Contradicción

Veinticinco: ¿Qué has hecho hoy?

Cuando llegaron a casa, nada más abrir la puerta, Fran recibió una llamada.
—Hola, guapo. —Oyó a Stephanie.
—¡Fani! —contestó al reconocerla.
—Quería oír tu voz.
Fran rió con timidez. Algo que le resultó obvio a Ramiro para poner los ojos en blanco.
—Me voy a dormir, que mañana hay que ir temprano a la oficina. —Ramiro se acercó a Fran y alzó la voz para que Stephanie lo oyera desde el otro lado—. ¡Buenas noches, Stefran!
Fran le inquirió una mirada asesina.
—¡Buenas noches, Ramiro! —Contestó Stephanie desde el teléfono.
—Buenas noches, Ramiro. —Comunicó Fran con fastidio como exigencia.
Ramiro se dirigió a su habitación y entró de espaldas sacándole la lengua a Fran para, a continuación, cerrar la puerta.
—No me esperaba escuchar tu voz hoy, Fani.
—Te, —se le entendía dudar al otro lado de la llamada—, te estimo.
—Qué palabra tan anticuada. —Fran se arrepintió enseguida de haber dicho eso y lo corrigió de manera elegante—. Yo también te echo de menos.
—Echar de menos, vale, lo escribo un momento.
Fran no pudo evitar esbozar una sonrisa al imaginarse a Stephanie apuntando en alguna hoja la expresión.
—¿Qué has hecho hoy?
—He ensayado un poco en el estudio y en casa he escuchado música.
—Te oigo más suelta en español, ¿Se debe a eso?
—¿Debe? —Se notó que Stephanie aún estaba un poco escasa en el léxico—. ¿Como motivo?
—Vale, ¿Te cuesta menos hablar español porque has escuchado canciones?
—He escuchado a Rocío Jurado. —Stephanie soltó la primera que le vino a la mente.
Fran se sorprendió del nombre.
—Esa voz es difícil de replicar, ni siquiera Patricia Allende Lara se atrevió a cantar algo de "la más grande". —Fran nombró a su prima, de la que pocos sabían el vínculo—. ¿Y has empezado con copla?
—¿Qué es copla?
—Un género musical, prácticamente español.
—¿De verdad? —Stephanie parecía ilusionada con la idea—. ¡Me gusta!
Fran se alegró por la idea, pero su risa apenas se postergó.
—¿He dicho algo gracioso? —Curioseó Stephanie.
—Me gusta escuchar tu voz. —Se sinceró, extrañado por su espontánea voluntad—. Aunque la tecnología no le hace justicia.
¿Por qué había dicho esa estupidez?
—Yo también prefiero escuchar tu voz, si estás a mi lado. —Stephanie le había entendido—. ¿Qué nombre has dicho?
Que Stephanie le entendiera le había pillado de sorpresa y él ya no se acordaba ni de sus propias palabras.
—¿Qué nombre dices?
—¿Quién no se atreve a "copiar" a la más grande?
Pillado en su propio gazapo, Fran rió.
—¡Ah, cierto, mi prima! —Se le escapó.
—¿Patricia Llendelara?
—¡Perdón, olvidado! —Fran se arrepintió inmediatamente y Stephanie lo oyó.
—¿Por qué? —preguntó.
—No me avergüenzo de mi prima, pero no quiero parecer un interesado.
Stephanie suspiró al otro lado del teléfono, y como si supiera la situación, lo cuestionó.
—¿Hace mucho tiempo?
—¿Perdón?
Una idea cruzó por la mente de Stephanie y la sugirió.
—¡Quiero conocer a tu familia!
—Ya conoces a Nerea.
—¡Más! —Pidió.
—Te puedo hablar de ellos por ahora, y lo de verlos en persona, lo vamos viendo poco a poco.
—Tú conoces a Christopher Evan. —Se quejó.
—¡Y tú a Nerea! —Respondió él, divertido.
—Yo me fui de mi casa, en New Orleans, porque mi padre quería que yo fuera el chorus. No hay más que hablar.
—¿Y si vieran que tu nueva vida en Madrid es estable?
Fran manejaba tantas posibilidades en su mente, de las cuales, muchas alejaban a Stephanie de él; que ya no sabía ni lo que decía.
—¿Vida estable?
—Quiero que no te vayas a Nueva Orleans. —Se expuso.
—Y no me voy.
—Pero te querrás despedir de tu padre, ¿Verdad?
Stephanie tardó en contestar, Fran creyó que la chica lo estaba considerando. Y, sin embargo, su respuesta le descuadró.
—No lo haré, si no venís conmigo Christopher y tú.
¿Qué pintaba él en Nueva Orleans? ¿Y el asunto era tan importante que requería a su primo?
—Sabes que mi trabajo me exige estar en España.
Stephanie suspiró levemente al otro lado del teléfono.
—Mi padre tiene problemas con mucha carne, con alcohol y con mandar a los demás. —Volvía a expresarse con su sello personal.
—Eso no le excluye de que sea tu padre. —Razonó Fran, mientras se le pinzaba el corazón al entonarlo en alto.
—No —Admitió.
Fran se mordió el labio, no quería que ella se fuera, ¿Y si no volvía?
—¿Irá Christopher Evan Osborne contigo? Quizás así vuelvas —Se expuso, pero le dió igual.
Stephanie lo sintió desde el otro lado. Sus sentimientos la desbordaban y supo a quién pertenece su corazón, desde el principio.
—No iré, quiero estar contigo, en Madrid.
—Yo quiero que te quedes, te quiero conmigo, —Suspiró—, pero el deber de una hija, en esas circunstancias, es preocuparse.
—¿Deber, has dicho? —Stephanie quería expresar con claridad su punto de vista—. El deber de un padre es animar a su hija y que sus sueños sean verdad.
—¿Por eso querías que también fuera tu primo?
My intuition tells me that all of this is a lie and that it's orchestrated by my grandfather to get me to come home. But if Christopher comes with me, he's in danger of being convinced to stay in New Orleans too.
—¿Qué dices de tu primo?
Tras una pausa, se le oyó teclear, y su voz se oía hueca y algo lejana.
—Mi intuición me dice que todo esto es mentira y que mi abuelo lo ha hecho para que vuelva a casa. Pero si Christopher viene conmigo, corre el riesgo de que lo convenzan de quedarse también en Nueva Orleans.
—¿Pusiste el altavoz? —Fran sonrió, pues Stephanie seguía siendo la misma—. ¿Estás más segura del comportamiento de tu abuelo, que del de tu primo?
Stephanie exclamó en silencio y se la oyó reír, con más sorpresa que diversión.
—Sí. Hace dos semanas, yo no sabía que tenía un primo.
Un tono entre resignación y conformación en la voz de Stephanie le provocó ternura en Fran.




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