Contradicción

Veintinueve: ¿Eres tú?

A las seis de la tarde, cuando Fran y los demás salieron del bufete, el chico volvió a mirar su móvil y a revisar ese extraño mensaje.
"¿Francisco Gómez Lara?"
Un número desconocido, o que al menos no le tenía como contacto, le había mandado un mensaje preguntando su nombre.
Recibió una palmada en la espalda que le asustó.
—¿Qué miras con tanta intriga, Fran? —Preguntó Ramiro asomándose desde el hombro izquierdo.
Fran se lo enseñó. Aunque también le extrañaba volver a ver a su amigo junto a él.
—Ley de protección de datos. Demanda a ese número.
—¿Qué? Eso es agresivo, Ramiro.
El otro se encogió de hombros y se puso a su altura.
—¿Quién va a mandarte un mensaje así, si no es alguien que te pida tus datos? —Opinó Ramiro.
—¿Con mi nombre y mis dos apellidos? —Fran volvió a mirar—. Ni siquiera el banco usa los dos. —Razonó—. Debe ser alguien que me conozca.
—Si te conociera, te llamaría Fran, y no Francisco, ¿No crees?
—Usando los dos apellidos, es alguien que está siendo cortés, no creo que escribiera mi nombre así. —Fran bajó las manos y se giró hacia su amigo—. ¿Tú no tenías una cita?
Esa pregunta sorprendió a Ramiro.
—¿Yo, por qué tendría una cita?
—Puede que me haya precipitado, —Fran miró hacia delante mientras caminaba—, pero tus cambios de actitud suelen ir ligados a una mujer.
Ramiro miró su móvil, sonrió, y lo volvió a guardar.
—¿Qué tendrá que ver?
—Me estás diciendo que ese mensaje que te chutó energía hace un momento era de una mujer y que no tienes una cita con ella. ¿Me tomas el pelo, moreno?
Hacía mucho tiempo que Fran no le llamaba así. Una carcajada grave salió por la garganta de Ramiro.
—Es de una amiga. —Ramiro le mostró el mensaje llegando al portal—. Mira, es solo una amiga.
—"Capullo, cuento contigo para que mi hermano se porte bien." —Fran leyó y parpadeó con sorpresa—. ¿Nerea?
—Te lo he dicho, una amiga. —Ramiro ingresó el primero.
—Por una amiga, tú no actúas así. —Fran le siguió.
—Por esta amiga sí. —Ramiro no quería girarse a que Fran le mirara a la cara.
—¡Tanto tiempo siendo el objetivo, y ahora pasaste a ser penitente!
—¡Joder, Fran, no me compares con un beato! —Pero Ramiro seguía sin girarse.
—Es un tema más ameno que el de mi conocido que no sé quién es. —Fran rió entre dientes.
—Pues llama a tu hermana y le comentas lo de tu acosador, ya verás como se ríe. —Ironizó Ramiro mientras abría la puerta.
—Se pondría de los nervios; quita, quita.
—Oye, ella dijo que yo era el causante. ¿Por qué iba a ser así también contigo? —por fin se dignó a girar hacia su amigo—. ¿Acaso no crees que te pueda dar una visión más general de la situación?
—No quiero preocuparla.
—¿Ahora eres tú quien se pone en lo peor? —Cuestionó Ramiro desde su puerta—. Cuéntale como me lo has contado a mí. La otra opción sería preguntarle a esa persona directamente de qué te conoce.
—Voy a posponerlo un poquito, porque tengo pendiente una videollamada con Stephanie. —Fran miró su móvil y sonrió—. Luego ya veré lo que hago.
Tras cerrar la puerta, se puso cómodo en pijama y quiso ojear la cartelera de streaming para apuntarse dos o tres películas.
Enchufó el cargador y conectó el móvil, se había comprado una peana para sujetar el teléfono mientras hablaba con Stephanie con las manos libres.
Ya eran las ocho de la tarde y no podía esperar a hablar con la chica que quería. Porque sí, ya había admitido que la quería, aunque le hubiera costado horrores decirlo y seguramente ella no lo escuchó; pero lo había hecho y aún tenía que asimilar que sus ideas no eran tan férreas como él pensaba.
Cuando se armó de valor y estaba a punto de llamar a su novia, con el dedo en la lista de contactos, un aviso de 'nuevo mensaje' asomó en lo alto de la pantalla:
"¿Qué tal está la abuela?"
Parpadeó, incrédulo. ¿Se refería a Águeda?
Buscó el mensaje, era el mismo teléfono de esa persona que sabía su nombre y apellidos. ¿Quién podía ser?
Y un comentario sin malicia, menos de veinticuatro horas antes, le trajo un recuerdo a la memoria que le hizo buscar un contacto en la agenda del teléfono.
—Prima Patricia, prima Patricia...
Deslizaba el dedo buscando por la letra P, solo había una Patricia "Ayuntamiento" y sabía que esa no era. Buscó por "prima" y no tenía ni primas ni primos en la agenda.
Pensó que se había dedicado durante demasiado tiempo al trabajo, tanto que había descuidado a la familia. Lo cierto es que apenas iba a ver a sus padres cada dos meses y veía a Nerea con más frecuencia porque era ella quien se movía para quedar.
Tras divagar, cayó en la conclusión de que probablemente sería su prima y le contestó con otro mensaje.
"Patricia, ¿eres tú?"
Inmediatamente, recibió un mensaje de respuesta.
"Cuanto tiempo sin hablar contigo, Kiko"
Una paz interior le inundó al leer el hipocorístico con el que solo le llamaban sus primas.
"Creo saber la respuesta, pero por si acaso, te preguntaré por cómo te has acordado de mí, justo hoy, Paty"
"Alguien con quien voy a colaborar te conoce, primito"
Una carcajada bastante estrepitosa inundó la habitación. En menos de diez segundos, Ramiro irrumpió, abriendo la puerta.
—¿Fran, estás bien?
Estaba tirado sobre la alfombra, con la espalda en el suelo y las piernas flexionadas al pie de la cama. Al parecer, el ataque de risa le había hecho caerse de espaldas.
—¡Era mi prima, Ramiro, mi prima! —Seguía riendo.
—¿Y eso te hace gracia?
—¿No lo entiendes? —Fran se intentó sentar, al menos en el suelo—. Ha tenido que aparecer Stephanie en mi vida para que pueda volver a contactar con mi prima con la que no hablo desde hace casi diez años.




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