú" que bailó con Fran el viernes.
—¿Esa canción sí te la sabes? —Cassidy sonrió ampliamente.
—¿Baladas pop en español? —Adivinó Enid—. Con eso sí puedo trabajar.
—Si puedo opinar, creo que le iría bien algo un poco menos hablado y más entonado.
—Sí, vale. —Contestó Enid de mala gana.
Cassidy se fue, dejando a Stephanie con la técnica de sonido.
Enid se sentó ante la mesa de mezclas, mientras Stephanie entraba en el estudio insonorizado de grabación para colocarse frente al micrófono los auriculares.
—¿Stephanie? —Escuchó en las orejeras.
Levantó el pulgar, para que Enid la viera.
—Te voy a ir poniendo canciones y la que conozcas, me alzas la mano y la probamos. Si no la conoces, haces un movimiento indicando que quieres que vaya a la siguiente. ¿De acuerdo?
Tras la aceptación de Stephanie, Enid pulsó el botón de reproducción.
La primera no la conocía, la segunda le extrañó. Con la tercera intentó cantar un poco, pero su gesto de disgusto era mayor. Canción a canción, Stephanie fue pasando todas las que había escogido Enid.
Tony llegó y con Enid al lado, señaló una canción de 2005 de Shakira en la lista de reproducción.
—Esta.
Stephanie empezó a escuchar la canción y la conocía; entonó "las de la intuición" y el orgullo floreció en Tony y Enid.